Archivo de la categoría: Sin categoría

Valor educativo de la religión

 

            La socióloga y profesora universitaria norteamericana Ilana Horwits acaba de publicar en los Estados Unidos de América el libro Dios, calificaciones y graduaciones (Oxford Unversity Press, 2022). Es el fruto académico de diez años de trabajo con 3. 290 adolescentes. Según su estudio, el 21% de los mismos, hijos de trabajadores, educados religiosamente, obtienen principamente sobresalientes, mientras en el resto solo los consigue el 9%. La concclusión general es que los jóvenes educados religiosamente tienen el doble de  de oportunidades de obtener un grado universitario.

Estudiando los motivos de tales experiencias, Horwits deduce que la religión impulsa comportamientos altamente reflexivos, serviciales y cooperativos. Chicos y chicas, formados religiosamente, creen que Dios los anima a estudiar y valora que se formen. Uno de cuatro estudiantes tiene una experiencia de Dios, que conforma su modo de sentir y pensar su vida y sus estudios. La religiosidasd no tiene en ellos y ellas un valor meramente devocional, sino crucial para el desarrollo integral de la persona.

La autora llega a la conclusión final de que la religión trabaja en favor de la equidad y de la cooperación social. Por un lado, la religiosidad provoca la movilidad ascendente de la clase trabajadora, induciendo su desarrollo educativo. Por otro lado, orienta eficazmente la parofesionalización de las clases medias altas para ponerse al servicio de la cooperación social y no ceder ante la competitividad ambiciosa.

Luz en la penumbra

 

           Asi se titula la exposición, que tiene como subtítulo: Sanidad y humanitarismo en los conflictos bélicos, que está teniendo lugar durante este primer semestre en el Museo Carlista de Estella, cuyo comisario, artífice y alma es nuestro amigo el médico de Cáseda, escritor e historiador especializado en temas carlistas, Pablo Larraz. Un grupo de amigos tuvimos la suerte de poder recorrerla, paso a paso, hace unas semanas, de su mano maestra. Como si la invasión de Ucrania, su guerra y sus matanzas le hubiera dado mucha mayor actualidad a su ya perenne importancia, la exposición tiene como capítulos sucesivos El rostro del dolor – Una llama en la oscuridad: humanitarismo y ciencia – El hospital de Irache – Las margaritas: la mujer carlista y su incorporación a la sanidad – El hospital Alfonso Carlos – Las comunidades del dolor.

Pablo Larraz ha sabido conjugar un tema capital de la historia universal (primero, segundo y último capítulos) con la historia concreta del carlismo en algunas de sus mejores experiencias (capítulos tercero, cuarto y quinto capítulos), que él tan bien conoce, al haber escrito su tesis doctoral sobre el  hospital Alfonso Carlos. Ni que decir tiene que el comisario ha puesto en acción todo su inmenso archivo, museo y biblioteca carlistas al servicio de la exposición, que ha completado con toda clase de aportaciones de archivos, bibliotecas, fundaciones y museos españoles, así como de muchos propietarios particulares: cuadros, lienzos, litografías, mapas, gráficos, banderas, estandartes, manuscritos, cartas, diarios, libros, daguerrotipos, fotos, periódicos, revistas, panfletos, carteles, rótulos, hojas volantes, objetos sanitarios de todo tipo…

Los cientos de ilustraciones y de objetos expuestos van desde cuadros de la serie goyesca Los desastres de la guerra hasta el Retrato de doña Margarita, de César Muñoz Sola, y desde cartas del P. Benito Menni hasta las fotografías de las enfermeras carlistas o las fotos, siempre las más impactantes, de los requetés heridos en combate o en las camas del hospital Alfonso Carlos de Pamplona.  Sin que falte tampoco el testimonio de la represión en Navarra durante la guerra civil a mano de cobardes y fanáticos incontrolados. Y para que podamos tener una idea o fijar algunos de los muchos recuerdos de los que vimos la exposición, basta echar un vistazo al variadísimo índice de piezas de la misma en el excelente Catálogo editado por el Gobierno de Navarra: el Convenio de Lord Elliot; el catalejo de Zumalacárregui; una lanceta para sangrías; botiquín de campaña del siglo XIX; el libro de difuntos del hospital de la caridad de Lesaka, de 1874; el album del bloqueo de Pamplona; un microscopio Compost Leitz, de 1930…

Los testimonios recogidos en las últimas páginas de médicos, enfermeras, heridos leves y graves del hospital de Pamplona justifican y bendicen, en el sentido bíblico de agradecer, mejor que todo lo mejor que podamos decir cualquiera de nosotros, la utilidad y actualidad (actuar, agere) del hecho de de poner a la vista de todos (ex-posición) la más alta gama de la com-pasión, de la caridad-gratuidad, y del amor-servicio en todos los lugares y tiempos de nuestro mundo y, dentro de él,  la de un movimiento secular como el carlismo entre nosotros, de sus mujeres y de sus militantes, de sus jefes y de sus profesionales, en medio de conflictos tan dolorosos como las  guerras. 

