Iglesia y sindicalismo

 

   Tengo una muy pobre impresión sobre los líderes sindicales españoles, sobre todo desde que, con el funesto cabecilla asturiano Álvarez -hoy, por desgracia, secretario general de la UGT española-, la UGT catalana fue un dócil y bien recompensado instrumento sindical al servicio del independentismo catalán. Luego se sumó Comisiones Obreras, y ahora las dos centrales (¿españolas?) hasta han apoyado y convocado una huelga y  una manifestación masiva a favor de los líderes independentistas catalanes. Pero todo ello no me ha hecho cambiar mi opinión de siempre en favor de un sindicalismo democrático y no partidista, democrático y fuerte. Por eso me ha alegrado mucho saber, con retraso lamentable, que hace unos meses, tuvo lugar en el Vaticano un encuentro por todo lo alto, y sin precedentes, entre los representantes de la Iglesia y del Sindicalismo internacional: OIT, CSI (Confederación Sindical Internacional), CES (Confederacón Europea de Sindicatos)… Asistieron también, por parte española, la HOAC, el MMTC (Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos) y el obispo responsable de la Pastoral Obrera. La Declaración final, consensuada tras el coloquio, recoge la reflexión de la Iglesia, desde la Populorum progressio hasta la Laudato sí, para reenviar, renovar, y fortalecer nuevos compromisos, en una epopeya por la justicia social y por un trabajo digno, hacia una sociedad que respete la dignidad humana e incluya a los trabajadores más empobrecidos.  La Iglesia -se dice en uno de los párrafos- es aliada de las organizaciones sindicales en la recuperación del valor del trabajo digno y de la centralidad de la persona. Pero más que las palabras, demasiado repetidas, importa el encuentro. Carlos Accaputo, responsable de la Pastoral Social de Buenos Aires, fue el alma de la iniciativa, quien calificó, emocionadísimo, el encuentro como fruto del amor a los pobres y de su compromiso con ellos.