Por vivir de las partes
y no del Todo,
aunque todo me sobra,
me falta todo.
Por vivir de las partes
y no del Todo,
aunque todo me sobra,
me falta todo.
– El otoño saca los colores a los árboles y plantas de la Tierra.
– Los dados dan, nunca están dados.
– ¿Cómo será la dentera de quien no tiene dientes?
El profeta David
tocó el acorde secreto,
y, arrepentido
por lo de Urías y Betsabé,
cantó el Aleluya
y agradó a su Señor.
La santa paloma.
en forma de amor, también
cantó el Aleluya.
Si, ya muerto,
escuchas un llanto en la noche,
es que has visto la luz por fin
y has oído un cálido y pleno
Aleluya.
¿Quién comparte mejor en España con Donald Trump su teatralidad y sus tácticas retóricas? ¿Quién se envanece, como él, de una íntima conexión con las clases populares? ¿Quién se ufana, como él, de hablar permanentemente en nombre del pueblo? ¿Quién anuncia, como él, el colapso del sistema? ¿Quién imita mejor su aversión a las estructuras fundamentales de lo existente, de todo aquello en que se basa nuestro modo de vida? ¿Quién se empeña a cada paso, como él, en devolver el poder hurtado al pueblo? ¿Quién repite a menudo, como él, la denuncia de los que han ensuciado la dignidad nacional? ¿Quién amenaza con frecuencia, como él, con expulsar a todos los impuros que no comulgan con su pretendido, pretencioso y oportunista esencialismo ético? ¿Quién?
Entre los centenares de canciones, serventesios, albas, tensons, sermons, plantos… de los trovadores provenzales que voy leyendo para mis trabajos sobre el clericalismo-anticlericalismo de la Edad Media, elijo como muestra, al menos, uno. Es el más breve que he encontrado, y, además, anónimo, del siglo XIII. Es del género alba, canción de amor que contempla a los amantes, casi siempre irregulares, sorprendidos al amanecer, avisándoles del peligro que corren:
Quan lo rossinhols escria
ab sa par la nueg e.l dia,
yeu suy ab ma bella amia
jos la flor
tro la gaita de la tor
escria: «Drutz, al levar!
qu´ieu vey l´alba e.l jorn clar».
(Cuando el ruiseñor gorjea / con su compañera noche y día / yo estoy con mi hermosa amiga / junto a la flor / mientras el vigía de la torre / grita: «¡Amantes, a levantarse! / que veo el alba y el día claro»)
Ahora que muchos estamos bajo el choque de la victoria democrática de Trump en los Estados Unidos de América, una de las cosas más útiles es recordar y agradecer la labor del actual presidente norteamericano, el demócrata negro Barak Obama. en estos últimos ocho años de su mandato, desde el momento mismo de su jaleado triunfo en noviembre de 2008, que tanto nos entusiasmó. Entonces llegó a una marca de 69 % de popularidad y hoy sigue aún con el 54 % . A Obama no se le puede negar una activa presidencia dentro y fuera de su País, su presencia personal constante en todo el mundo y su empeño por llevar a cabo el ambicioso programa que echó sobre sus hombros. Claro que él no ha acabado ni podía acabar, primer presidente negro y premio Nobel de la Paz, ni con la pobreza, ni con la desigualdad y discriminación de los suyos, ni tampoco con las guerras en el mundo. Pero, contando con la permanente obstrucción de los republicanos desde 2010 en la Cámara y que desde 2014 tuvieron mayoria también en el Senado, consiguió poner en marcha un plan de estímulo económico, creando más de 11 millones de empleos y reduciendo el paro al 4´9 %: consiguió aprobar la Ley de Atención Sanitaria Asequible; dejó preparada la nueva política de distensión y acuerdo con Cuba tras cincuenta años de fracasos; acabó con Osama bin Laden (sin lanzar un misil, mucho más mortífero, contra su residencia) y luchó más que nadie contra Al Quaeda y el Estado Islámico, sin declarar ninguna nueva guerra y hasta poniendo un cierto orden en la utilización de los drones; consiguió que la dictadura de Siria dejara de emplear armas químicas; puso firme en varias ocasiones al déspota Putin… Alcanzó un acuerdo con la República islámica de Irán; ha mejorado mucho las relaciones en toda Iberoamérica y con la Unión Europea; se afanó por las energías limpias y en contra de los efectos perniciosos del cambio climático; avanzó un plan innovador en lo que a la inmigración en USA se refiere; resolvió bien la crisis del ébola y el estrago del derrame del petróleo de la compañía BP en el Golfo de Méjico… No ha conseguido, es cierto, la firma del TTIP con la Unión Europeo; lleva la mancha del espionaje indiscriminado a muchas personas en todo el mundo; no ha impulsado avances en la cuestión de Palestina ni en la del Sáhara… Con todos sus vacíos, errores y torpezas, ¡gracias, presidente Obama!
