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El rey y el golpista

La única noticia política española que leímos u oímos en los medios informativos locales o accesibles en nuestro recorrido por Indonesia, Malasia y Singapur fue el rifirrafe entre el rey de España, el presidente Zapatero y el ex golpista comandante Chavez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela. La información no daba cuenta de la penosa intervención de otro comandante, el presidente Ortega de Nicaragua, ni de las cordiales bromas anteriores cruzadas entre don Juan Carlos y el presidente venezolano. La noticia nos divirtió y entendimos muy bien la reacción tanto del presidente del Gobierno como del rey. Leo ahora un soberbio artículo de Vargas Llosa, que conoce bien la zona, sobre el figurón de Chaves y su cortejo, donde subraya el miedo que le tienen al espadón venezolano no sólo las gentes, sino hasta presidentes de Repúblicas vecinas, que tienen que callarse como muertos, por causa del petróleo y otras parecidas sinrazones Y termina haciendo buena nuestra actitud de aquel día en que leímos y oímos la primera noticia española: «Es posible que, al reaccionar como lo hizo, el Rey de España transgrediera el protocolo. ¡Pero qué alegría nos deparó a tantos latinoamericanos, a tantos millones de venezolanos! ¿La prueba? Que he escrito este artículo arrullado por los animados compases del flamante pasodoble que ahora entonan y bailan en todas las universidades venezolanas, que se titula ¿Por qué no te callas? y cuya tonadilla y letra llueven sin cesar desde muchas emisoras latinoamericanas».

Glocalidad

El político malayo Datuk Serij Najib Tun Razak ha introducido en el lenguaje político internacional, en inglés, los neologismos glocal y glocalidad, de las palabras inglesas (procedentes del latín) global y local, reunidas. El nuevo vocablo suma las dos grandes dimensiones civico-políticas de lo universal y de lo concreto y cercano, sin las cuales no hay nada serio, constante y actual.
Tren de vida:  vida siempre desasosegada, veloz o renqueante, afanosa, caminante, viajera.
– Si hay alguien dudoso entre los extremo orientales, para nosotros tan parecidos, casi siempre, y por estadística, es chino.
– A los chinos de Hong-Kong, por ahora, no les ha tocado la china.
– Varios años antes de que unos musulmanes fanáticos destruyeran las «torres gemelas» de Nueva York, otros musulmanes inteligentes construyeron las torres gemelas de Kuala Lumpur -las «petronas»-, más altas y más hemosas.
– Si a alguien se parecen las mujeres con velo, o con el velo como parte del uniforme, de estos países mayoritariamente islámicos, es a nuestras tradicionales monjas católicas, las «monjitas» de los castizos. Durante siglos -en Oriente, antes de nuestra Era- se cubrió la cabeza de la mujer por razones socio-culturales, a las que un día se añadieron supuestas razones religiosas. Se le privó y priva así a la mujer, y sólo a ella, de llevar descubierta la parte más «noble» (al decir de todos) del cuerpo y, sin duda, la más bella.
– A las rayas marinas, recién planchadas, que vemos en el estupendo acuario de Singapur, no se les ve las arrugas.
– ¿Cómo no van a emigrar a miles los indios a Indonesia?
– Si las Iglesias cristianas han ido tecnificando el toque de campanas en iglesias y catedrales, el Islam no sólo ha tecnificado la oración y el canto del almuédano, sino al mismo almuédano, que ha desaparecido de los minaretes.
– El Japón, sobre el mapa, es un caballito de mar.

Hasta pronto, si Dios quiere

El viaje que nuestra asociación Yamaguchi Navarra ha organizado para visitar Malaca y las Islas Molucas, antepenúltimo itinerario de nuestro Francisco de Javier, me obliga a entornar durante unas semanas el cuaderno de bitacora. La coletilla del título no es una fórmula mágica. Es solo una prudente previsión, y tal vez una oración minúscula.

Mártires españoles de la fe (y II)

«Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio. Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido. Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron. (…) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos. (…) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y derruidos. Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárcles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote y religioso. Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios (…) destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerda». Es el testimonio cercano, en un informe del 9 de enero de 1937, del nacionalista vasco, y antes que todo nacionalista vasco, Manuel Irujo, ministro sin cartera en el gobierno de Largo Caballero.- Sobre esa «caza y muerte de modo salvaje», he aqui el resumen hecho por el historiador Julio de la Cueva Merino, en el libro colectivo, El anticlericalismo español contemporáneo, Madrid (Bibioteca Nueva), 1998: «Las formas en que sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas hallaron su muerte fueron diversas también. Unas veces, un remedo de juicio daba paso a la ejecución del «encausado». Otras, se le daba nuerte sin recurrir a ningún procedimiento previo. La mayoría recicbieron el célebre «paseo» para caer muertos, de uno o varios tiros, a al vera del camino o en las  tapias del cementerio. Otras, fueron ahorcados, ahogados, quemados o enterrados vivos. En bastantes ocasiones la muerte iba precedida de la tortura, cuya aplicación incluía refinamientos indicativos de hasta qué punto se había producido una deshumanización del clérigo a los ojos de sus agresores: todo tipo de burlas, insultos, blasfemias e invitaciones a la blasfemia podían formar parte del tormento, que podía incluir, asimismo, el despojo de ropas, palizas, cortes y pinchazos con diversas clases de instrumentos afilados, desolladuras y mutilaciones.Éstas últimas podían afectar a cualquier miembro del cuerpo hasta llegar al descuartizamiento; pero existía una fijación morbosa con los genitales (…) (y hubo) sacerdotes que corrieron la misma suerte que el cerdo en la matanza o del toro en la plaza, incluidos en este último caso, los pasodobles interpretados por la banda, el simulacro de lidia, la muerte, el corte de orejas y el arrastre».

Martires españoles de la fe (I)

En homenaje a los nuevos mártires(testigos) de la fe que van a ser beatificados en Roma, el próximo domingo -unos cuantos entre los miles que dieron su vida por Dios y por Cristo en España-, no quiero polemizar con algunos que estos días precisamente sacan a relucir su fiero y basto anticlericalismo, antieclesialismo y anticristianismo en todos los medios informativos a su alcance. Prefiero transcribir, hoy y mañana, cuatro importantes testimonios que celebran el heroismo de los 498 nuevos beatos. Según la Conferencia Episcopal Española, «eran apóstoles y fueron valientes cuando tuvieron que confesar su condición de creyentes; disponibles para confortar y sostener a sus compañeros de prisión; rechazaron las propuestas que significaban minusvalorar o renunciar a su identidad cristiana; fueron fuertes cuando eran maltratados y torturados; perdonaron a sus verdugos y rezaron por ellos; a la hora del sacrificio, mostraron serenidad y profunda paz, alabaron a Dios y proclamaron a Cristo como único Señor».- El embajador (socialista) del Gobierno Español ante la Santa Sede,Francisco Vázquez, que estará presente en la solemnidad de la Basílica de San Pedro, en declaraciones a VN, afirma que el grupo Prisa «ha tomado una línea editorial marcadamente contraria a la Iglesia (…), con una importante deformación de la verdad«, hasta «tergiversando palabras y actuaciones del actual Papa en temas variados y en cosas de dogma y de culto, etc.«. Reconoce asimismo dentro del PSOE «una corriente anclada en el pasado«, que él ha llamado a veces «casposa«, muy atrasada  respecto de la fe y del compromiso religioso y lo que eso conlleva, con «una ignorancia absoluta con respecto a lo que representa la Iglesia en la configuración de muchas realidades actuales, como es en el compromiso con la igualdad y con la justicia». Respecto a los nuevos beatos, dice Vázquez:»Son mártires de la fe y fueron asesinados por no renegar de su fe y murieron perdonando (…) Murieron ofreciendo perdón, y para los cristianos es una lección«, confiesa molesto por quienes quieren identificar a los socialistas con quienes perpetraron aquellos crímenes. «Ni somos herederos de aquéllos ni la Iglesia de ahora es la de antes».

Jueces conservadores y progresistas

Estemos de acuerdo o no con el procedimiento actual para la elección de los jueces del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo, y sean cuales sean nuestras propuestas para el futuro, no creo que haya actitud más perjudicial y deletérea para los jueces, los tribunales, y hasta para la justicia y la democracia españolas que estar motejando cada día, como hacen no pocos medios informativos, a unos jueces de conservadores (i.e., del PP) y a otros de progresistas (i.e., del PSOE y de los partidos «nacionalistas»). ¿Qué se consigue con eso? Desacreditar a la justicia en España más de lo que ya está. Tener siempre no ya un pretexto sino una razón-sinrazón para negar probidad y autoridad a cualquier sentencia, auto, providencia o actuación judicial, cualquiera que sea (y no sólo en el caso del Estatuto de Cataluña): porque unas veces será obra del Gobierno o del «nacionalismo» y otras de la oposición. En unas ocasiones estará teñida de rojo, y en otras de azul. Tal mayoría dejará de tener valor, por ser efecto del laicismo o del anticonstitucionalismo disolvente, o por serlo de la reacción y del españolismo casposo. Y cosas por el estilo. Así es imposible forjar una Nación propia del siglo XXI y un Estado coherente y cohesionador, cuando por todos los medios se quiere tenerlos subordinados y sometidos a los intereses particulares, cortoplacistas y agresivos de los partidos políticos y de sus «medios» favoritos, tan ciegos e irresponsables, demasiadas veces, como aquéllos. Cuando no más.

