Sigo con mucho interés, en el Ateneo Navarro, una conferencia bien equipada sobre la influencia de Rusia en Eurasia, dentro del ciclo dedicado a los Países emergentes (Brasil, Rusia, India y China). El ponente es don Augusto Soto, experto en asuntos chinos y euroasiáticos, profesor en ESADE. Con la historia de la gran potencia rusa desde el siglo XVIII hasta hoy en ese área como fondo, el profesor Soto subraya el menor poder demográfico, económico, político y cultural de Rusia hoy día, mientras crece la influencia china por la parte oriental y la de la Unión europea por la occidental. A mi pregunta sobre si ve lejana, o al menos probable, la posible adhesión de algunos países ex soviéticos, los más europeos (Ucrania, Moldavia, Armenia, Georgia…) a la UE, Soto, que ha participado en distintos proyectos de la Unión en apoyo a estos y otros países de la antigua URSS, deja de contestarme directamente para señalar por dos veces la no utilidad de esa adhesión, en una Europa ya saturada y poco integrada, y la no conveniencia de molestar más a Rusia. Indirecta alusión a la integración en la OTAN de algunos Estados ex soviéticos o al primitivo proyecto del escudo antimisiles de Bush, que llegaría hasta las mismas fronteras rusas. No le he preguntado directamente sobre Rusia, miembro del Consejo de Europa desde los años noventa, cuestión siempre presente en algunos círculos rusos y europeos, como ha recordado Soto. Bástanle a cada dia sus disgustos, nos dicen sabiamente los Evangelios, lema que vale hoy igualmente para la Unión Europea.
