Una apuesta táctica

En unos recientes encuentros de la Fundación Buesa, el intelectual Joseba Arregi, ex consejero del Gobierno peneuvista de Ardanza, advertía con razón que el mundo batasunero –radical, decía él- sigue imponiéndonos su lenguaje y poponiéndonos argumentos, cuya melodía bailamos los demás. Y nos sugería precaución y cautela ante la cacareada reflexión en el mundo etarra, posiblemente una apuesta táctica por su necesidad imperiosa y su ansia por llegar a las instituciones. Se basaba en que la izquierda abertzale no está dispuesta a condenar la historia de terror de ETA y da por buenos todos sus asesinatos. Pero yo quiero recordarle a mi admirado Arregi que, siguiendo el mal ejemplo de todos los partidos españoles históricos tras la República y la guerra civil, tampoco otros partidos escindidos de ETA y de Batasuna han condenado su anterior historia de terror y han dado por buenos, o no por malos, sus asesinatos. Ahí está  el partido legal Aralar, cuyo presidente acaba de decir que los etarras no son mercenarios, sino luchadores que pelean por sus ideas, y está dispuesto a negociar con Batasuna alianzas futuras. Nunca condenó Aralar su historia anterior ni se arrepintió de nada; simplemente creyó que la lucha armada no era ya políticamente eficaz y ha seguido llamando presos políticos a los presos etarras. El Estado que nos rige y sus partidos políticos que lo sostienen no tienen una dimensión ética mayor ni más exigente.