Desmemoria histórica

Al profesor e historiador Rafael María Sanz de Diego, que conoce mejor que yo el proyecto de ley, llamada de Memoria Histórica, no le parece éste «oportuno ni justo«. Lo considera «parcial»; juzga «innecesarias» las medidas arbitradas, y, además, «inútiles«, a no ser para quienes busquen con la ley los votos de muchos en las próximas elecciones generales y el arrinconamiento del adversario electoral. La verdad es que cuesta creer que a estas alturas de la investigación histórica pueda haber en España políticos normales que concedan nacionalidad española a los voluntarios de las Brigadas Internacionales, enviadas y retiradas por Stalin y por la Internacional Comunista, o se declaren ilegítimos y sin vigencia los tribunales del bando franquista durante la guerra y en los años posteriores, sin mencionar siquiera los aberrantes y crueles tribunales populares de la Repúbllca. Así que los buenos propósitos declarados en el Preámbulo -a saber su última intención-, no se corresponden con el contenido del proyecto, dedicado, como es habitual en el péndulo histórico de nuestra política, a compensar a unas víctimas en detrimento de otras. En cualquier caso, «imponer una visión de la historia (…) es, más bien, propio de regímenes totalitarios«.- Junto a la página del historiador, en el mismo número de la revista Vida Nueva, hay otra página escrita por el director de El Socialista, Joaquín Tagar, que parece contentarse con el evangélico  preámbulo del proyecto de ley. Antes de hacer esa serie de preguntas retóricas en su segundo párrafo, que denota, en la mejor hipótesis, una amplia ignorancia de aquella historia nuestra, debiera haberse preguntado: «¿No es cierto que el Partido Socialista Obrero Español fue el principal responsable de la Constitución sectaria de 1931, que contribuyó como pocos hechos al estallido de la guerra civil? ¿No es cierto que una parte muy importante de la dirección y de la militancia del PSOE estaba preparando y fomentando, ya desde junio de 1933, por todos los medios la insurrección armada, que llamaba revolución proletaria, marxista, antifascista, soviética, etc.? ¿No es cierto que el PSOE, en su conjunto, incluidas algunas de sus faciones más moderadas, fue la primera fuerza responsable del «alzamiento contra el Gobierno constitucional» (como él llama al de julio de 1936), en Asturias y en otras partes de España, el 4 de octubre de 1934? Desmemoria histórica. O asalto tardío, partidista, sectario y revanchista a la serena memoria comunal, tan necesaria en cualquier Nación.

Sigue el obispo Setién

Sigue el obispo Mons. José María Setién defendiendo y justificando su largo episcopado guipuzcoano (1972-2000). Ahora con un libro recién publicado, Un obispo vasco ante ETA. El periodista de El País, José Luis Barbería, le entrevistaba anteayer muy hábilmente para su periódico y quedaba bien dibujada la silueta humana y cívica del prelado. Setién, que no se autocritica nunca, cree que ETA hunde sus raíces ideológicas en el marxismo; se pregunta con retintín si después de Franco desaparecieron las conductas injustas procedentes del poder polìtico; enumera entre las actuaciones injustas, que debe denunciar la Iglesia, la dispersión carcelaria; cree manipuladas a las víctimas del terrorismo etarra; no parece dar importancia a que los polìticos no nacionalistas estén perseguidos y amenazados de muerte; afirma que los derechos históricos vascos «fueron violentados mediante la acción de una violencia que se ha convertido en Derecho«, y quisiera saber «si esos derechos existen y han sido incorporados debidamente a la Constitución«; no ve más vascos que españolistas, por un lado, y vasquistas y nacionalistas, por otro; no quiere para Euskadi «la unicidad del modelo soberanista de la llamada nacionalidad española«; sostiene que el derecho de autodeterminación que él reivindica  no es  necesariamente el derecho a la secesión; mantiene que cada persona es libre de optar «por el colectivo nacional al que quiera pertenecer» (sólo uno, al parecer), y, en fin, asevera que, si el perdón exige previamente la aplicación de una justicia vindicativa, no hay perdón sino «ánimo de venganza«, al menos en el orden jurídico. Y, después de todo esto… no se atreve a llamarse nacionalista vasco! La entrvista da para muchos comentarios. Estoy de acuerdo con el obispo emérito en que fue no pocas veces injustamente juzgado y hasta infamado, incluso brutalmente infamado por los anticlericales de izquierda y de derecha, pero el antiguo catedrático de teología moral de la universidad de Salamanca ya debiera saber que en la acción pastoral, sobre todo en tiempos tan recios como los suyos en Guipúzcoa, Euskadi y España, no bastan las palabras, las homilías o las cartas pastorales, sino que se requieren gestos, actuaciones y a veces actuaciones proféticas frente al terror, al odio y al etnicismo fanático, y eso… no lo hemos visto o nunca o casi nunca, ni en el obispo Setién ni en lo que él llama «la iglesia vasca» en general, incluidos religiosos, sacerdotes, universidades, seminarios, parroquias, asociaciones laicales, etc. En una de sus respuestas sobre las víctimas, intenta justificarse así: «Nunca me he negado a recibirlas y no sé a qué responde esa acusación de frialdad que me atribuyen». Pero ¿es que lo más propio de  los pastores, que visten símbolos pastorales, es recibir a las ovejas doloridas, malheridas y amenazadas? ¿No hay ahí una concepción arcaica, por no decir algo más duro, de la misión episcopal y sacerdotal?