Luz en la penumbra y en la sombra entera. Luz en la oscuridad. Luz que sigue iluminándonos. Y que durará por los siglos.

Las diabluras del nacionalismo étnico

 

         Ya he escrito demasiado de las grandes. Hoy me refiero solo a las pequeñas. En la legisatura pasada, el Gobierno naccionalsita-independentista vasco en Navarra, gracias a la mala cabeza de UPN-PSN, impuso en todos los sitios oficiales el titulo en vascuence-euskara, Nafarroako Gobernua, precediendo siempre al castellano Gobierno de Navarra. Aunque el primero sea un idiioma muy muy minoritario. El Gobierno actual PSN-Geroa Bai-PODEMOS revirtió -una de sus pocas audacias en este campo- la precedencia anterior, como es lógico, pero, en media Navarra, los letreros con las dos lenguas no han cambiado, por aquello de la inercia, la costumbre, la indiferencia o la mala voluntad.

Algo parecido ocurre con los cambios de nombre, del castellano de toda la vida al vascuence-euskara, uno de las obsesiones y diversiones del nacinalismo étnico vasco en todos los campos, desde los nombres de los pueblos, de los montes, de los ríos… a los nombres de cualquier lugar, organismo o institución. En este terreno está casi todo por hacer.

Pongo dos cercanos ejemplos. La Estación de autobuses de Pamplona, la Estación de toda la vida, lleva ahora el nombre de Geltoki, poque al Ayuntamiento anterior, con mayoría también nacionalista-independentista así le pareció. Sin consulta alguno al pueblo, al que dicen servir. Y Geltoki sigue llamándose oficialmente. Mucho peor es que el Museo de Navarra, el Museo de siempre, lleva ahora como pirmer nombre Museoa. Solo poque el Gobierno de la legislatura anterior así lo deseó.

Y yo me pregunto ¿No hay nadie en la vida política navarra que comente, critique, denuncie estas, al parecer, pequeñas tropelías, estas diabluras del nacionalismo étnico, que atentan contra toda lógica, contra toda coherencia y contra toda civil convivencia? ¡Cosas semánticas!, dirán algunos lerdos, que no entienden ni lo que quiere decir semántica ni lo que quiere decir política. Y, no digamos, sus consecuencias, que ni siquiera las ven.

 

 

 

El Dios de José Hierro

 

           Recordamos y celebramos el centenario del nacimiento de uno de los más calificados y significativos poetas españoles del siglo XX, José Hierro (Madrid, 1922 – Madrid, 2002). (Tuve el honor de que fuera presidente del jurado que me premió con el Navarra de poesía en los primeros ochenta). En el discurso de aceptación del Premio Cervantes, 1988, expuso su visión no creyente de la vida, pero dispuesto a reflexionar sobre el Dios que nos habita:

Para el creyente, Dios hizo al ser humano; para el ateo, el ser humano hizo a Dios, poque lo necesitaba (y no es el momeno de someter a votación quién lo hizo mejor, pues la Razón, como saben los quijotistas, no lo explica todo, como creen los cervantistas).

Dios, empero, no está ausente en los versos de Hierro. En el poema Oración primera, de su libro Tierra sin nosotros (1947) podemos leer:  Todas las cosas me comprenden / aunque sus labios estén mudos: / el agua, el árbol, el silencio, / la nube, el vino y el campo húmedo. / Son afluentes que van a Dios y Dios escucha en cada uno. / Y que Él recoja la palabra / y le dé su destino justo.  Y en otro poema del mismo libro, Viento de invierno, clama: Si me hiciste, Señor, de barro tierno, / de húmedas albas silenciosas, / ¿cómo no dar , por mi terrestre invierno, / la más perfecta de tus rosas? / Si me hiciste de musgo y llamas locas, / de arena y agua y vientos fríos, / ¿no he de buscar mi ser entre las rocas, / en las arenas y en los ríos?

En Cuanto se de mí (1957), en el poema La sombra habla de Dios, también en tercera persona, que es el presente, el futuro y el pasado, de quien  se pregunta perplejo: ¿Nos arranca del tiempo / para que no suframos / nosotros, sus heridas / criaturas, esclavos / sombríos? ¿Nos ve ciegos  / y no puede guiarnos?

