Laocracia

Ya en  el siglo V a. C. la palabra democracia tiene distintos significados: una veces quiere decir el conjunto de todo el pueblo que habita la ciudad-Estado de Atenas; otras, sólo la parte más desfavorecida de ese pueblo, etc. El concepto-palabra democracia se ha entendido de muchas maneras a lo largo de los siglos, hasta hoy mismo. Los griegos la prefirieron a demarchía, porque ésta última llevaba consigo el sentido del arché (poder, dominio) sobre otros (demarchos era el alcalde de una aldea) más que el poder del pueblo en sí, como sujeto de derechos y deberes. Hoy, demasiadas veces expresa sólo una forma de gobierno; a lo más, un princpio formal de gobierno. Acaso podríamos usar laocracia (de laós: multitud, muchedumbre, ejército, pueblo…) para ir un poco más allá de las condiciones legales de ciudadanía, en busca de la realidad sustancial de la democracia, del llamado principio material. Las palabras castellanas derivadas de la raíz griega, como laico o laicidad, señalan sólo una dimensión, más bien negativa, de su significado total. Suele decirse que la buena democracia es la que no va acompañada de calificativo alguno. No es cierto. La democracia que hoy disfrutamos, por incompleta que sea, es la democracia liberal y no otra. Llamarla populista se nos antoja poco popular e incluso antipopular. Y la democracia popular es, como se ha visto de sobra, y pese a su demagógica redundancia, la que no es democracia.