Frente a todas las promesas anteriores del candidato a presidente del Gobierno de poner fin a la sedición de los independentistas catalanes -detención de Puigdemont, ley contra los referéndums, etc.-, acabó pactando con ERC una mesa de negociación y una comisión bilateral de los dos Gobiernos para hablar de todo y sin cortapisa alguna, llevando después las conclusiones de tales diálogos, si las hubiera, a una consulta de los ciudadanos catalanes, volviendo así a la anterior mesa de Pedralbes, suspendida ante el clamor de rechazo de su propio partido, aunque esta vez sin el denostado relator internacional. (Pero acabo de leer que el valido Torra quiere apropiarse de la iniciativa de ERC, presidir la mesa por parte catalana, exigir la presencia del relator y pedir lo imposible para reventar el invento).
Para justificar de nuevo tal mesa y tal comisión, Pedro Sánchez aludió en sus discursos de investidura a las comisiones bilaterales instituidas entre el ejecutivo central y los autonómicos solo para resolver cuestiones competenciales o de interés común de ambos, y hasta citó no sé qué comisión existente en el Estatuto de Extremadura entre esta Comunidad Autónoma y su vecino Portugal. No. La «mesa de diálogo o de gobiernos», otorgada por Sánchez a ERC, se parece más a una conferencia intergubernamental entre Gobiernos de diferentes Estados, que es lo que busca desde hace años el independetismo catalán. Mesa inconstitucional por excluir de la misma a la mayoría de los catalanes que no son independentistas; por excluir a la institución propia para esos menesteres, que es el Parlamento catalán, y por oponerse de bruces a la doctrina y resoluciones del Tribunal Constitucional sobre una bilateralidad entendida en términos de igualdad entre ambos Gobiernos, cuando el Gobierno de la Nación tiene la primacía como representante y garante del interés general de toda España.
Pero el reciente lema del sanchismo de evitar la judicialización de las discrepancias produce estos efectos deletéreos: una falsa democracia y una política de puro poder, sin derecho, sin ley y hasta… sin sentido común.