Laocracia

Ya en  el siglo V a. C. la palabra democracia tiene distintos significados: una veces quiere decir el conjunto de todo el pueblo que habita la ciudad-Estado de Atenas; otras, sólo la parte más desfavorecida de ese pueblo, etc. El concepto-palabra democracia se ha entendido de muchas maneras a lo largo de los siglos, hasta hoy mismo. Los griegos la prefirieron a demarchía, porque ésta última llevaba consigo el sentido del arché (poder, dominio) sobre otros (demarchos era el alcalde de una aldea) más que el poder del pueblo en sí, como sujeto de derechos y deberes. Hoy, demasiadas veces expresa sólo una forma de gobierno; a lo más, un princpio formal de gobierno. Acaso podríamos usar laocracia (de laós: multitud, muchedumbre, ejército, pueblo…) para ir un poco más allá de las condiciones legales de ciudadanía, en busca de la realidad sustancial de la democracia, del llamado principio material. Las palabras castellanas derivadas de la raíz griega, como laico o laicidad, señalan sólo una dimensión, más bien negativa, de su significado total. Suele decirse que la buena democracia es la que no va acompañada de calificativo alguno. No es cierto. La democracia que hoy disfrutamos, por incompleta que sea, es la democracia liberal y no otra. Llamarla populista se nos antoja poco popular e incluso antipopular. Y la democracia popular es, como se ha visto de sobra, y pese a su demagógica redundancia, la que no es democracia.

Una exposición en el Guggenheim

Uno mi débil voz a la de las asociaciones de víctimas del terrorismo etarra, fundaciones cívicas y, sobre todo, familias de los asesinados, que están pidiendo a gritos estos días la retirada de la exposición de fotografías, instalada en el museo bilbaíno, «distorsionadoras de la realidad del terrorismo y del País vasco». Con la experiencia que tengo de otras exposiciones en Euskadi -comenzando por la permanente de la Casa de Juntas, en Guernica-, en Cataluña y en otras partes de España y de Europa, puedo decir que en las operaciones de manipulación, tergiversación y propaganda no suele ser lo peor lo que se dice y lo que se representa, sino lo que no se dice ni se representa, además de la forma de decirlo o presentarlo. Y así, por lo que cuentan los que ya han visto y padecido esa exposición y que merecen mi confianza, a los terroristas, que son a la vez independentistas vascos, se les llama «militantes nacionalistas»; no se hace visible el dolor causado por los atentados; a la guardia civil sólo se le presenta como prepotente y despótica; la única imagen popular  de una manifestación en el País Vasco es la de un grupo con el puño en alto y una ikurriña, etc. Los muy afectados por la muestra la han denominado «las fotografías del desprecio». – Como visitante habitual del museo Guggenheim, donde hace unas semanas visité la estupenda antología de Kiefer, no lo visitaré de nuevo hasta que se retire o termine esa exposición en curso, pésima manera de celebrar los diez años del museo, inaugurado por el rey Juan Carlos I de España. La verdad es que da un poco de grima y hasta de rabia  ver, mientras dura la protesta, callar y otorgar no sólo a los patronos fundadores, sino también a los patronos estratégicos del Guggenheim: la flor y nata del más alto capitalismo vasco y español, financiero, eléctrico, periodístico, aeronáutico… Qué falta de gratitud y de descaro en tantas personas bienestantes, que  han sufrido también directa o indirectamente el terror o pueden sufrirlo cualquier día!