Releo, dentro de un estudio sobre el ateísmo en la literatura española, el Diario íntimo de Miguel de Unamuno, el libro más cristiano que escribió, tras su crisis religiosa de 1897, y tal vez el menos conocido. Imposible parece -escribe en el cuaderno 3- que haya gentes que vivan tranquilamente creyendo que vuelve su personal conciencia a la nada. Después de todo es poco pura esta preocupación mía por mi propio fin y destino. Es tal vez una forma aguda de egotismo. En vez de buscarme en Dios busco a Dios en mí. Ya no volveré a gozar de alegría, lo preveo. Me queda la tristeza por lote mientras viva. He vivido soñando en dejar un nombre, viviré en adelante obsesionado en salvar mi alma. Y en el cuaderno 4 leemos: Perdí mi fe «pensando en los dogmas», en los misterios en cuanto dogmas; la recobro «meditando en los misterios», en los dogmas en cuanto misterios.
