Los Libros Sapienciales –Salmos, Proverbios, Sabiduría, Eclesiástico, Eclesiastés-, que a menudo reflejan el punto de vista de los ambientes acomodados, buscan en otras partes los motivos de la pobreza. La atribuyen a especulaciones aventuradas; a la búsqueda de placeres; a la indolencia, y sobre todo a la pereza. Reflejan así el punto de vista de los que creen en la retribución temporal: para éstos la riqueza es una recompensa de la virtud y la pobreza un castigo en esta vida. Es la falsa idea que vino a combatir el libro de Job.
La otra línea de pensamiento en esos mismos Libros, de la que se hacen eco los profetas mencionados, parte, en cambio, de la experiencia vivida y de los hechos: ricos malvados e impíos oprimen a los pobres, amados de Dios.
Así se inicia la transposición espiritual del vocabulario de la pobreza, por la que a los carentes de tierra se les asimilará a los que buscan a Dios y saldrán ganadores cuando el rey justo se manifieste en todo el esplendor de su justicia, es decir, de su verdad.