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Ética de la razón cordial

Esa ética -que da título al último libro de la admirable Adela Cortina- es la de la común ob-ligación que, aun sin sanciones ni mandatos externos, nos une y compromete a todos los seres humanos. Ésa, que todos la vivimos (entendemos, queremos y sentimos) como un vínculo común indesligable, del que surge el deber y con él el derecho. Es la ética que necesitamos como personas cívicas, miembros de la polis-civitas-ciudad-comunidad en la que vivimos y de la que somos los protagonistas. La que debe trasmitirse, como mínimo exigible, en las familias, escuelas, iglesias, asociaciones, foros públicos de cualquier clase, aunque cada institución esté legitimada para educar en sus máximos. Es la ética que forja el carácter, nutre la convivencia, hace posible el diálogo, va formando y consolidando la sociedad. Ésa, o cualquier otra, si sólo es mejor y compatible con ella.

Un zafio antieclesialismo

No hay que ir muy lejos para encontrar ese sectarismo antieclesial y anticristiano a veces que ya es signo de identidad de una cierta izquierda, que cada vez se parece más en esto sólo a la de los años treinta. En el diario nacionalista vasco de Pamplona, propiedad de conocidos empresarios vascos y peneuvistas, y, aunque parezca mentira, podemos encontrar, un día sí y al otro también, las críticas más acerbas e injustas al obispo local, a la Conferencia Episcopal Española, al papa; mofas al rezo del Ángelus e incluso a la doctrina de la virginidad de María, sin siquiera la finura y la cultura suficientes para acercarse con un mínimo de elegancia a ese punto; la afirmación de que el papa actual ha enfrentado el evangelio de la infancia de Mateo al de Lucas, o de que aquél ha suprimido el cielo y el infierno, etc. Y todo esto en editoriales o en artículos de colaboradores ordinarios o extraordinarios, cartas de los lectores, comentarios de los columnistas… Sin que apenas lectores y suscriptores católicos del periódico alcen su protesta o expresen su desagrado, respondiendo al menos a las necedades mayores. De vez en cuando aparece algún escrito ingenuo, piadoso y raramente culto, como ayer el de una catedrática de la Universidad de Navarra, pero en términos generales, doctrinales, cómodos, livianos. No exagero lo que digo, antes me quedo corto. Y espero que alguien tome  como tarea estudiar este tema apasionante para su licenciatura o doctorado de periodismo. En el último núme, bajo la rúbrica La cruz y la espada, el firmante Goio Ojer, colaborador frecuente, militante, según dice, de Izquierda Unida de Navarra, escribe cosas como éstas: «Vuelve el grito de guerra de la santa inquisición.Vuelven las ideas esencialistas como Dios, Patria, Pueblo. Vuelven las ideas absolutas fundamentalistas que reniegan de la realidad plural y diversa. Vuelven las sotanas enmascaradas en políticos y políticos enmascarados en sotanas. Vuelven los juicios sumarísimos a la ciudadanía pero no a toda. Vuelve el acuerdo económico injusto entre una confesión religiosa ideológica y un gobierno salido de las urnas. Vuelven los privilegios de los mismos para los mismos: Conferencia Episcopal, empresarios, acólitos y demás bufones de corte.(…) Vuelve la cruz y la espada: en las escuelas, en la calle, en los púlpitos. (…) Vuelven los de siempre a enturbiar el espacio social. (…) Vuelven los hipócritas de  miles de casos ocultados por sus normas y leyes internas de abusos a menores. (…) Vuelven las procesiones cargadas de odio, menos mal que pregonan la paz. (…) Vuelven los curas trabuqueros que, por unos o por otros  bendecían asesinos nacionales y carlistones. (…) Vuelven las beatificaciones, santificaciones por orden de sus bolsillos». ¿Es de nuevo La Traca o El Motín? No, no, mucho más cerca, aunque parezca mentira. ¿Y para qué más?

