Novedades Fluvium es un panel semanal de textos y vídeos interesantísimos del papa y sobre el papa, ademas de algunos del prelado del Opus Dei, que prepara el benemérito sacerdote Luis de Moya, de la Universidad de Navarra, casi totalmente imposibilitado por un trágico accidente, que hace años le dejó así: todo un prodigio de voluntad y de coraje. En las últimas entregas no falta alguna reflexión sobe el aborto. Bien sabido es que este un delicado tema, en el que no bastan definiciones morales apodícticas ni tampoco muecas de indiferencia posmodernas. Cada caso es cada caso, como cada persona es única en sus circunstancias concretas. En el último número de Novedades, Fernando Pascual escribe sobre Aborto y Pobreza, y el autor denuncia la falsedad de la ecuación pobreza = aborto, de la que muchos infieren la necesidad de una asistencia sanitaria adecuada para que las mujeres puedan tener abortos seguros y, a la vez, la necesidad de despenalizar o legalizar el aborto en los países que lo consideran como un delito. Basta -escribe el autor- con mirar las tristes estadísticas de aborto en el mundo para reconocer que millones de mujeres de los países más desarrollados eliminan a sus hijos antes de nacer. Y añade que la verdadera causa del aborto no es la situación económica, sino la carencia de amor y de principios éticos, amor y principios éticos que tienen, por contra, millones de mujeres pobres de todo el mundo que hacen lo posible para para proteger y cuidar a sus hijos antes de nacer. Seguramente, pienso, que ambas son causas importantes. De todos modos, es ciertísimo que millones de mujeres con un alto nivel de instrucción, incluso con títulos universitarios, con facilidad de acceso a una excelente atención médica, con dinero suficiente para mirar con seguridad hacia el futuro, abortan. Para las cuales la vida del hijo es vista no como un don, sino como un obstáculo a otros proyectos e intereses, que tampoco, por cierto, hay que menospreciar por principio.- La verdad es que leyes y ayudas internacionales debieran proteger mucho más los embarazos seguros que los abortos seguros. Y que las institiuciones nacionales e internacionales, políticos, intelectuales, profesionales, periodistas, eclesiásticos… debieran dar tanta importancia, al menos, al desarrollo ético como al desarrollo económico, sin desvincularlos nunca de cualquier persona o grupo humano. Si todos tuvieran un poco más de arrojo, de valentía, de sensibilidad a la hora de hablar de la desgracia del aborto -verdadero tabú entre los progresistas de todo el mundo, que lo tienen como un derecho cualquiera-, sería tal vez la manera más eficaz de acabar con la rutina de esa desgracia.