Fuerte y débil esta Europa nuestra: ese milagro compuesto de 27 países, tan distantes, tan distintos. Lo cierto es que ante la emergencia, Grecia ha tomado medidas extremadamente incisivas, que no eran imaginables hasta hace poco, que transforman la cultura política del país; Alemania, en vísperas de unas importantes elecciones regionales, ha aprobado una procedimiento doloroso, muy impopular, por defender el euro, heredero del marco, y la Comisión Europea ha puesto en práctica un sistema de coordinación y vigilancia sobre los presupuestos nacionales, que varios Gobiernos habían rechazado durante años. Lo que indica la necesidad de un gobierno de la economía. No se puede tener una unión monetaria sin una fuerte unión económica. El mercado único integrado es más necesario que nunca y hacerlo mucho más sólido es una de nuestras urgencias. El llamado socialismo del gasto fácil e indeferenciado se ha terminado y, en el mejor de los casos, se abre la época del socialismo de la austeridad y de la justicia mucho más afinada, dejado, por lo que se ve, aunque con muchas reticencias, en manos de los partidos llamados conservadores. Es la hora de los consensos fundamentales y de una nueva autoridad económico-política, que tenga en cuenta los muchos errores recientes.
