Archivo del Autor: vmarbeloa

Últimos aforismos

 

–  Y los homosexuales que no tienen armario en sus casas, ¿de dónde pueden salir, si quieren salir un día?

Las jirafas, que duermen sólo siete minutos diarios, duermen siempre de pie para dejar sitio a otras compañeras, y, al mismo tiempo, por no tener que arreglar el camnastro para tan poco rato.

Todos cantan la diversidad -es la moda- y nadie la unidad. Pero ¿qué es la diversidad sin unidad? Un caos de partes sin todos. Nada importante ni estable.

El sexo, parte de uno con Dios

 

        Así  lo expresa, en una entrevista de última hora, cuando le preguntan sobre el dilema de elegir entre el amor humano y el sexo frente a la unión con Dios, el poeta nicaragüense, mundialmente reconocido, Ernesto Cardenal: Hay una mística que dice que el sexo es parte de uno con Dios. Lo que dice después es también muy significativo: Yo esto lo comencé a descubrir mucho tiempo después. Me doy cuenta de que, si lo hubiera descubierto antes, no hubiera entrado a la vida religiosa, no hubiera sido célibe; hubiera tenido una familia, y entonces hubiera tenido menos contacto con Dios y menos compromiso político.

Renoir en el Bellas Artes

 

Miraba Renoir las flores, las mujeres y las nubes,
como si las tocara y las acariciara,
según su hijo, el cineasta Jean.

Ver su nutrida exposición de cuadros
es una alegre prueba de su prodigio táctil,
de su empatía humana y natural.

Miércoles de ceniza

 

Los más bellos hayedos de Navarra
tienen ahora color de ceniza.
Los días grises de marzo
se parecen mucho a la ceniza.
Ceniza son los años más ardientes
quemados por la vida.
Cenizas es el hombre
pasado por las llamas crematorias.
Ceniza es el futuro de la Tierra
antes que el padre Sol desaparezca.
Cenizas los sueños y esperanzas
del hombre pretencioso y natural.
Dios solo, el Dios de vivos,
y no de muertos,
puede hacer de las cenizas
el fuego vital y vivador,
que por siglos no se acaba.

 

José María Corella

 

          Hijo del escritor y poeta Faustino Corella, cofundador de Pregón, carlista y con muchos años en el Seminario de Tarazona, José Mari, como todos le llamábamos, heredó su pasión por la literatura, por la historia, por Navarra, y se abrió a los más vastos horizontes de la vida. Su profesión de economista le llevó a conocer muchos mundos de cosas y sobre todo de personas. Recuerdo con qué agradecida simpatía me hablaba del consejero socialista Tajadura, a cuyas órdenes trabajó como administrador del hospital Reina Sofía, de Tudela, y cuántas veces me expresaba su inquietud por la deriva del PSOE, convencido de la inmensa utilidad de una verdadera socialdemorcia en España, al estilo de las que él conocía en Europa. Le conocí tarde, como colabordor  externo de la revista, pero intimamos pronto y tuve la suerte de enconrtrarme muchas veces con él y otros amigos para conversar sobre Pregón, sobre literatura, sobre política, y para  estudiar proyectos comunes, alguno de los cuales no pudo llegar a puerto. Cuando todavía estaba relativamente bien, me entregó el borrador de un libro de crítica literaria, para que fuera preparando el prólogo. Hombre de mucho genio en el sentido total de la expresión, José María Corella ha sido una de las personas que más me han animado en los últimos años. No me atrevo a citar aqui, por elemental pudor, algunos de sus correos, elogiando mis escritos o el último premio Cadenas de navarra. Pero sé que así era con todos sus amigos y colaboradores. Conversador amenísimo, cultísimo, pleno de humor, empapado siempre de las últimas novedades francesas, la última vez que le visité, en Navidad, en compañía de su gran amigo José javier Viñes, me regaló el último libro de Luis Álvarez Junco sobre naciones y nacionalismos, que era uno de sus temas preferidos, y a él le dediqué, en mi último correo, el artículo crítico que escribí sobre esa obra. Últimamente, era difícil encontrar un buen día para poder visitarle y hablar con él: sobrevivía ahogándose y desahogándose, atado a la epoc obstructiva y progresiva. Ha sido valientísimo en esa larga prueba. Que Dios, en quien mucho creyó, le dé su luz y su aire vital y creador.

¿El cristianismo parecido a una jaula?

