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Voces que te han cantado (III)

 

(Del libro del mismo título, de Paulina Cruset (1970)

 

                                     Aridez

(Michael Field: Katherine Bradley y Edith Coopen, s. XIX-XX)

 

Alma, ¿no lo entiendes?
No te dejan sola
a que aúlles y gimas por el amor ausente,
como un perro. Eres un libro
que Él dejó en el cuarto de donde se ha ido
y al que vuelve pronto:
el libro amado que Él miso eligió-
y que espera tranquilo su mano,
que tranquilo espera sus ojos,
tranquilo espera su voz.

¿Los perros, privilegiados?

 

            Si los perros y sus dueños son una excepción en la regla general del confinamiento durante el estado de alarma por la pandemia del corona-virus, ¿no debieran serlo las personas que sufren la enfermedad neurodegenerativa del alzheimer u otras similares, que necesitan salir de la actual reclusión?

¿No debieran las asociaciones de médicos, psicólogos, psiquíatras, convencer a las autoridades sanitarias y políticas de una nueva excepción, más necesaria si cabe?

Las Fuerzas de Seguridad y el Ejército

 

       Conocemos la condición humana y a estas alturas de la historia no nos hacemos demasiadas ilusiones sobre ella. Pero sabemos también que en ciertas circunstancias puede mejorar o empeorar. Estos días, donde la falta de noticias normales es casi total, escritores de toda especie nos animan augurando un cambio general a mejor en los usos y costumbres como efecto de la pandemia. Dios les oiga.

Una de las mejoras previsibles en nuestra vida nacional podría ser la mayor y mejor estima  por parte de la ciudadania (de la gente)  acerca de  nuestras Fuerzas de Seguridad del Estado (Guardia Civil y Policía Armada) y sobre todo del Ejército, dada su ingente, generosa, universal participación dentro del estado de alarma, en los puntos más conflictivos y delicados de la crisis: hospitales, clínicas, residencias, desinfección de edificios, orden público, custodia y protección de  infraestructuras…

Casi siempre víctimas de escasos presupuestos, todavía con la tacha de la Dictadura sobre sus espaldas, blanco predilecto por su propia función de separatistas, independentistas y antiespañoles de todo género, la bien ganada fama durante los últimos años dentro y fuera de España  en la mayoría de la población puede acrecentarse, y mucho, vista su actuación extraordinaria contra la expansión de la pandemia. La gratitud a los cuepos sanitarios va de suyo. Siempre, aunque ahora más, es fácil reconocerla. La gratitud, en cambio, a todas las Fuerzas Armadas, fuera de una guerra patriótica o de una guerrilla terrorista, como la de ETA, suele estar más en el aire. Ahora está muy pegada al terruño, a la nerviosa actualidad de cada día. Alegrémonos de ello.

Arengas de propaganda

 

         Escuchamos con atención y respeto, incluso con reconocimiento agradecido, los dos primeros discursos o alocuciones del presidente del Gobierno. Así como la más plana y ulterior intervención del rey. Pero ayer, domingo, la última perorata de Pedro Sánchez se nos hizo a muchos insufrible. Por repetitiva, difusa, acrítica, imprecisa, propagandística. No se puede abusar del estado de alarma, cuando el Gobierno tiene todos los poderes y están mudos el Congreso y el Senado, para hacer, de parte, una serie de comentarios, vengan o no vengan a cuento, seguidos de preguntas fáciles o elegidas de entre los medios más cercanos a ese Gobierno. Y sobre todo cuando cada día hay una o varias ruedas de prensa de los técnicos y políticos que llevan la dirección real de la gobernanza del país.

A los más adversos al Gobierno de coalición las últimas peroratas, logorréicas, de Pedro Sánchez les recuerdan las de Castro o Maduro: Aló, presidente. Een este momento cualquier exceso de cualquier parte es nocivo para todos. Porque, por encima de todo, debiéramos aspirar a reforzar la unidad nacional, que  tanta falta nos hace: la convivencia fructífera en todas sus expresiones.

Cuarto Domingo de Cuaresma

 

                                Am 1-9 y Os 6, 1-6;14, 2-9

 

Vendimos al justo por dinero
y al pobre por un par de sandalias.
Oprimimos a los débiles.
Convertimos en ajenjo el derecho
y tiramos por tierra la justicia.
Todo ello lo ocultamos con fiestas religiosas,
con muchas ceremonias y liturgias,
con canciones y salmodias, que nada te decían.
Nuestro amor por Ti
no fue más que una nube pasajera,
un rocío matinal que pronto pasa.

Hoy queremos volver a tus brazos de Padre,
porque sabemos
que Tú nos curarás,
vendarás nuestras heridas
y pronto nos harás resurgir.
Vendrás como una aurora hasta nosotros,
como lluvia temprana que se espera.
Floreceremos entonces como lirios,
tan fuertes como olivos añosos,
con raíces de cedros de Líbano.

