Cervantes y Shakespeare

 

          Se ha escrito muchas veces que lo que Homero fue para Grecia, fue Shakespeare para el Reino Unido, Tolstoi  para Rusia, Goethe para Alemania, Dante para Italia, Cervantes para España, o Walt Whitman para los Estados Unidos de América: sus genios representativos, sus iconos simbólicos, las voces singulares de su singular carácter nacional. Pero al mismo tiempo, muchos autores han rectificado un tanto la anterior afirmación, al subrayar que esos genios, siguiendo a la Biblia, el Libro de los Libros, representan con sus escritos a la humanidad entera y describen, narran, examinan, analizan, cantan, ensalzan, critican, denigran… el alma humana, capaz de las conquistas más admirables y de las más abominables miserias. Así Shakespeare, con sus Hamlet, Macbeth, Yago, Coriolano, Ricardo III… Así Cervantes, con sus novelas ejemplares y especialmente con El Quijote, epopeya caballeresca y a la vez cotidiana de la libertad, la igualdad y la fraternidad cristiana -más o menos erasmista o tridentina, disputen los autores… -, sobre el duro suelo de Castilla o sobre el reino más o menos placentero de Aragón. Y, si todos recuerdan el célebre canto a la libertad, que estaba lejos de reinar en la España de su tiempo: La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos…, los mismos debieran no olvidar  el canto al amor, que va mucho más allá de los sentimientos de Altisidora y del mismo caballero andante y enamorado: El amor ni mira ni guarda términos de razón en sus discursos, y tiene la misma condición que la muerte, que así acomete los altos alcázares de los reyes como las humildes chozas de los pastores…