Cólico Miserere

                     

 

                         Yo también me he librado -casi todos se libran, hoy día- de un cólico Miserere, llamado en tiempos así porque al cólico le seguía como remedio inmediato el Miserere (Salmo 50), que se cantaba en el funeral.
No tuve esos síntomas de los que hablan los libros: un dolor intenso y vómitos asociados a una oclusión intestinal, peritonitis o apendicitis, vólvulos, o hernia estrangulada.
Según una curiosa teoría, el  término griego eiléos (cólico iliaco) se transcribió al árabe como aaylawus y como aylawusn, que sonaba en griego como eleyson (apiádate, ten misericordia), y traducido al árabe por allahumma rham-m (Señor, ten piedad). Pero tal vez bastaba, fuera de cualquier teoría, asociar el doloroso cólico con el inmediato funeral posterior.
Recuerdo bien, como monaguillo desde los seis años, en los años cuarenta, aquellos viáticos, en los que participaba casi todo el pueblo, muchos con hachas encendidas, y sobre todo de noche. Los varios curas del pueblo iban cantando el Miserere, primera palabra del Salmo 50 en latín, segunda persona del imperativo del verbo deponente misereor (tener misericordia, apiadarse de). Nos decían después las indulgencias que ganábamos los que asistíamos al viático. Viático de suyo significa comida para el viaje y era el rito de llevar, entonces solemnemente, al Señor (la comunión) a las casas de los enfermos graves. ¡Aquella oscuridad, aquellas luces, aquel silencio, aquel Miserere lúgubre, aquellas estrechas habitaciones, aquellas caras de moribundos…, lo tengo en la retina para siempre.
¡Aquel cólico Miserere !

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