Stella caeli…

 

         Me envía el maestro y amigo Aurelio Sagaseta el texto de una antífona mariana, latina y medieval, mezcla de himno religioso dialogado entre el cantor y el pueblo, del primer gregoriano silábico, popular, que se  canta en la catedral de Mendoza (Argentina), y que interpretó él mismo en la reciente festividad de San José, dentro de la misa cantada por la Capilla de Música que dirige, en una catedral de Pamplona semivacía a causa del estado de alarma por la pandemia del corona-virus.

En una breve introducción, Sagaseta recalcó la devoción con que el hombre del medievo, que conocía de cerca la enfermedad y la peste, cantaba y oraba así a la Virgen para librarse de ella. He aqui este bello texto, traducido del latín: Stella caeli…

 

Estrella del clelo,
Tú que amamantaste al Señor,
y extirpaste la peste de la muerte
que fue plantada
por el primer padre de los hombres.
Estrella, dígnate ahora
apaciguar el cielo,
que enojado contra la tierra,
destruye pueblos con la cruel peste de la muerte.
Oh piadosísima Estrella del mar,
libéranos de la peste.
Escúcha nuestras oraciones, oh Señora,
ya que tu Hijo, que no niega nada, te honra.
Sálvanos, Jesus, por quienes ora tu Virgen Madre.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios
para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

 

 

 

Voces que te han cantado (III)

 

(Del libro del mismo título (1970), de Paulina Crusat)

 

George Herbert (1593-1632)

 

                    ¡Ay, mi Señor, mi Amor airado,
                    puesto que me amas, hiéreme!.
                    derriba, mas tiende la mano.
                    Y verás: yo te imitaré.

                    Me quejaré, pero alabando.
                    Con gemidos, te aprobaré;
                    y cada día, dulce y ácido,
                    entre lamentos, te amaré.

El Congreso de laicos

 

             ¿Quién en España ha oído hablar del Congreso de laicos, celebrado en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid el mes pasado, y al que asistieron 2000 congresistas? Su puesta en marcha es ya,de por sí, un éxito. Es la primeras experiencia sinodal en bloque de y para toda la Iglesia española. Los seglares católicos españoles, enviados por sus diócesis, pudieron habar libremente en los grupos de reflexión para poder configurar la ponencia final, que quiere ser la hoja de ruta del apostolado seglar en los próximos años.

Queremos –dice el texto de la Ponencia, de marca claramente bergogliana- ser una Iglesia de puertas abiertas, atenta a los buscadores. Lo que nosotros podemos ofrecerles es estímulo, luz y aliento. (…) Los laicos somos una parte fundamental del Pueblo de Dios, sin separaciones, sin divisiones, sin compartimentos estancos…

«¿Quién dice que este año…?»

 

    Una mano amiga me reenvía unos versos mediocres, pero llenos de buena voluntad y que contienen un bello mensaje y oportuno para tiempos  como éstos. Solo por eso recojo tres estrofas del poema, que recorre varios pasos o advocaciones de la Semana Santa Tradicional relacionándolos con los trabajos y penas de sus devotos en la actual pandemia del corona-virus.

 

¿Quién dice que este año
el Cristo de la Salud no sale,
si está vestido de verde,
de azul o blanco en los hospitales?

¿Quién dice que los nazarenos
no harán su penitencia,
si vienen con sus enfermos
a las puertas de urgencias?

(…)

Una Semana Santa diferente.
Y cuando todo haya pasado,
comprobaremos realmente
que Cristo ha resucitado,
y nos traerá con Él la alegría
de un pueblo recuperado
para bailar como baila la Antigua
y  vivir mejor como hermanos.

 

 

 

Vuelta a lo esencial

 

          Escribo para publicarlas en DN unas reflexiones con ocasión del Corona-virus. No parece que los medios informativos estén para otra cosa ni que a los lectores les interese otro tema distinto de este. Hoy leo en EP un artículo de la presidente del Grupo de Socialistas y Demócratas  en el Parlamento Europeo, la española asturiana Iratxe García Pérez, en el que, haciendo un juicio crítico sobre lo que hace o no hace la Unión, nos dice que esta crisis tremenda puede y debe ser una oportunidad de volver a lo esencial, de glabalizar la solidaridad. Y en el caso de la UE, de volver al sentimiento de `comunidad´. La solidaridad que no fuimos capaces de traducir en acción para resolver la reciente crisis económica, y, poco después, para afrontar los retos de la inmigración o para detener el calentamiento climático.

Estos tres asuntos entran dentro del largo concepto de lo esencial público y, concretamente, europeo. Feliz lema este de volver a lo esencial. Cada uno sabe lo que para él es, personalmente, lo esencial. Y entre todos decidimos lo que es esencial, social y colectivamente.

Un día no lejano, podremos bendecir parcialmente la crisis…, si nos lleva a lo esencial.