Lo leo en la última entrega de la escritora Begoña Pro de Uriarte, Johana Martínez de Peralta, la heredera de Pierres el Joven, dentro de la interesantísima serie Linajes del Reino, publicada en DN.
Troilos Carrillo de Acuña era hijo de un amor juvenil de Alonso Carrillo de Acuña, obispo de Sigüenza y arzobispo-cardenal de Toledo. Conde de Agosta (Sicilia) y, tras su matrimonio, conde de Santisteban de Lerín, casó en 1467 con la primogénita y heredera de Pierres de Peralta el Joven, Johana de Peralta y Brabante, de los Borgoña-Brabante y sobrina nieta de Juan sin Miedo. Muy vinculado a Fernando el Católico y a Isabel la Católica, fue valiente soldado del rey Juan II de Aragón y consorte de Navarra en batallas varias. El matrimonio vivió mucho tiempo en Castilla, y en Navarra tenían su residencia en el castillo de Marcilla. En esa villa navarra nació, c. 1476, su hijo Alonso Carrillo y Peralta, a quien por herencia materna le correspondía el liderazgo del bando agramontés. Formó parte del Consejo de los reyes navarros Catalina de Foix y Juan de Albret, como consejero noble, fiel y bien amado. Llevó el título de Condestable de Navarra entre 1497 y 1501, y entre 1507 y 1513. Pero, inmediatamente tras la conquista, no le hizo ascos al nombramiento por Fernando, el amigo de su padre, nada menos que de mariscal de Navarra, tras destituir al rebelde Pedro de Navarra, ni a la confirmación por el rey de Aragón como líder de los agramonteses navarros, o a la titulación como marqués de Falces, amén de una pingüe pensión y un asiento en Cortes.
Bastaba para comprobar la complejidad de la división entre agramonteses y beamonteses, su debilidad y hasta su transversalidad el caso del hijo del leal mariscal don Pedro, Pedro de Navarra y de la Cueva (los Alburquerque) (1499-1551), VII mariscal de Navarra, que en 1524 se acogió, como otros muchos, a la amnistía de Carlos I, recuperó títulos y posesiones y hasta la mariscalía navarra, y sirvió al emperador como gobernador de Toledo, Córdoba, Sevilla y Galicia. O el caso de los hermanos de Francisco de Javier. Pero el caso del bisnieto de Pierres de Peralta el Viejo, y nieto de Pierres de Peralta el Joven, Alonso Carrillo y Peralta, es mucho más revelador, pues se trata de un cabecilla en primera fila, de doble obediencia y doble lealtad en plena lucha banderiza, que arruinó económica y moralmente a Navarra, mucho antes de la conquista.
Los mejores estudios hasta ahora llevados a cabo ya nos enseñaron lo artificial e inconstante de aquella división, de pueblo contra pueblo y ciudad contra ciudad, siempre al albur de la voluntad interesada del cabecilla o señor feudal, sin que el pueblo tuviera arte ni parte en cada una de sus, tantas veces, actuaciones irregulares y, siempre, interesadas.
No, no se puso a a votación ninguna promesa de fidelidad, tampoco ninguna felonía. ¡Y no existen estadísticas rigurosas de la opinión libre de aquellos navarros contemporáneos!
Por otra parte, Fernando el Católico no era, por lo visto, un monarca extraño ni desconocido en Navarra. Ni Navarra era una tierra fronteriza de Francia, sin ningún vínculo con el resto de las tierras de Hispania…