«El cautivo»

 

                       Veo la película, tan discutida ya, de Amenabar sobre Cervantes, titulada El Cautivo. El cautivo en Argel, se entiende. Sobre las comedias de Cervantes Los tratos de Argel y Los baños de Argel, y sobre novelita inserta en El Quijote, que ocupa una gran extensión de los capítulos 47-52 de la Primera Parte sobre el cautivo y Zoraida, la mora cristiana su acompañante, Amenabar construye una película de nuevas aventuras sobre la vida de los cautivos, sus deseos de liberación en torno siempre a los baños, o prisiones de Argel (en la película, sobre todo, el Alcázar de Sevilla) y soñando siempre en el mar de la liberación (en la película, el castillo de Santa Pola y el Mediterráneo).

Película de gran cabotaje, de buenos actores, especialmente Cervantes (Julio Peña), y lujosa aunque concreta escenificación, excelente fotografía y ritmo adecuado, lo más original es el papel relevante del cautivo Miguel como escritor contador de historias, que se hace pronto protagonista e imprescindible en la colonia de presos cristianos, con una especial relación con los frailes mercedarios, que serán al final sus liberadores del  cautiverio. Protagonismo que le lleva a organizar una fuga colectiva, que está a punto de llevarle  a la horca.

Otro de las originalidades de la película es la atribución homosexual, nota dominante en el director del film, del preso cristiano, que le sirve para ganarse la voluntad del Baja Hasán, gobernador de Argel, episodios que llenan buena parte de la obra. Baste decir que el autor no se basa en fundamento alguno histórico, ni siquiera en la situación normal de la vida sexual en el Argel de aquel tiempo, sino en la propia voluntad del creador complaciente con esa condición humana, vivida militantemente.

La película, excepto en una primera escena violenta de la venta de esclavos, y fuera de alguna otra escena similar posterior, describe en general un clima de tolerancia y afabilidad entre los los presos y sus dueños, que más bien evoca el actual acercamiento sanchista a ciertos países árabes que la verdadera realidad contada por los libro de historia entonces y después.

Zoraida y el cautivo quijotesco sobre un velero en fuga aparecen varias veces como el sueño final de los cautivos, uniendo la obra cervantina con la de su admirador, sui generis, Amenabar,

El abuso de la homoerotización, bien que templada en la expresión cinematográfica, y la falta de suspenso en todo el drama, sabido como es para todo expectador el final de la aventura, pueden restar porciones de emoción a la cinta.