Carlos, en Bruselas

 

    En mis años de diputado europeo, aproveché también mis estancias en Bruselas para conocer de cerca Bélgica, y sobre todo Brabante y Flandes, y para re-correr y re-cordar la presencia política, social, cultural, militar y religiosa de España en aquellos territorios durante muchos años.

Cansado de luchar contra viento y marea, y viendo que era imposible mantener el Imperio de unidad religiosa, ejercido por él a lo largo de treinta años, dejó Carlos V en manos de su hermano Fernando el gobierno imperial y se retiró a Bruselas (6.II.1553), donde había pasado varios años de su adolescencia, cerca de su Gante natal. Fernando se vio obligado no mucho después a firmar la paz de Augssburgo (25.IX.1555), por la que el Sacro Imperio Romano-Germánico se nacionalizaba en una Alemania fraccionada: cujus regio, ejus et religio (cada región, su religión).

Carlos, en su semiretiro de Bruselas, se desengañó igualmente de su propia actuación política. Emperador del más vasto imperio que vieron los siglos y que habían de ver jamás, sintió íntimamente también  que Dios no le había dado el éxito que él esperaba, y entendiendo el poder más como deber que como placer, y no sin antes conseguir el matrimonio de su hijo Felipe con la reina María de Inglaterra (julio de1554), una pieza clave en su política de paz cristiana, en los dos años siguientes fue entregando a su hijo Felipe los reinos de España en Europa y América, y a su hermano Fernando el Imperio Romano-Germánico. El 18 de septiembre de 1556, se embarcó para España, camino del semi-retiro de Yuste