Tontos electorales

 

           Las listas electorales que tengo ante los ojos son digamos que mediocres, como mediocre es la sociedad de la que salen. No hagamos, pues, muchos aspavientos. Va a a comenzar la campaña electoral y yo me apresto de nuevo a pasar por alto toda ella en cualquier medio que aparezca, dada su falsedad, su demagogia, su frivolidad, su agresividad, su falta de humor y por tanto de autocrítica, su bajeza. Oyendo y viendo, cuando no puedo menos, todos estos días de precampaña, las majaderías y necedades de muchos candidatos -qué viejo me pareció ayer en la TV navarra el candidato de Bildu, Adolfo Araiz-, me avergüenzo de que un día pude ser uno de ellos, diciendo, más o menos, las mismas sandeces. Este es uno de los motivos de mi apartamiento. No quiero ser más humilde, si tengo que sufrir para ello tamaña humillación. En la famosa clasificación de Leonardo Castellani, tonto simple es el tonto que sabe que lo es. Necio, el tonto que no se sabe tal. Fatuo, el que  tampoco se sabe tonto, pero quiere hacerse el listo. E insensato, aquél tonto que, sin saberse tonto, quiere gobernar a otros. Añado yo el tonto de remate o tonto de capirote, que sería, alargando la clasificación de Castellani, el insensato, que no sólo quiere gobernarnos, sino que piensa, además, que queremos que nos gobierne. Es decir, en estas circunstancias en las que estamos, el insensato que cree que le vamos a votar.