Con la Korrika (latinismo, de currere), ha venido de nuevo la polémica, y, lo que es más, con la Korrika ha venido de nuevo ETA. En la desvergüenza, la provocación y la crueldad de unas carátulas de etarras (asesinos de Caballero y Casanova) portadas por niños atravesando Pamplona, y sobre todo portadas por la organización de la carrera, que repite la hazaña, año tras año, de una manera u otra. La responsabilidad la tienen también los partidos socios de BILDU, herederos de ETA, comenzando por el más responsable de todos, el PSN, que ostenta el Gobierno de Navarra gracias a BILDU y le ha regalado a este el ayuntamiento de Pamplona, acompañado, como siempre, por Geroa Bai y Contigo-Zurekin. Todos ellos subvencionan la Korrika bajo la trampa de considerarla fenómeno meramente cultural, y se niegan a rechazar esa subvención con la jaculatoria laicista de pedir una reflexión (sic) a los herederos de la banda terrorista.
Lo que consolida, desde Navarra también, esa media España que Pedro Sánchez quiere que cada día se entrene y luche contra la otra media, que es, en su intención y exasperación, la del PP, VOX, UPN y todo lo que no sea sanchismo, confederalismo, separatismo y ganas de seguir en la Moncloa, en la desConstitución y en cualquier política desconstituyente.
Lo que anima al mismo tiempo, y mucho, a los que figuran y configuran, de varias maneras, esa otra media España que quieren la formemos igualmente todos los que nos oponemos al sanchismo, aunque no hayamos olvidado y sigamos cultivando la Transición, la Constitución, la Unión Europa, es decir todo aquello que nos ha hecho españoles modernos, demócratas y europeos. Y ahí tenemos al bueno de Mayor Oreja, a quien tengo el máximo respeto y admiración por su ejecutoria política tanto en el País Vasco como en el Gobierno de España en los años de plomo, que acaba de venir a Navarra a pedir la unión de UPN, VOX y PP -o, al menos, eso parece por la entrevista concedida a DN– en las próximas elecciones a Cortes o, quién sabe, si también más allá. Para él, todo se reduce a: o con Sánchez y ETA o contra Sánchez y ETA. Y de ahí no se pasa.
Y hay que pasar. Porque, si es un disparate de primera magnitud dividir el mundo en derecha e izquierda, también lo es dividir España en ETA o contra ETA, en Sánchez y contra Sánchez, o en el binomio arriba mencionado, sin más distingos ni matices, es decir realidades. Los principios, los valores, los bienes, las virtudes… por los que vivimos y morimos, están muy repartidos, y no se puede jugar con ellos. La guerra, acaba de decir alguien a Trump, no es un in vídeojuego. La política, cualquiera que sea, tampoco.