David Gelernter, 61, de origen judío, profesor de Yale, filósofo y uno de los genios de la computación, autor de Las mareas de la mente, intenta poner las cosas en su sitio, los puntos sobre las íes y un poco de claridad en las relaciones entre la racionalidad, la conciencia y la inteligencia en su conjunto, sentimientos y emociones incluidos. Ante la frivolidad de ciertos científicos pretenciosos que quieren comparar los animales y hasta las máquinas con los seres humanos, el sabio norteamericano afirma rotundo que el ordenador nunca alcanzará una conciencia como la humana, no tendrá un modo consciente, no experimentará emociones y nunca estará en condiciones de vivir el mundo o de imaginar nada. Los ordenadores, escribe, pueden simular pero no vivir la realidad. Los partidarios de la supermente informática se han corrompido intelectualmente por fantasías de poder, pero también por la cantidad de dinero que mueve el negocio del procesamiento de datos. No muy lejano a las lecciones que hace muchos años nos dio Zubiri, Gelernter nos repite que la racionalidad es solo un segmento de la mente humana, junto con otros segmentos, todos ellos unificados, como la voluntad, los sentimientos, la memoria, la imaginación… Por eso disitinguen algunos el pensamiento racional del estético o emocional, y los dos forman lo que yo siempre llamo la inteligencia humana. Pero, segun Gelernter, muchos científicos desprecian estas complejidades y acaban siempre intentando racionalizar el pensamiento, hacerlo mero cálculo, cuando es imposible explicar el sentido artístico, por ejemplo, mediante una serie de procesos bioquímicos o neurofisiológicos en el cerebro. Frente a los que reducen la inteligencia humana a pensamiento racional, a razón, el sabio judío replica que es la conciencia, la capacidad autorreflexiva del intelecto, cosa que ni los animales ni los mejor equipados robots pueden poseer. Ninguno de los dos puede generar subjetividad, mundo interior, vida espiritual propia. Aunque la eficiencia de la máquina, como la potencia de los motores, sea indefinida, no estamos ante la creación de una mente sobrenatural. Ni hemos dado por fin con la piedra filosofal. Con expresiones más literarias que filosóficas nos dice que cuerpo y alma se reflejan el uno en el otro. Yo prefiero decir, siguiendo el pensamiento hebreo clásico, que se trata de un cuerpo almado o espiritualizado y de una alma corporeizada, que no pueden vivir el uno sin la otra, ni ésta sin aquél. Escribe igualmente Gelernten que la conciencia es a un tiempo lo visto y lo que ve, lo observado y el observador-. Una lección necesaria, viniendo sobre todo de quien viene.
Sortu, que es la nueva marca de Herri Batasuna, ha prometido a los suyos constituir la República Confederal Vasca para el 2026, despues de arreglarselas para configurar con ese proposito las tres realidades políticas de Euskadi, Navarra y lo que ellos llaman Euskal Iparralde. Bien. El entonces burukide Xavier Arzallus prometió a los suyos a mediados de los noventa conseguir la independencia de Euskadi en 2004. Poco más o menos, con un anticipo de una década. Como ahora. Lo que parece olvidar la nueva sigla Sortu, como en aquel momento aciago un ciego Arzallus, es que administrar bien la no independencia es mucho más rentable que administrar la indepenencia o la amenaza de la misma. Porque administrar la no independencia, siendo independentistas teóricos, tiene muchos más variantes y muchos mejores resultados. Un día, los fueros, otro, la nación foral, antes, la unión en la Corona, ahora, el Estado confederal, más tarde hasta un Estado Libre Asociado, fracasado éste, un nuevo statuts politico… Y, mientras tanto, todo sigue igual institucionalmente y puede seguir por los siglos, pero se mantiene la mayoría relativa, se conserva el Gobierno, se vive bien, se queja cuando hay que quejarse, se sigue en el Congreso y en el Senado, se reciben todas las subvenciones posibles, se le invita al rey de vez en cuando, se dicen perrerías del Gobierno de turno, se pacta con él cuando conviene, ya se sabe que Españaa siempre es mala, ya se sabe, pero en Euskadi que desgraciadamente es España se vive muy bien; fuera de España hace el frío que hace fuera de Europa, y Euskadi no es Catalunya. Y así, por los siglos de los siglos…
Llueve otoño, esta mañana, en los viejos hayedos.
Huele a otoño mojado.
Suena a otoño llovido.
Llueven hojas maduras,
rojas, sienas, ocres, amarillas,
castañas, tabaco y oro.
Las hayas blancas,
altas, gigantescas,
entre helechos y eleboros,
y el musgo compasivo,
parecen huir por la pendiente
y refugiarse
en los brazos del hada de la niebla.
Solo el paso quedo de la lluvia,
diosa protectora del bosque,
rompe el silencio original.
¿Por qué hacer propaganda ideológica es correcto y evangelizar no lo es?, preguntaba y se preguntaba sabiamente la periodista catalana Pilar Rahola, hace dos semanas, en un inédito pregón del DOMUND en el templo de la Sagrada Familia de Barcelona. Rahola cantó admirablemente la vocación misisonera de miles de cristianos y la muerte gloriosa, martirial, de muchos de ellos, en concreto la de su paisana, y en esta bitácora recordada, Isa Solá, asesinada hace unos meses en Haiti. Todo el pregón merece una lectura atenta y agradecida. Como es bien sabido, la periodista pregonera no es cristiana, se declara agnóstica, y fue duante años una personalidad importante de Esquerra Republicana de Catalunya. Sinrazón que ha bastado para que algunos bellacos hayan criticado la encomienda del pregón a tal pregonera, olvidando, como ha dicho el nuevo e inteligente arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, que la evangelización no siempre la hacen los obispos y sacerdotes, y que, encontrándose con gente de afuera, con aquéllos que no se consideran creyentes, pero tienen una actitud positiva, concretan así un mensaje fundamental de Benedicto XVI, cuando hablaba de los nuevos areópgaos y de establecer diálogo con los que no están dentro de la Iglesia. Todo un paso audaz del director de las Obras Misionales Pontificias de España, Anastasio Gil, y de la Iglesia de Cataluña, con el arzobispo Pujol de Tarragona y el nuevo arzobispo de Barcelona al frente.