 

     John Martin Sahayananda es un monje benedictino indio, enriquecido por el hinduismo y la tradición védica, que suele visitar España una vez al año. Radicalmente crítico con una forma de vivir el cristianismo genuino, que es el Reino de Dios, que más bien le parece una tumba, en la que la gente entra y nunca sale: El cristianismo es una religión excluyente, pues ofrece el mensaje de Jesús de un modo muy exclusivo. (…) De hecho, cada Iglesia lo presenta de un modo distinto, aunque ninguno en su plenitud. Creo que los cristianos hemos sido injustos con el mensaje de Jesús. que transformó la religión en un nido, lo que facilita la evolución espiritual de los humanos. Desgraciadamente, el cristianismo se ha convertido en algo parecido a una jaula, donde los cristianos quedan encerrados. Para Sahayananda, al revés que en la espiritualidsd basada en la religión, en la basada en el Reino de Dios, Dios está en primer lugar, luego los hombres, y después la religión, que debe estar al servicio de los hombres. Partiendo de la tradición védica, de los Upanishads, atribuye a Jesus, y con él a todos los cristianos, cuatro estados de conciencia: la  individual, la colectiva, la universal (donde ya no hay ideales ni personas, donde cada uno es. en unidad con toda la creación), y la unitaria: cuando sólo Dios es, y cada uno es uno con Dios. – Difícil de entender para los occidentales, excepto para los místicos, que hablan el mismo lenguaje: ser uno con Dios, como Jesús; ser como él camino, verdad y vida, plenitud de su mensaje: el Reino de Dios. El cristianismo, como institución, según el benedictino indio, pone trabas a este camino. Esta no es la Buena Nueva.

Unidos en la corrupción

 

            Un lector anónimo, que participa en uno de los comentarios habituales de los lectores de El País, en torno, en este caso, a la noticia del último descubrimiento de la corrupción en la antigua Convergencia de Cataluña, escribe, entre humorista y consternado, pero genialmente:

¡¡No os podèis independendizar!! ¡¡Sois como nosotros!! ¡¡Unidad!!

Identidades negativas

 

          Cuando veamos a personas individuales o en grupos vivir intensamente, a veces ostentosamente, su identidad personal, política, social…, preguntémonos contra quién o quiénes la están viviendo así. A menudo la viven contra alguien o contra algunos; en oposición a la identidad, la personalidad, la ideología de otros; para atacarlos directamente o indirectamente, o para defenderse de ellos con el mismo ímpetu. No saben ser ellos mismo, con ellos mismos, en ellos mismos, para ellos mismos, o, extensivamente, para otros. Su identidad propia, débil, inmadura o inexistente, es una contra-identidad. Las declaraciones de las personas públicas más recogidas en los medios de información son siempre aquéllas dirigidas contra enemigos o adversarios. Los aplauosos más nutridos son siempre para aquellas expresiones de los oradores que dan leña a alguien, se meten con alguien, arremeten contra alguien, no dejan títere (alguien) con cabeza. Contra-hombres. Anti-patriotas. Ciudadanos del no o Ciudada-noes.

La nieve de día

 

           En la ejemplar novela de John Williams, Stoner (1965) sobre el vivir y el desvivir de un profesor de literatura inglesa en la universidad de Columbia en la primera mitad del siglo XX, hay un momento descriptivo sobre una vivencia de aquél en el silencio de una noche invernal, luminosa de nieve, que refleja bien, como otros muchos pasajes, la excelsa calidad del relato: Nada se movía sobre la blancura; era una escena muerta, que parecía tirar de él para absorber su conciencia justo mientras extraía el sonido del aire y lo enterraba bajo una fría y blanca suavidad. Se sentía atraído hacia fuera, hcia la blancura que se extendía tan lejos como le alcanzaba la vista y que era una parte de la oscuridad de la que relucía bajo el cielo claro y sin nubes, sin altura ni profundidad. Por un instante pensó que abandonaba su cuerpo, que permanecía sentado quieto frente a la ventana y mientras sentía que se deslizaba, todo -la lisa blancura, los árboles, las altas columnas, la noche, las lejanas estrellas- parecía increiblemente pequeño y distante, como reducido hasta la nada.- Algo parecido sentía yo, extasiado ante las altas montañas nevadas del Pirineo central, sólo que bajo el sol radiante a ratos y a ratos la nevisca y las traviesas brumas nivosas; el ascender y descender de los coloridos esquiadores; el constante movimiento de la gente que buscaba el máximo placer; el griterío candoroso de los niños como en el princpio de una creación; el frío nival e inocente de febrero, y una inmensa alegría cósmica, que parecía envolvernos, elevarnos y purificarnos  a todos.

Bonjour tristesse

 

Adieu tristesse. / Bonjour tristesse.

Así comienza el célebre poema de Paul Eluard. Y luego: Tu es inscrite dans les yeux que j´aime (Estás inscrita en los ojos que amo). Por eso, si está la tristeza tan íntimamente unida a unos ojos amados, ese rostro será muy bello. De ahí, el  último verso del poema:

Tristesse, beau visage (Tristeza, hermoso rostro).