Un nuevo tipo de cultura

La buena educación occidental de antaño contemplaba la literatura e historia griegas y latinas, así como la Biblia, como base de todo lo demás. A los clásicos de cada país añadía unos cuantos europeos de fama mundial, entre los que no faltaba Cervantes, y alguno de otros continentes. Europeos, americanos o procedentes de cualquier parte, podían encontrarse y comprenderse muy bien; compartían una misma cultura y tenían referencias comunes y cercanas, y al fondo una historia universal de lo mejor creado por la la mente humana, que les unía como colegas y socios del mismo mundo. Esto ya no existe: «El griego y el latín están desapareciendo. En muchos países la Biblia y la religión ya no se estudian.(…) Hay un nuevo tipo de persona culta, que pasa por el colegio y la universidad durante veinte, veinticinco años, que sabe todo sobre una materia (…), pero que no sabe nada de otras cosas, nada de literatura, arte, historia… Haber recibido una educación sin nada de la antigua base humanista: imposible. Llamarse culto sin un fondo de lectura: imposible«. Lo dice nada menos que la escritora británica Doris Lessing, Nobel de literatura 2007 y Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2001. La educación humanista, como desarrollo integral de la persona, es una antigua y noble obsesión de esta intrépida mujer universal, autora de El cuaderno dorado y otras obras inolvidables. Ese fue el tema de su discurso al recibir en Oviedo ese premio español. Con ella estamos muchos de nosotros, convencidos de que una educación humanista es insustituible a la hora de no tener que lamentar cada día el ocaso de los valores axiales de lo que todavía se denomina, vergonzantemente, la civilización occidental.

La estrella de los Magos

                            «¿Dónde está el Rey de los
 judíos, que ha nacido? Vimos su estrella
 en el Oriente
(o en su salida) y hemos venido
 a adorarle» (Luc 2, 2).

                                *                           

Dios acampó en favor de todos los hombres
y su estrella se eleva sobre todos los pueblos.

A todas las naciones les llegó la luz de la noticia
y todos los que miran y esperan pueden divisarla:
los sabios, los inquietos, los pobres, los humildes;
los enfermos tenidos por sucios pecadores;
los ciegos y los sordos excluidos del templo;
los impuros por las leyes impuras de los puros;
los inmundos leprosos, pobladores de caminos,
arrojados de aldeas y ciudades como perros rabiosos.
Y también los gentiles, cercanos y lejanos,
que adoran a mil dioses,
a los astros del cielo, animales del campo
o invisibles espíritus.

Tras los Magos de Oriente van llegando hasta el Niño
los pobres, los humildes, los enfermos,
los impuros, los gentiles
de todos los rincones de la Tierra.
Y la estrella más alta ilumina sus ojos caminantes.
La estrella de la fe
salvadora de sus vidas.

A los Magos les pido

A los Magos les pido,
cinco de enero,
lo que me ayude y dure
un año entero.

A los Magos les pido,
en prosa y verso,
el regalo más bello
del universo.

A los Magos les pido,
con mucha fe,
aquella que tuvieron:
aquella fe.

La imposición de los vascos

    Escribe Unamuno en 1905 el breve ensayo La crisis actual del patriotismo español, tema sobre el que volverá más de una vez. Diez años antes había escrito ya sobre el auge del sentimiento cosmopolita, unido, como compensación, al creciente sentimiento regional, a expensas del patriotismo nacional. Don Miguel, en estos comienzos de siglo, piensa todavía que bizkaitarras y catalanistas, procedentes del carlismo, hacen bien en rechazar la imposición castellana en casi todos los órdenes de la vida española. Si Castilla fue generosa, en un período de la historia, por su posición interior y por su lengua, al imponer la politica de la nación, es hora de que vascos y catalanes impongan ahora su distinto modo de ser españoles, dejándose de suicidas políticas de aislamiento, de beduinismos y de reinos de taifas. En estos primeros momentos de 2008, en los que escribo, frescas todavía las amenazas de Ibarretxe de imponer su referéndum de autodetermianción en octubre de este año, y sonoros todavía los gritos en San Mamés, iluminados por las llamas en que ardía una gran bandera española, duele leer estos párrafos al ilustre bilbaíno, nacido en la calle Ronda, 16: «Si, como se dice en España, los vascos, por una u otra razón, mostramos mayor capacidad para la administración pública que los demás pueblos de la nación, no debemos contentarnos con el especial régimen administrativo-autonómico, sino que debemos tender a apoderarnos de las riendas administrativas españolas y administrar a los demás, ya que ellos no saben hacerlo, y enseñarles cómo se administra. Si, como yo creo, el pueblo vasco es en España el pueblo más capacitado para la íntima vida de la cultura espiritual, no gozará de ésta mientras no trate de adquirirla esforzándose por imponérsela a los demás pueblos que con él conviven la vida española».

