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Despedida del otoño

 

         Fuimos buscando el otoño desde los últimos días de octubre y primeros de noviembre. Y nada. Por el Baztán. Por Urbasa. Por el Abodi. Por Quinto Real. Por Urkiaga.  Nada. El verano proseguía, unilateral y máximo. Ni llovía, ni hacía frío como para acabar con la clorofila, ni el viento era demasiado recio para arrancar las hojas de los árboles.

Solo al final de noviembre llegó un poco de frío y una poco de lluvia y el otoño se dejó ver. Una tarde, fuimos de Egozkue a Iragi, pasando por el Alto del primer pueblo y vimos por fin la escala de colores por la que pasa el hayedo, cuando comienza, continúa y termina su otoñada, que tantos años hemos visto en sus más extensos dominios del norte de Navarra. Hasta que, una tarde, paseando por los alrededores de Pamplona, reparamos en que el otoño más variopinto lo tenemos cerca de nosotros: en el Parque de Barañain, en los arboretos de la UPNA y de la Universidad de Navarra, en el Parque del Mundo, en el Paseo Fluvial del Arga, en el Parque de Berriozar, en el Parque de la Vaguada, en los glacis de la Vuelta del Castillo…

Desde mi misma ventana septentrional, y entre los pasillos por donde voy y vengo, más aca de los sempervirentes pinos, abetos y cedros, y de los almeces que disimulan su caducidad, veo el intenso otoño amarillo de los tilos y de los carpes, de la familia betulácea pero con hojas parecidas a las de los olmos, junto al verdi-amarillo desvaído de los fresnos; y, junto a los gigantescos, verdialbinos, álamos, sostenedores de nidos de picazas, el ocre-dorado otoño de sus pares, gigantescos plátanos, también habitat preferido de las monjas, que en sus ramas más otoñadas compiten con el color carne oscura  de los castaños de Indias que los contornean, propicios para las piernas cansadas. Al otro lado de la carretera, para que el contraste sea mayor, los tradicionales árboles que ornamentan nuestros fríos bloques modernos: los tejos recortados e impávidos con sus verdes imperturbables; los  ciruelos japoneses o pisardis, en su variedad atropurpúrea; las magnolias grandifloras, de verdes lustrosos, y unos jóvenes cerezos, con su última sonrisa sonrosada.

Teníamos el otoño tan cerca, y lo fuimos a buscar.

Inmaculada Concepción

 

Inmaculada Concepción de María

     Potuit, decuit, ergo fecit

(Johannes Duns Scotus, 1266-1308))

 

        Pudo y era lo mejor…,
luego lo hizo.

Eminens

Evidens

Solo asi se satisfizo.

 

 

 

 

A pesar de los penaltis…

 

      A pesar de los penaltis, que nos deslucieron la fiesta de la Constitución, seguiremos tan constituidos como antes.

No le quito importancia al fracaso. Veníamos de comprar mazapanes en Soto en Cameros. En la plaza de Juan Esteban Elías, el indiano generoso que financió el gran edificio de las escuelas (1822), y en tormo a su estatua, aún permanecían cerradas las barracas de la pasada y primera Feria del mazapán. La primera parte del partido la vimos en el Casino, pintado y adornado a la manera cubana. Solo nosotros nos movíamos por el pueblo solo. Apenas el río Leza llevaba agua  para que se le notata el paso bajo el puente gtrande. La segunda parte, retransmitida en Onda Cero  por un crack tan patriota como nosotros, era tan agobiaora, que apenas la niebla baja invadiendo todo el Cañón de Río Leza podía sosegarnos y tranqulizarnos. Y asi hasta llegar a casa, y oír, después de mucho rato, que habíamos sido expulsados por los penaltis del estadio del maldito Mundial de Qatar. Mi dilecto y sereno José Sámano me serenó pronto. ¿De verdad, también los futbolistas españoles tenían miedo, como Sánchez, de no ganar? A otro perro con ese hueso…

No le quito importancia al fracaso. Sé que para muchísimos la decepción,  el enfado, la rabia, la crítica acerba contra el el entrenador y contra algunos o todos los jugadores redundará en una baja estima, en una disminución del patriotismo y de amor al país, que es malo, malísimo para todos. Así somos. Así venimos. Así hemos sido educados.

