Escribe José Rosiñol, expresidente y fundador de Societat Civil Catalana, que, superando el clásico complejo de inferioridad y la actual actuación de sus políticos, España necesita más que un cambio de gobierno, aunque también, una refundación simbólica. No una nueva constitución, sino una nueva conciencia. Un Renacimiento cívico. Recuperar el orgullo sin caer en la arrogancia. Abrazar la pluralidad sin disolverse en ella. Reivindicar el mérito, el esfuerzo, la responsabilidad. Romper con el victimismo institucionalizado. Dejar de pedir perdón por existir.
La pregunta no es qué es España, sino qué queremos que sea. Pruebas nacionales como las que hemos sufrido estos años nos han mostrado que debajo del ruido hay substancia. Que debajo del Estado hay país. Que debajo de los partidos hay ciudadanos. Que debajo del relato hay verdad.
Y, si somos capaces de mirar ese reflejo con honestidad, nos dice que tal vez aún estemos a tiempo de evitar el incendio. De reconstruir, no desde las cúpulas, sino desde las bases. No desde la ideología, sino desde el sentido común. No desde el poder, sino desde la dignidad. Porque, a pesar de todo, sí: los españoles son una gran pueblo. Justo cuando más lo olvidan quienes deberían recordarlo cada día.