En Cuaderno de Nueva York (1998), culminación de su obra, el poema Oración en Columbia University significa la exaltación, la belleza, pero también el dolor, la rabia y la memoria. El poeta busca el epitafio para su padre y tal vez para él mismo: vivo ya para siempre. Leemos allí: Bendito sea Dios, porque inventó el silencio / y el chirrido de la chicharra / y el lagarto de fastuoso traje verde / y la brasa hipnotizadora / (horizontal crepúsculo pudo haberla llamado / don Pedro Calderón de la Barca en el declive del Barroco). / Bendito sea Dios que inventó el agua, / sobre todo el agua. Pero cuando quiere ajustar cuentas con la memoria y con su padre, apostrofa: Maldito sea Dios porque inventó a mi padre / colgado de la rama del olivo / poco después de recogerse la aceituna. / No puedo perdonárselo.

La irónica Coplilla después del 5º Bourbon, dentro de ese mismo libro, es quizás, según Juan Carlos Rodríguez, su verdadero epitafio y, a la vez, de un Dios que se le escapa, pero no deja de plasmar su búsqueda, su presencia, su resquicio:

Pensaba que solo habría
sombra, silencio, vacío.
Y murió: Estaba en lo cierto.
El mismo Dios se lo dijo.

Entre El Cerco, de Aibar, y el Puy d´Ull, de Sangüesa (II)

 

                         Desde El  Cerco de Aibar, pensando dirigirnos poco después al castro local Vuelta de Valcirama, que aparece en Armendáriz como un espigón fluvial, nos pareció ver, delante de nosotros, no lejos del pueblo, el objetivo que buscábamos. Y allá que nos fuimos. Pasada una granja, bien cercada, subimos por el flanco sur, atravesando unos bancales con olivos y árboles frutales, a los que seguía un terreno horizontal baldío. Llegados a la cima, encontramos un derrumbe de piedras en torno a un rodal de coscojas, que nos pareció parte de la muralla que defendía el flanco norte del oppidum. La verdad es que por el este y el oeste tenía el cerro todas las pintas de poder haber sido un poblado celtíbero. El cierzo no nos dejaba casi oírnos y teníamos que andar despacio.

Pero nos fallaban otras características del supuesto castro: la altura, la  superficie, la distancia al castro anterior, los dos regatos… Llegados a casa, y estudiados los mapas, vimos con claridad que, aunque el cerro que recorrimos hubiera podido ser un castro, no era precisamente aquel que buscábamos. Así que, pasados quince días, porque el sábado siguiente hizo un calor sofocante, impropio de mayo, decidimos, cuando los alcaceres de la Cuenca ya estaban ceriondos, dar por fin con Valcirama. Antes de llegar al caserío de Aibar, tomamos un camino que lleva a Lumbier, y en la cordiline que corre a la espalda de la que sostiene al pueblo de los Arbeloa, al otro lado del valle corredor que une el área de Sangüesa y el valle del Cidacos, damos con la elevada superficie de 12.000 metros cuadrados, con una altura maxima 567 metros, a 2´1 km del castro visitado El Cerco de San Roque, y entre los regatos Los Valles y La Cueva, por los que corre el agua entre juncos, carrizos y espadañales. Allí está el espigón interfluvial verdadero, con grandes peñascos en el vértice sur y en todos los lados del triángulo orográfico que lo hacían inexpugnable.  Cantera un día de piedra y terreno de uso agrícola, lo más notado y notable es el talud artificial de flanco norte. En su ámbito se descubrieron cerámicas celtíberas del Hierro y, del período romano, cerámica sigillata y fragmentos de tinajas (dolia) romanas.

Al oeste del castro, regado por el barranco, hubo un día una gran huerta con nogales, cerezos, ciruelos, manzanos… hoy en pleno abandono, y en la parte septentrional de la finca, permanece, inservible y enigmática, una gran estructura cuadrada, oscura y techada, de hormigón, seguida de una gran cavidad en tierra, lo que parece un doble depósito de agua.

Aprieta ya este sol omnipoderoso de finales de mayo y ponemos rumbo al castro y ciudad romana de Filera, en la raya divisoria entre Navarra y Aragón.

 

La Ascensión del Señor

 

(Ver también La Ascensión del Señor, 16 de mayo de 2021)

Mc 16, 19; Lc 24, 50-53; Hch 1, 6-11

Nos cuenta Lucas, en su segundo libro,
que hasta el último momento,
los discipulos del Maestro confundían el Reino mesiánico
con el reino temporal restaurado de David.
Jesús deja en manos del Padre los tiempos y momentos de la historia
y solo les promete la fuerza y el poder del Espíritu,
que los hará sus testigos
en Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra.