Pero eso se pasará pronto. Cambiará o no el entrenador, casi siempre el chivo expiatorio nacional. Se rehará, madurará la Selección nacional ¡Que roja ni qué niño muerto! Volverá la Liga y se llevará las últimas maldiciones.

Y ni los penaltis tirados, para más inri, por marroquíes, el día de la Constitución, ni la última treta de Sánchez, la rebaja de la malversación para contentar a sus sostenedores y malversadores de la patria, podrán deconstituirnos.

La (ley) que nos constituye

 

     La Constitución española de 1978: la (ley suprema) que nos constituye como sociedad viva y democrática.

La que nos dice lo que somos como sociedad, lo que queremos ser y cómo queremos serlo, ciudadanos con derechos y deberes.

 El eje de nuestro Estado democrático de Derecho, Estado liberal y social a un tiempo, marco organizativo y protector de nuestra Nación.

Sin la raíz ST de nuestro Est-ado, de nuestra Const-itución, no est-aríamos, no est-aríamos de pie, no seríamos est-ables, no tendriamos consi-stencia, no estaríamos con-stituidos.

Por eso los que no quieren  nuestra consistencia, luchan contra nuestra Constitución, quieren debilitarla, fragmentarla, desprestigiarla, de-stituirla, su-stituirla  o de-struírla.

¡Larga vida a la Constitución que nos constituye!

 

 

 

Lo que nos aguarda

 

               Cada día más veremos entre nosotros, los navarros, que se nos filtran, se nos señalan o se nos envían relatos de encuentros de ex etarras, ex batasuneros o simplemente cercanos a BILDU y a la antigua HB con personajillos, nunca relevantes, de la vida política navarra, mayormente del área progresista comunista o socialista, siempre en minoría, hablando de todo y de nada, de la vida mayormente, y sobre todo de lo bueno y bonito que es hablar entre diferentes, sin que aparezca  nunca cuál es la verdadera diferencia entre unos y otros, ni el verdadero fin del encuentro, de la trampa, o como se llame el experimento.

Porque de lo que ya conocemos se desprende que los personajillos de este lado -¡nadie piense en la Constitución, España o el navarrismo, palabrotas indecibles!-, que no han estado en el otro, son víctimas claras del síndrome de Estocolmo (en falsa representación de las verdaderas víctimas), que aparecen aludiendo vergonzosamente a su burguesa y equivocada vida pasada y a su saludablde conversión al diálogo, al pluralismo, al nuevo progresismo social, feminista y verde (autodetermisista también y sobre todo, aunque esto no se diga jamás).

Y, por otra parte, los interlocutores mayoritarios del otro lado, todos de la misma marca, aunque con distintos colores, no tienen remordimiento alguno. Ellos hablan de un mundo lejano, comenzando por la guerra civil, cuando no desde 1512, siempre mal contados, y de un mundo de injusticias provocado siempre por el Estado español, en el que no existió ETA, o, si exisitió, fue solo la fase necesaria para responder a la injusticia global.

Y todo para ir preparando la atmósfera, el ambiente cálido, el caldo de cultivo de la nueva etapa capital del régimen pluralista y progresista del futuro pentapartido gobernante en Navarra y tal vez de Euskadi, por el que acaban de hacer votos en sede parlamentaria, con una insólita proposición no de ley, PSN, BILDU, PODEMOS, Geroa Bai e IU.

A no ser que las próximas elecciones hagan imposible el contubernio.

¿Una celebración?

 

          Tarde fría y lluviosa (ya era hora) de diciembre. Como vengo haciéndolo casi todos los años, he ido a Javier, a la acción de gracias (misa, eucaristía) vespertina, en la fiesta de la muerte del santo. La capilla del castillo estaba casi llena. El jesuita, mayor, que ha presidido la celebración no parecía celebrar nada. Con una voz baja ha musitado o leído las oraciones,  y ha leído, que no dicho una extensa homilía. Dos adolescentes han leído, no proclamado, muy mal las lecturas y un seglar adulto las peticiones. Ni una canción, ni una música.

Dios mío, ¿es esto una celebración? ¿es esto una acción de gracias? ¿es esto una fiesta? Más me ha parecido un ejercicio piadoso. Una novena. O un largo responso.