Laico de una vez

  Por encima de algunas frases imprudentes, desproporcionadas y excesivas de dos cardenales en la exitosa concentración católica de la plaza de Colón, y por encima de la respuesta demasiado solemne del PSOE, de tono nerviosamente agresivo contenido, y con puntos discutibles, me ha impresionado el furibundo editorial de El País, con el título que encabeza la bitácora de hoy. Me ha recordado algunos de los editoriales de la prensa anticlerical y antieclesial del siglo XIX y primer tercio del XX, así como otros más recientes de la prensa falangista en los primeros años setenta: «paños calientes del Gobierno«, «exabruptos absolutamente infundados«, «sectores más integristas de la Iglesia Católica», «un auténtico acto electoral en apoyo del PP«, «espíritu preconstitucional» (de los Acuerdos de 1979), «tonos nacionalcatólicos«, «últimos lastres de los«poderes fácticos«… Y todo para lanzarse en tromba a pedir al PSOE, en términos casi conminatorios, como si de un subordinado se tratara, y al resto de partidos, a secundar los propósitos bien conocidos del diario liberal madrileño, cada día más virulento con la Iglesia: eliminar «los rastros que queden de confesionalismo» (funerales de Estado, financiación peculiar de la Iglesia, papel del catolicismo en la enseñanza o actuación religiosa de los poderes del Estado en actos oficiales) y revisar los citados Acuerdos que sustituyeron al Concordato de 1953. Para llegar a «una secularización estricta del Estado«, poniendo a la Iglesia «en el lugar que le corresponda«. En definitiva, para conseguir cuanto antes ese «Estado laico de verdad«. Como en Francia -sólo que a comienzos del siglo XXI-, que es el único Estado laico, y no del todo ni mucho menos, que existe en la Unión Europea.

La cuestión capital…

La cuestión capital del cristianismo no es si Jesús el Cristo es Dios, sino qué Dios se ha encarnado en Jesucristo.

– No es de extrañar que Mirón fuera uno de los siete sabios de Grecia.

De la panza sale la danza. Pero a veces la panza impide una buena danza.

– La solidaridad en el miedo lleva con frecuencia a la agresión colectiva.

– Contra el cambio climático están muchos de lo que a todas horas y en todas partes piden cambio.

– A menores entendederas, mayores tragaderas.

– En tiempos de la alcaldesa Celia Villalobos, Málaga se llenó de celíacos.

La paz y las armas

    Hoy, primer día del año nuevo, jornada mundial de la Paz, repaso el libro del heroico periodista Gervasio Sánchez, Vidas minadas, diez años después, donde nos cuenta -coincidiendo con el décimo aniversario del Tratado de Otawa, que prohibe la producción, el empleo y el almacenamiento de las minas antipersona como arma de guerra- la realidad actual de aquellos niños, jóvenes y adultos que él fotografió hace diez años en su impactante libro-testimonio Vidas minadas. Su exposición va a recorrer España durante 2008 para terminar en París a fin de año. Cuando alguien le ha preguntado sobre el abismo existente en España entre la ayuda a estas víctimas y la venta de armas, Sánchez recuerda que nuestro país dedicó durante años una cantidad vergonzosa para la ayuda a estas víctimas: una media de 710. 000 euros anuales; que con el gobierno socialista, especialmente a partir de 2005, se están dedicando unos seis millones, al mismo tiempo que, en los dos últimos años, se ha duplicado la venta de armas, lo que el autor define como cinismo. Un cinismo que tenemos que repartir entre muchos. Mientras hacemos pucheros con la palabra paz, ayudamos a medio mundo a encender las numerosas guerras que arden en los países más pobres.

Alto ecumenismo cultural

 En estos tiempos de intensa actividad ecuménica en todo el mundo, tan desconocida por los católicos españoles, y en esta Navidad, centro espiritual de todo genuino ecumenismo, leo la hermosa y alegre noticia de que la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, del Instituto Católico de París, organizará a partir del próximo mes un curso, con diploma universitario, Religiones, laicidad, intrculturalidad, destinado a los cuadros directivos religiosos, culturales y asociativos en general, y mayormente a los imanes y capellanes musulmanes. Será una formación secular, no teológica. Historia de la modernidad, de los valores republicanos, de las instituciones y de la vida política francesa; derechos de las religiones, economía y gestión del culto, derechos humanos; apertura al mundo religioso e interculturalidad, etc. Muchos de sus alumnos procederán del Instituto de Teología de la Gran Mezquita de París, que ha participado en esta iniciativa. «Es una formación no religiosa –dice el presidente del Consejo Francés de Culto Musulmán, Dalia Boubakeur– y hemos querido aprovecharnos de la gran experiencia de la «Catho» de París, en el marco de una enseñanza laica«. Ojalá que, dentro de algún tiempo, experiencias similares, sólo que a la inversa, se trasplanten a centros universitarios musulmanes en Arabia, Persia, Pakistán, Indonesia y otros países de amplia mayoría islámica.