Los llamamos en algunos pueblos chinchurros (de txintxor, cascotes de piedra). Sus bellos nombres en castellano son carámbanos (de calamulus/calamus, plumitas, plumas), candelas, candelizos, candelones, calamocos, pinganellos y pinganillos.
» Erizados yelos del invierno».
Cuando las grandes nevadas de nuestra infancia y juventud, colgaban varios días de los rafes de nuestras casas. Eran a veces un peligro serio, y siempre motivo de contemplación y diversión. Cuando estaban bajos, jugábamos a romperlos con grandes palos.
Son los tirabuzones que se hace la nieve cuando tiene reposo para componerse: durante siglos y en el campo.
Estalacticas de imitación.
Buídos dedos del hada blanca que recorre los bosques, los prados, los montes y los valles.
Diseños para el arpa del invierno.