 

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

(Cuaderno de bitácora, 6 diciembre 2020)

https://www.vmarbeloa.es/segundo-domingo-de-adviento-5/

Los inmigrantes comienzan a liderar la Iglesia

 

          Pocas maneras de celebrar la fiesta del gran misionero navarro que celebrar al mismo tiempo la presencia, cada día mayor, de inmigrantes en nuestra Iglesia de España, incluso en los puestos de mando, es decir, de servicio- ¿Qué mejor respuesta, a cinco siglos de distancia, a lo que él hizo y dijo en la India, en el Japón, en Indonesia, en Malaca?

La  sociedad española y su Iglesia se nutren cada día más con la aportación cultural, espiritual y existencial de los que un día emigraron de sus países nativos. Muchos de ellos ocupan hoy puestos de decisión y enriquecen la catolicidad desde la pluralidad.

Como la venezolana Aniuska Coromoto Aponte Vargas, desde 2013 superiora general de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada, con sede en Valencia, y vocal desde el pasado mayo del Consejo general de la CONFER (Confederación española de religiosas y religiosos).

Como la congoleña y durante 30 años misionera en Venezuela, Alphonsine Kitumua, desde 2015 superiora general de las Misioneras de Cristo Jesús, con sede en Madrid.

Como Jennifer Gómez Torres, colombiana de 37 años, quien, después de sus estudios en Alemania, llegó en 2015 a Madrid y hoy es la responsable de las Migraciones de la CONFER, mientras completa su formación en la Universidad jesuítica de Comillas.

Como el sacerdote venezolano Jesús Andrés Pérez, que colabora en la Pastoral Social y de Migraciones de Madrid, mientras se prepara con otros paisans suyos para fundar en Caracas el Instituto Teológico, embrión de una futura Universidad católica.

Com la religiosa mexicana Lleticia Gutiérrez, durante muchos años secretaria ejecutiva de la Dimensión de la Movilidad Humana del Episcopado mexicano, y desde 2018 delegada de  Migraciones de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, con una fuerte influencia en toda la sociedad civil y municipal de la ciudad y de la provincia durante todo el año.

Como la argentina Laura Moreno, laica de la Institución Teresiana, responsable en su país de la Delegación de la Juventud de la Conferencia Episcopal, que lleva 15 años en España y desde 2019 es reponsable de la Delegación de jóvenes de la archidiócesis de Madrid.

Como el también argentino Lucas Oviedo, que llegó en 2011 a Cáceres por amor, se casó con una cacereña, volvió a la religión de sus padres y ahora impulsa en la ciudad extremeña un proyecto innovador catequético para niños.

Y, como ellos, muchos más.

Bautizados adultos

 

         En vísperas de la fiesta de San Francisco de Javier, patrono de las Misiones y gran bautizador por todo el Oriente, me llama la atención la gran cantidad de adultos, que en España -mil por año- y en todas partes reciben el sacramento del bautismo, acompañado muchas veces de la confirmación y comunión.

Como la cuarenteña actriz Vanesa Prieto, residente en París. Miembro de una familia catalana convertida a los Testigos de Jehová, expulsada después de esa Comunidad, víctima de toda clase de abusos por quienes debían protegerla; casada y divorciada, la influencia de su novio y luego esposo francés, católico militante y activo ecumenista, le atrajeron poco a a poco al catolicismo y, tras dos años de formación teológica, recibió los tres sacramentos el año 2019 y, un año más tarde, el del matrimonio. Ahora es una proactiva colaboradora en una red de parroquias de la capital francesa.

O el camerunés  Iñigo Karim Ngouanang. Huérfano de madre católica, pero ateo en la práctica, a los 18 años emigró de su país y llegó perdido a Madrid, donde encontró a varios jesuitas y catequistas que le ayudaron a recuperar la fe católica materna y, con la  la bendición de su padre, musulmán, recibió los tres sacramentos cristianos de manos del cardenal Rouco, arzobispo de Madrid, en 2010, recibiendo después ayudas de todo género por parte de otros sacerdoes y parroquias.

O María Eugenia Aldama, natural de Miranda de Ebro. Tras apartarse de toda práctica cristiana y buscar su paz en espiritualidades orientales, casada con un católico poco practicante, un embarazo de alto riesgo le hizo reflexionar,  se apuntó a un curso de catequesis de adultos, y recibió gozosamentre la confirmación, que de joven rechazó, y encontró la paz junto a Jesús.

