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Tercera semana de Adviento

                      (Is 10, 20-23)

 Aquel día venturoso,
no iremos tras aquéllos que nos hieren,
ni tendremos por señores
aquéllos que se burlan de nosotros
y nos llevan al engaño y a la muerte.
Y volveremos por fin
al fortín de nuestro Dios,
nuestro hogar y descanso.
Porque Él nos libró de los peores enemigos,
de la derrota final, definitiva,
todos somos el resto de Israel,
los hijos de las promesas.
Numeroso
como arena del mar,
tu pueblo extenderá su salvación
al resto de los pueblos.

Un producto peligroso

Encuentro en un viejo fichero una ficha amarillenta ya, con unas palabras del poeta francés, crítico, filósofo, diplomático, político y premio Nobel de literatura, Paul Valery, sobre la historia. Hace treinta años me parecieron preciosas. Hoy todavía más: La historia es el producto más peligoso que elaboró jamás la química del intelecto. Hace soñar, emborracha a los pueblos, les engendra falsos recuerdos, exagera sus reflejos, mantiene abiertas las heridas, atormenta su reposo, los conduce al delirio de grandezas o al complejo de persecución y hace a las naciones amargas, soberbias, insoportables, vanas. La historia justifica lo que se quiere justificar. Para eso se escribe. No enseña, en rigor, nada, porque lo contiene todo y sirve de ejemplo para todo.

Corrales y Cuadra

Ayer en el Parlamento vasco, dos portavoces nacionalistas, una soberanista y otra independentista, sostuvieron que la Vuelta a España no debe pasar por Euskadi, porque Euskadi no es España. Una se llama Leire y la otra Idoia, nombres de dos santuarios navarros. La primera se apellida Corrales y la segunda Cuadra, dos apellidos castellanos v¡ejos donde los haya. Corrales y Cuadra dijeron que Euskadi no es España.

Despenalizar la homosexualidad

Claro que hay que despenalizar la homosexualidad, sobre todo cuando nada menos que 40 Estados la castigan con penas severas, incluida en muchos casos la pena de muerte. Desde que la comunidad científica, representada por los colegios médicos de los Estados Unidos de América, declararon, a finales del siglo XX, que la homosexualidad no era una enfermedad, ya no hay ni siquiera esa sinrazón para penalizarla. Otra cosa es que algunos, es decir, ciertos poderosos grupos e instituciones de presión internacional, entiendan y deseen obligarnos con eso a llamar matrimonio a las uniones homosexuales  (parimonio, homomonio, o como quiera que podamos llamarlas con un nombre digno) u obligarnos a defender la conveniencia o la necesidad de adopciones legales por parejas homosexuales, y cosas por el estilo. No creo que ése sea el propósito del presidente francés, autor de una propuesta sobre la despenalización, todavía no bien precisada, cuando ni siquiera en Francia se ha seguido ese camino, y cuando la gran mayoría de los Estados miembros de la ONU son contrarios a tales iniciativas. No compliquemos más las cosas en un ámbito delicado y frágil, que no necesita más complicaciones.

Las torsiones de Richard Serra

El enorme escultor que es el artista norteamericano Richard Serra (San Francisco, 1938), con una producción extendida por todo el mundo, tiene una muy importante parte de la misma en la sala más amplia del Museo Guggenheim, de Bilbao, titulada La materia del tiempo. Cuando la vi por vez primera, de prisa y corriendo, sin mirar siquiera el folleto general ni el indicador de la sala, viví la experiencia simbólica de la exaltación o algo así del acero en el país de los Altos Hornos y de la zona minera y fabril que fue Vizcaya hasta hace bien poco tiempo. Del acero patinado, resistente a la corrosión y a la oxidación, en sus más variadas formas, amaestrado y dominado por el hombre, por el homo faber industrial. Sentí, incluso, el vértigo de su fuerza, de su envergadura, de su cerco y de su acoso, correteando entre sus curvas y sus laberintos, juego y aventura, encuentro con lo fascinante y lo terrible, amenaza y riesgo. Hoy, más sosegado y mejor enterado, y sin renunciar a esa vivencia personal, he recorrido la vasta muestra, como quiere el autor, como una experiencia del tiempo espaciado o del espacio temporal (no cronológico), entre las torsiones espirales y elípticas, cerradas y abiertas, abiertas y cerradas; la serpiente; los toros y las esferas, y el punto ciego, entrando y saliendo en/de lo interior y exterior, privado y público, experimentando el espacio y el tiempo comprimidos y expandidos entre las ingrávidas, y colosales a la vez, planchas de acero, diversamente oxidado, toda una gama de colores nacientes. Serra nos dice que se inspiró, para dar con la magia de las torsiones, en la iglesia de San Carlo Borromini, alle Quattro Fontane, de Roma, y aquí nos dejó uno de los mejores resultados de su rexlexión y de su arte. Quien haya vivido la experiencia religiosa (religadora con el/lo trascendente) en cualquier iglesia o catedral digna de la misma, entenderá mejor o vivirá de manera igual o parecida esa experiencia que sobrepasa el espacio y el tiempo y nos ayuda a superarlos, a trascenderlos.

