«Carlistas contra Franco»

 

                       El periodista y doctor en historia Manuel Martorell,  autor de numerosos libros, nuestro especialista en Oriente Medio y los kurdos, lleva años  queriendo hacer a los que no saben o no quieren saber que el carlismo fue durante muchos años, incluso desde el decreto mismo de Unificación un movimiento antifranquista, que se intensificó durante los años sesenta del pasado siglo y se agudizó al final de la dictadura, jugando también un relevante papel para lograr la ansiada unidad de las fuerzas antifranquistas. La fuerza opositora que «Montejurra 76» quiso destruir, reza el subtítulo del libro.

Lo prueba con texto y fotos en capítulos  sobre la primavera del 68, los Franco contra los Borbón Parma, la irrupción de los GAC, Berberana y el Banco Central, la lucha obrera, cívica y vecinal, comités de estudiantes, con la oposición antifranquista, la destrucción de un partido, el tenue resplandor de la primavera y contra la nueva leyenda negra. Esa leyenda negra que ha contaminado también a los prebostes bien pagados de la Memoria-Desmemoria Democrática y el Museo anticarlista -que no nació así- de Estella.

Martorell, un historiador que sabe cómo se escribe la historia, ha visto un montón de archivos, ha releído un montón de periódicos y ha escuchado un montón de testimonios, puestos en fila al final de su libro. Cualquiera que haya vivido en una casa o en un pueblo carlista sabe lo que pasó. Por ejemplo, durante muchos años los gobernadores civiles mantuvieron como alcalde a uno de los poquísimos falangistas (por decir algo, mejor diríamos adictos) que había en mi pueblo frente a la inmensa mayoría de carlistas. ¡Y recuerdo bien a mi tío Nicanor pintando por la noche en las casas de los concejales franquistas, amigos del gobernador, la palabra JUDAS, acción de la que nunca se supo nada pero de la cual todo el mundo sabía todo!

Otra cosa es la interpretación que se dé a tamaño fenómeno, muy complejo en sí mismo, por las varias causas y enmarañadas consecuencias, contradicciones, falsas adherencias y no muy deseadas intromisiones de factores extraños en esos años convulsos.

El libro es claro como un vaso de agua clara. Y llena un hueco difícil de llenar en la ya muy extensa bibliografía sobre el carlismo, si no se conoce, como el autor, las entretelas de un movimiento que fue tan popular como el pueblo mismo.