O Isis Ruiz Martínez, nacida en Logroño en los ochenta, a quien sus padres, católicos, no la bautizaron, para que ella y sus hermanos lo decidieran siendo mayores de edad. Maestra de Primaria en el colegio del Sagrado Corazón de la capital riojana, se apasionó por la metodología ignaciana, entró en la comisión pastoral del centro, y tras un acompañamiento espiritual del director jesuita del mismo, a sus 33 años recibió los tres sacramentos cristianos.

O Rogelio Arias, conocido artisticamente como Roger de Flor, músico y compositor ferrolano, dejado también sin bautizar por sus padres para el día de mañana. Gracias a una antología de William Blake, que le inspiró muchas canciones, un viaje a Italia y conversaciones profundas con varios teólogos y sacerdotes pastoralistas gallegos, fue bautizado hace tres años por el obispo de Mondoñedo Luis Ánge de las Heras.

Y asi tantos y tantos.

Huele a final de legislatura

 

             Todo huele (y duele las más de las veces) a final de legislatura: La carrera casi olímpica del Gobierno sanchista por rematar un ingente número de leyes que le respalden a la hora del voto. El empeño, casi histérico, de PODEMOS por proteger y defender su parte alícuota de poder, lo mismo del PSOE que de Yolanda Díaz. La loca aventura de esta última por autoprotegerse y encumbrarse, sacando de las piedras pan. La obsesiva solicitud de los partidos independentistas y confederalistas (ERC, BILDU, PNV…) por cobrar en especie cuanto antes su hipócrita y venal voto favorable a los Prespupestos Generales del Estado, del Estado que quisieran ver desaparecer. La similar y casi monocorde preocupación del PP, demasiado confiado en su nuevo jefe más que en sus nuevas políticas, por echar -esa zafia expresión barriobajera y xenófoba- al sanchismo del poder. La nerviosa inquietud de todos los pequeños partidos arrimados hasta ahora al poder gubernamental. El no disimulado miedo de ciertos barones socialistas de tener que ir a morir al palo de su secretario general en ocasión electoral, antes que poder exhibir los logros de sus hazañas autonómicas. El rechazo general de lo que se llama ciudadanía ante el aumento de todos los precios. El hartazgo en unos y en otros, pero también frentista e interesado, de la política frentista y provocadora exhibida en las Cortes. El escándalo, menos general, ante tanta mentira y falta de palabra gubernamental. El desprestigio cada día mayor del Gobierno, de las Cortes y del Poder Judicial. El deterioro del lenguaje de los políticos, copiado por los periodistas, que confunden cesar con destituir, y que se pasan media vida soñando en que unos cesen y a otros destituyan, con tal de no ser ellos mismos las víctimas …

Todo huele (y duele las más de las veces) a final de legislatura.

 

Luces de Navidad

 

           Se encienden las luces de Navidad por todas partes, no solo en Vigo. Y se ven algunos adornos en comercios y en algunas casas e instituciones. Muchas menos, por ejemplo, que en Alsacia o en Alemania. Entre nosotros van despareciendo poco a poco los motivos religiosos, y apenas aparece el Misterio, el Pesebre, el Portal. Me acuerdo de aquel genial villancio de Miguel D´Ors, que gime:

Mucha luz, pero sin Niño,
ni Virgen ni San José.
Que todos sepan que hay fiesta
y nadie sepa por qué.

Pero, por desgracia, quizás más que eso. Porque muchos de los que hoy nos rigen, en todo el amplio sentido del término, saben que antes de la Navidad cristiana existió, tal vez desde el Paleolítico, la Fiesta de la luz, del solsticio y fin de año, las Saturnales en el Imperio romano, etc. Y  que la Navidad cristiana se insertó durante el siglo IV , el 25 de diciembre, en el Día del Sol, constituido el año 274 por el emperador Aureliano, queriendo cambiar el día del Sol Invictus por el Sol Justitiae (Jesucristo). Que así fue en todo el Imperio desde el año 380, cuando el emperador hispano Teodosio, por el edicto de Tesalónica, declaró oficial en el Imperio la religión cristiana.

Se trata, pues, de que las luces no simbolicen ya la Navidad cristiana, sino las luces del solsticio, las luces de fin del año, de las Saturnales, tal vez del Día del Sol.