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El virus de la Corona

 

                 Ha hecho bien, muy bien, el rey Felipe VI en renunciar a la herencia económica de su padre e, incluso, en suprimir la asignación económica oficial de este, tras lo sabido sobre sus cuentas extralegales en Suiza o donde sea. Se ha quitado asi, de un buen manotazo, no el Corona-virus, que eso es imposible, pero sí el virus de la Corona, en que el rey emérito se había convertido.

Tercer Domingo de Cuaresma

 

         Jer 7-21; 9, 1-8

 

No escuchamos tu voz,
antaño dirigida a nuestros padres:
que serías nuestro Dios
y nosotros tu pueblo,
leal a tu palabra.

Nos volvimos de espaldas a tu rostro,
guiados por la necia pertinacia
de nuestros corazones.
No escuchamos el clamar de tus profetas
ni sus claras palabras
que hablaban en tu nombre.
Atiesamos la cerviz
y fuimos peores que todos los ancestros.

Siervos de nuestros ídolos,
hatajos de traidores,
dispararon nuestras lenguas mentiras y calumnias
hiriendo a la verdad,
cultivando la costumbre  del fraude y el engaño.

Merecimos tu castigo,
oh Dios de nuestros padres.

Voces que te han cantado (II)

 

(Del libro del mismo título (1970), de Paulina Crusat)

 

Himno al Señor mi Dios en la enfermedad

              (John Donne (1572-1631)

 

Ya me encamino al palacio Sagrado
donde, unido a las filas de los santos,
tu músico seré. Mientras me acerco,
voy afinando mi instrumento
y ensayo desde ahora lo que luego he de hacer.

(…)

Señor, creemos que Paraíso y Calvario,
la Cruz y el Árbol de un mismo suelo se alzaron.
Quisiera mirar en mí a uno y otro Adán.
El sudor del primero corre por mi semblante:
permite que la sangre del segundo me abrace.

Vestido de su púrpura recíbeme, Señor;
por sus espinas dame una corona.
Y, pues que predicar fue aqui mi profesión,
sea el que sigue el tema de mi último sermón:
«Cuando el Señor derriba, es para alzarnos luego».

 

 

«Revuelta de mujeres en la Iglesia»

 

     Ese es el título de la plataforma de mujeres, que el 1 de marzo de este año se congregó ante los muros  y la valla de la catedral de la Almudena de Madrid -600 personas-, con réplicas menores en Barcelona, Valencia, Sevilla o Zaragoza. Al grito de ¡Basta ya!, y entre muchos aplausos, se proclamó el manifiesto de las entidades firmantes, femeninas en su mayor parte, pero también de movimientos apostólicos: la JEC o la JOC. Con reivindicaciones tales como el acceso al diaconado y al presbiterado, la teología feminista, una nueva moral sexual, la diversidad de las familias y orientaciones sexuales…, y con críticas a la discriminación de la mujer, al autoritarismo y  a múltiples formas de injusticia e invisibilización.

Entre lecturas del Evangelio, danzas, cantos, cuentacuentos y oraciones, evocación de mujeres trasngresoras y silenciadas -comenzando por María de Nazaret y María Magdalena y acabando por Edith Stein-, y un quita y pon de pañoletas violetas, clamaron por una profunda reforma de la Iglesia, por la igualdad como costumbre, por un proceso imparable de feminización en las comunidades católicas… Alguna de esas teólogas rebeldes llegó a exclamar: ¡Nos han robado la palabra, nos han robado nuestras raíces!

Nieve fascinadora

 

Buscamos la nieve.
Subimos a la nieve.
Contemplamos la nieve.
Veneramos la nieve.
La albura de la nieve,
la blandura de la nieve,
la tersura
,
la ternura de la nieve.
¿De dónde viene la nieve?
De arcangélicos molinos,
respondió el poeta.

Nada tan cerca de los ángeles
-ángeles literarios, terrestres o celestes-
como la nieve.
Nada tan bello como la nieve.
Ni tan silente.
Ni tan nutricio como la nieve.

Miramos arrobados monolitos de nieve,
picos, sierras, cantiles, simas, vértigos de nieve,
bosques, prados, jardines, páramos de nieve,
fuentes, ríos, cascadas, piélagos de nieve,
un cielo de nieve,
un sol de nieve, de blanca luz borrosa,
y juguetes de nieve,
ascensores de nieve,
jugadores de la nieve…

Queremos ser altos como la nieve.
Puros como la nieve.
Nuevos como la nieve.

