(Mt 27, 62-66)
De entre una colección de tradiciones populares,
pintorescas y, a la vez, muy antijudías
-la muerte de Judas, el sueño de la esposa de Pilato,
los fenómenos fantásticos tras la muerte de Cristo…-,
redactó Mateo con finés polémicos y también escatológicos
unas líneas sobre la custodia del sepulcro del Señor:
los Sumos Sacerdotes y algunos fariseos
habrían pedido a Pilato una guardia romana
para impedir que los discípulos de aquel embaucador ,
que prometió resucitar a los tres días,
robaran el cadáver del Maestro
y dieran por buen su resurrección,
siendo la impostura peor que la primera.
Pilato habría aceptado la propuesta
y el sepulcro habría sido sellado y vigilado.
Tras la resurrección, los soldados habrían sido sobornados
por las mismas autoridades con abundante plata
por decir que el cadáver lo habrían robado los discípulos,
mientras dormían.
Y este bulo habría corrido entre el pueblo judío
hasta los días del evangelista, en los años ochenta.