Una mano amiga me envía un vídeo ecologista recomendándonos que paremos un poco, que nos detengamos unos momentos. Que miremos al cielo sin aviones. Que miremos a nuestro alrededor sin coches. Que miremos cómo hemos puesto el mar. Y la tierra. Y los ríos. Y los lagos, Y las ciudades. Y todo el planeta. Y hasta se nos amenaza, de soslayo, con buena intención, con la sexta extinción de la vida en el planeta. No estamos bien, se nos repite como estribillo.
Me adhiero al vídeo. Y a su propósito pedagógico. Y me paro. Y me detengo. Y miro alrededor. Y a mí mismo. Un poco más de meditación. Y un poco menos de desasosiego, de ruido, de excitación, de egoísmo, de idolatría. ¡Qué saludable pausa, cuando yo tampoco pensaba en otra cosa que en seguir haciendo cosas…!