Dios no es la nieve,
pero cómo nos evoca a Dios
la nieve…

 

Anayet y Panticosa, marzo 2020.

Vías de inmigración (y II)

 

         Mussie Zerai es un sacerdote eritreo que, a los 15 años, llegó a Roma buscando a su padre, y allí supo que se había ido a Nigeria. Fue clandesino durante mucho tiempo hasta que se fue al seminario. Ha fundado la agencia Habeshia para la cooperación del desarrollo y se dedica, además de atender a personas migrantes y a sus famiiias, a llamar a Salvamento Marítimo en  Italia y en Malta para impedir inminentes naufragios. Con su teléfono móvil se calcula que ha salvado a 200.000 personas. Por eso está siendo investigado por la fiscalía de Trápani, ¡acusado de favorecer el tráfico de personas! En 2015 fue nominado al Premio Nobel de la Paz y, tres años depués, ha recibido junto con Helena Maleno el Premio Mundo Negro a la Fratenidad.

Zerai piensa, en una entrevista concedida a la misma revista, que  lo prioritario es en este momento abrir corredores humanitarios que ofrezcan una posibilidad legal de migrar a Europa. a los  refugiados de verdad. Lo ideal sería qe se pudieran presentar la solicitudes en África ante las oficinas de ACNUR (Alto Comisariado de la ONU para los Refugiados). Europa podría enviar a esas oficinas personal cualificado para verificar el cumplimiento de los requisitos de los solicitantes: perseguidos por diversos y serios motivos: personas que huyen de la guerra, de las hambrunas… Y así se evitaría la terrible peregrinación por mar y por tierra y la mortandad de miles de infelices.

En cuanto a los inmigrantes económicos, cada país europeo podría decir cuántos trabajadores necesita cada año y de con que características. Esas misma oficinas podrían cofeccionar listas para la asignación del número de trabajadords solicitados por año y por país. Aunque la verdadera solución, según Zerai, es trabajar a largo plazo en África: suspendiendo la venta de armas a los países en guerra; no comprando minerales como el coltán, el uranio o el petróleo, a países en guerra o que empleen menores esclavos en la explotación  más intensa con los países que respeten los derechos humanos y ejerzan la gobernanza democrática.

Por desgracia, Europa tiene ahora competidores en África, como China, Rusia, India o Brasil, que no se andan con remilgos y que repiten, más o menos, la vieja política depredadora de la Europa colonial. Por eso la misión de Europa hoy es mucho mayor  y mucho más exigente dentro de la Unión Europea y en el seno de la ONU.

Vías de inmigración (I)

El doctor en biología y catedrático en la universidad de Salamanca, José Ramón Alonso, ganó, el año pasado, el premio Enrique Ferrán de la revista El Ciervo, con el artículo La puerta dorada. En ese trabajo recuerda que todos somos hijos de migrantes. Él mismo está convencido de que en su sangre hay rastros de un legionario romano, de algún árabe y hasta de un vikingo, cuando no, quién sabe, de griegos, africanos, eslavos, libaneses, alemanes, ingleses, fenicios…  Pone el ejemplo de los Estados Unidos de América, el país que lidera el mundo, que ha sabido integrar a migrantes de todo el mundo. Muchos siglos antes, la civilización -la escritura, el arado, las barcas de vela, las matemáticas, la astronomía-, nació en Mesopotamia, país entre ríos, sin defensas naturales, cruce de pueblos e imperios. Europa , en su mejor vesión, ha sido territorio de encuentro, acogida y futuro. Hace poco, con Ángela Merkel al frente, Alemania dio ejemplo al mundo. Y él mismo, que vivió en ese país como investigador joven en un hospital, encontró la ayuda y la solidaridad de un grupo de gallegos que trabajaban allí desde los años sesenta…

Finalmente, pone como ejemplos de migrantes famososo a Einstein; al domador de la penicilina, Boris Chain; a políticos norteamericados famosos, como Madeleine Albright o Arnold Schwarzengger. Y recuerda el poema que lleva grabado en bronce la estatua de la Libertad en el puerto de Nueva York:

Dame tus cansados, tus pobres, tus masas amontonadas que anhelan respirar libres, a los desprecidos de tus cogestionadas costas. Enviadme a estos, los desposeidos, basura de la  tempestad. ¡Levanto esta lámpara junto a la puerta dorada!