Lucas presenta al último Jesús pospascual cerca de Betania,
etapa final del viaje a Jerusalén,
donde, sumo sacerdote mesiánico,
al modo de Aarón y Simón,
bendice a sus discípulos, seguro y garantía
del favor y apoyo de Dios.
Y con mano maestra nos describe
que fue llevado o levantado hacia el cielo
y que una nube teofánica le ocultó de la vista de todos.

Como ellos estuvieran arrobados,
mirándole ascender,
dos hombres vestidos de blanco
-los mismos que, el domingo pascual,
hablaron a las mujeres- les dijeron:
– Galileos, ¿qué hacéis aqui mirando al cielo?
El mismo Jesús que visteis alejarse
volverá de igual manera.

Y ellos volvieron a Jerusalén,
esperando al Espíitu.

 

Flor de las flores

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María
que madre nuestra es.

***

A María,
flor de las flores,
Virgen de vírgenes
y amor de amores,
todas las flores
con sus colores
y sus olores
del más florido mes,

Que madre nuestra es.

A María,
humilde primavera,
rosa primera,
purísimo jazmín
del jardín
celestial,
lirio real
por el haz y el envés,

Que madre nuestra es.

 

Twin Melody y el amor de Dios

 

     Les preguntan largamente a las gemelas Aitana y Paula Etxeberria (Ordizia, 1997) –Twin Melody-, influenzers, a las que siguen 17 millones de personas en redes sociales, por su vida y su obra. La sorprendente última pregunta es cómo viven su fe cristiana. Y ellas, que responden siempre al unísono, como cuando colaboran en El Hormiguero, no se lo piensan mucho:

– En el día a día, de un modo normal. Tener ua relación íntima y estrecha con Dios nos colma y nos hace felices. Como Dios es amor infinito, nos ayda a querer a los demás y a llevar una vida plena. En España no es común que gente de nuestra edad sea creyente, y por eso en los medios lo destacáis. Nosotras simplemente contamos lo que vivimos e intentamos explicar el amor de Dios, lo bueno que es.

San Carlos de Foucauld

 

      El papa Fraancisco acaba de canonizar, con otros nueve santos y santas, a mi admirado hace tantos años Charles de Foucauld (Estrasburgo, 1850 – Tamansaret, 1916), aquel huérfano alsaciano, militar durante escaso tiempo, geógrafo y notable investigador por tierras de Maruecos,  cristiano de familia, pero increyente de hecho, que en 1886, admirado de que los islamistas con los que convive son mucho más fieles a su fe que los cristianos de nombre como él,  se entrega por completo a Jesucristo. Monje en la Trapa durante unos años y después ermitaño en la tierra de Jesús, es ordenado sacerdote y se convierte en el apóstol de los tuaregs o bereberes, habitantes del desierto, para los que trabaja, estudia y escribe, fijando  su residencia, primero en Béni Abbés  y después en Tamansaret, en el Sahara argelino. Allí vive  más como testigo que como apóstol, en oración continua y pobreza extrema, en donación total a los tuaregs, hasta que en 1916 una banda de ladrones acaba con él.

Diez congregaciones y ocho asociaciones de vida religiosa viven hoy el carisma del nuevo santo en lugares pobres, especialmente donde el cristinismo es minoritario o inexistente, mayormente en paises musulmanes. Todas ella se denominan Hermanitos o Hermanitas (Petits frères o petites soeurs). Debemos vivir -escribió Charles en el Reglamento para los Hermanos en 1902- una vida muy pobre; todo en la Fraternidad debe ser conforme a la pobreza del Señor Jesús, los edificios, los muebles, los vestidos, la alimentación, la capilla, en fin, todo.

La gloria de Bernini y el esplendor de la canonización en Roma ha cogido a hemanitos y hermanitas de todo el mundo como lo hubiera hecho con el santo en vida, un tanto incómodos, acostumbrados ellos al silencio, a la pobreza, a la sencillez en todo. Pero, al fin, contentos de que el ejemplo de su fundador o inspirador sea mejor conocido, y de que la Iglesia le proponga como modelo para todos, pero sobre todo, recordando su vida  y  su conversión, para muchos cristianos indiferentes, para muchos europeos olvidados de la fe de sus mayores, y para muchos musulmanes, con los que en su tiempo Charles vivió y convivió, y a quien llamaban Marabout: morabito (hombre de Dios).

Últimos aforismos

 

Si los malos con los bienes empeoran, los buenos, por pura lógica, con los males debieran mejorar.

Más vale saber que haber, para no menester, rezaba el clásico refrán. Porque la hacienda se gasta y la ciencia crece. Y vale más lo poco que el sabio sabe que lo mucho que el rico tiene.

El problema del sustantivo español nacionalidad, que nos trae al retortero, es su adjetivo correspondiente: ¿nacional o nacionalidal?