En primer lugar, hay que mostrar una serena satisfacción, porque, aun en las más dificiles circunstancias, ha funcionado bien el Estado de Derecho: el Congreso, los partidos políticos, los derrotados y los vencedores. Con toda la dureza, el mal gusto, la deslealtad, la soberbia, la amargura, la hipocresía, el empecinamiento…,, de unos y otros, que se quiera. No es menor el alivio de muchos de nosotros al no ver ya un Gobierno agónico más que débil, tras todo lo ocurrido y lo que dicen que va a seguir ocurriendo. No es bueno para nadie, desde la Unión Europea hasta los peatones de la vida política y social, tener, en el mejor de los casos, durante dos años más a un Gobierno y al partido de ese Gobierno a las puertas de los juzgados-. Claro que, como ya está dicho y redicho, nos encontramos ante muchos e inéditos esperpentos tras la moción de cesnsura, por si no nos bastasen los anteriores. En el Senado, por ejemplo, cinco de los partidos que votaron a favor del candidato, que tuvo que hacer suyos los Presupuestos recien aprobados del PP, acaban de presentar cinco vetos a los mismos. Y el presidente de la Generalidad, Torra Puigdemont –el Le Pen español, según el flamante presidente Sánchez-, a quien éste le debe el cargo a través de los votos de los independentistas catalanes, acaba de retarle con toda la demagogia separatista en la primera ocasión que ha tenido tras la formación del Gobierno catalán. Y así será día tras día. Pero cada día tiene su afán. Tú lo quisiste /fraile mostén… Y vengan todos los refranes desde Sancho Panza hasta aqui para poner a todos y a cada uno delante de sí mismo.