¡Ya no somos ni mujeres ni hombres…!

 

       La revolución de las mujeres, es decir, el movimiento mundial en pro de la dignidad y de los derechos de la mujer, es uno de los signos primordiales de nuestro tiempo y uno de los más prometedores en un próximo futuro. Su éxito es innegable, por mucho que quede por hacer todavía.

Pero, como en todo movimiento plural y complejo, conviene distinguir  bien los planos y las realidades. Basta con leer las crónicas de hoy sobre las manifestaciones de ayer, Día de la mujer trabajadora, en todo el mundo, y especialmente en Madrid, para poder aclarar las muy distintas concepciones y proyectos dentro del movimiento feminista. Como dentro del movimiento pacifista. O ecologista. O cooperativista.

Hace  no mucho tiempo nos enteramos de la expulsión de la coalición Izquierda Unida del Partido Feminista, fundado y pilotado desde 1977 por la dirigente comunista, víctima del franquismo, abogada, doctora en filosofía, periodista, autora de varios libros, la catalana Lidia Falcón, acusada, entre otros cargos, de odio a determinados grupos de feministas. ¿Y qué sostenía Falcón? ¿O de qué se quejaba? Pues de que determinados grupos feministas de hoy, como la Federación Plataforma Trans, quieran que desaparezcan las mujeres; de que se hable  solo de progenitores gestantes y no gestantes; de que no haya, según esos grupos, ni padres ni madres, ni mujeres ni varones; de que se diga que no se nace con un sexo, sino con un género, abriendo la puerta hasta a legalizar la trata de mujeres para alquilar úteros que fabriquen niños…

Ya no somos mujeres ni hombres, ni padres ni madres -escribía Falcón tras su expulsión de IU-; son los trans los que van a dictar la ética, la política y la estrategia del feminismo. (…) Ya no no tiene sentido nada, ni el óvulo ni el esparmatozoide. (…) Cualquiera va a poder ser o cambiarse de sexto cuando quiera.

Segundo domingo de Cuaresma

 

                           Jer 3, 1- 4, 4

 

   Tierra manchada somos.
En todos los calveros
y a la vera de todos los caminos
vendimos nuestras almas
a los ídolos de moda.

No hubo lluvias en otoño
y faltó lluvia tardía.

Pero Tú, Señor, eres piadoso
y no guardas rencor para siempre.
Aquí nos tienes, de vuelta a ti,
pues eres nuestro Dios.

Eran falsos nuestros ídolos,
monstruos abominables.
Falsas sus promesas.
Falsos sus proyectos.

Buscaremos de ahora en adelante
la verdad, el derecho y la justicia.
Labraremos nuestros áridos barbechos
y no sembraremos
de nuevo
sobre cardos.

 

Vencer el miedo

 

           Julián Carron, presidente de Comunión y Liberación, toma pie de la sacudida emocional y de la emergencia sanitaria internacional que ha provocado el corona-virus para recordar una frase de su fundador don Luigi Giussani  de que la fuerza de un sujeto radica en la intensidad de su autoconciencia. Porque el enemigo contra el que nos vemos combatiendo  no es el virus, sino el miedo, un miedo que nos descompone y nos desborda, nos desconcierta y hasta nos hace  perder los estribos.

Cada crisis, según Hannah Arendt nos obliga a volver a las preguntas, es decir, a nuestra autoconciencia y a nuestra relación con la realidad. ¿Qué puede vencer el miedo? Y así como el miedo del niño sólo puede ahuyentarlo la presencia de la madre, sólo la presencia del Dios que entra en la historia puede vencer el miedo profundo que paraliza el fondo de nuestro ser. También la presencia de las personas en las que se documenta la victoria de Dios, su presencia real y contemporánea, y por ello un modo nuevo de afrontar las circunstancias, lleno de una esperanza y de una alegría normalmene desconocidas, y a la vez orientado a una laboriosidad indómita.

Sólo una esperanza pofunda puede hacernos capaces de afrontar las circunstancias sin huir, de liberarnos del miedo, usándolo incluso como materia de trabajom, y de ayudarnos a recomenzar la vida, sin que la sospecha y el temoer al contacto con el otro no sean la última palabra.