Día de los derechos humanos

Hoy, día de los derechos humanos, muchos hablarán de aquellos derechos que más les interesan, cuando los derechos no son tales, si no van todos juntos y todos juntos se defienden y se promueven. Pero apenas nadie hablará de los deberes que llevan adosados esos derechos, y que no son sino los derechos correspondientes a todos los demás. De las reflexiones más autocríticas que he leído y oído estos días me llama la atención el que España sea uno de los cinco Estados europeos que no documenta los crímenes racistas cometidos en nuestro país. ¿Para que no digan que somos tan racistas como cualquiera? ¿Para no manchar aún más los crímenes, cada día más frecuentes en nuestras casas, calles y establecimientos? Por otra parte, ay de las pobres mujeres inmigrantes que denuncien violencias domésticas, o eso que llaman violencia de género. Porque, si no tienen papeles o los tienen a punto de caducar, corren el riesgo inminente de ser expulsadas junto a sus violentadores o violadores, a los que por fin, y en mala hora, por lo visto, han tenido la santa audacia de denunciar, según todas las de la ley.

La voz de los adolescentes

Del último libro de Javier Elzo, La voz de los adolescentes, sobre los adolescentes españoles, recojo varios puntos capitales: que adolescente, aparte la edad, es quien está anclado en el presente y no quiere salir de él, y joven quien es consciente de que su actual situación es transitoria; que los adolescentes son pocos, la mayoría hijos únicos, educados más en la defensa de los derechos  propios que en la asunción de responsabilidades, más en la promoción de valores finalistas (tolerencia, respeto….) y, en cambio, con graves fallos en la práctica de valores instrumentales (constancia, esfuerzo, compromiso…); viven y sufren la revolución familiar, con las madres que salen ahora de casa y los padres que siguen sin volver, convencidos ambos del prohibido prohibir del 68; sufren asimismo la ausencia permanente de referencias universales; reacios a asumir cualquier frustración y a diferir en el tiempo lo deseado en el presente, así como a aceptar cualquier límite, cualquier autoridad exterior; mal preparados para cualquier soledad nutricia y responsable; proclives a descargar cualquier responsabilidad en otros (padres, profesores, gobiernos) antes que asumir la impotencia propia ante las dificultades de la vida moderna; deseosos y necesitados de una familia convivencial; espontáneos, honrados, leales, veraces; desconocedores, en su inmensa mayoría, de Jesús, la religión es para ellos cosa de mayores, de otra generación…

Segunda Semana de Adviento

            (Is 10, 24-27) 

 En Sión no vamos a temer
ni el fusil cruel de los tiranos
ni los carros blindados de los ruidosos invasores,
porque Dios nuestro Señor
va a contener la mano voraz de los primeros
y detener la marcha triunfal de los segundos.
Nos librará por fin de su poder,
como quien quita una carga pesada de encima del hombro
o se retira el yugo compulsivo
de la humillada cerviz de los bueyes.
Nos asegura el Dios de los ejércitos.

Otra homilía cobarde

Uno siempre espera encontrar el aliento profético en la Iglesia de Dios, al menos en algún momento limite, como ha sido el caso del asesinato de Ignacio Uría en Azpeitia, un día feudo del carlismo y del integrismo y hasta ahora del peneuvismo. Pues, no, ni siquiera  ahí. Y eso que un diario bilbaíno enfatiza que nunca se había pronunciado una homilía tan dura. Por lo visto dura le ha debido de parecer  a una determinada agencia, a la que copian todos los diarios, que el prelado donostiarra haya dicho que «un hombre ha sido abatido como una pieza de caza«, frase que se repite en todos los ángulos de las noticia, como si fuera un lema bíblico. Qué heroicidad. Pero no ha dicho directamente que ETA, a la que nunca llama banda terrorista, lo haya cazado, no. Ni ha hablado de terrorismo y de terroristas, sino, a lo más de violencia, de violencia sangrienta, o de un abstracto terror, ni ha conexionado ETA, nombrada una vez, con terrorismo, ni ha pronunciado las malditas palabras crimen, criminales, asesinato o asesinos, y menos unidas al sujeto activo criminal. Ni ha habido la mínima autocrítica en torno al espeso silencio, a la cobardia ambiente, a la colaboración de todo género con los asesinos, al voto de una buena parte de la población dado a sus afines… Son temas tabús de todo nacionalista soberanista vasco, civil o eclesiástico, es igual. Y luego, como siempre la obligada compensación de la paz, la paz posible, que en un soberanista vasco significa siempe la negociación, el diálogo sin fin con la organización terrorista, la autodeterminación… Hace años escribí al obispo Uriarte lamentando su falta de fuerza y de espiritu proféticos, con motivo del funeral de otra víctima del terrorismo independentista. Me respondió de un modo poco convincente. Hoy mi decepción ya es habitual y, por lo que veo, irremediable. Desgraciadamente muchos no esperamos, en este punto, nada de esa Iglesia, llamada vasca. Y la decepción se ha extendido ya a otros muchos puntos, cuando no a todos, vista su actitud y su actuación en éste tan fundamental.

La Nación española…

..., deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:

    El fruto nutricio de esa voluntad, de ese intenso, común, noble y permanente deseo es la Constitución española.
    ¡Treinta enhorabuenas, treinta salvas de felicidad a nuestra Constitución española!