Abejas de cera y miel

 

         La miel, ese fruto del aire, ese dulce regalo del tiempo -en boca de los autores clásicos- ha tenido siempre muchos cultivadores en Navarra, y hasta escuelas, sindicatos, asociaciones. Miel de brezo en el norte, de romero y tomillo en el sur; ahora también de mil flores, y la extraforal o mielada.  Y, junto a la miel, la cera, el polen, los propóleos o jalea real.

Cuando moría el amo en algunos pueblos vascófonos, la viuda o algún hijo del difunto golpeaba las colmenas con el revés de la hoja de un cuchillo:

Nausia hil da (El amo ha muerto).

Las solícitas y de por sí discretas abejas comenzaban a zumbar y dicen que decían:

Amén (Mintzatzen omen dira).

Y se ponían frenéticamente a fabricar más cera para las velas de la sepultura, con un obstinado  rumor mágico de violines y arpas ,como en el Scherzo fantástico de Stravinsky.

Si no huían o se morían también.