La cristología occidental del siglo IV se apoyó fundamentalmente en la doctrina del papa Dámaso y amplió el esquema del Logos-Anthropos, básicamente tradicional. San Ambrosio, nacido probablemente en Tréveris, Arles o Lyon, c. 340, hijo de un prefecto romano en las Galias, y gobernador consular de Liguria en tiempos del emperador Valentiniano, fue elegido por el pueblo cristiano obispo de Milán el año 374, cuando todavía no estaba bautizado. Y ejerció su ministerio hasta el año de su muerte (397). Milán era una sede que había sido ocupada por obispos arrianos y era uno de los epicentros del Imperio. Ambrosio, que había recibido una esmerada instrucción en griego y en latín, estudió a los Padres griegos y especialmente a Orígenes, y mantuvo una estrecha relación con los teólogos orientales. Mantuvo su autoridad ante los emperadores afectos al arrianismo y es célebre en la historia de la pintura su pública reprensión al emperador cristiano Teodosio, culpable de una matanza vengativa de soldados, y a quien atendió también en la hora de su muerte.
Escribió obras teológicas y escriturísticas, pero la mayoria de sus escritos, muchas veces recogidos por sus fieles, fueron cartas, homilías, discursos pastorales. Fue también, siguiendo a San Hilario de Potiers, autor de muchos himnos litúrgicos y el introductor de los mismos en la liturgia. Desde el punto de visto cristológico que nos interesa, Ambrosio insistió mucho en la naturaleza del hombre completo. Cristo tuvo un cuerpo con una alma perfecta y un espíritu perfecto. En Ambrosio el alma de Cristo no es sólo una realidad física, sino tambien teológica, y, unida como está a la divinidad, es principio real de su formación, de su progreso y, por tanto, de nuestra redención. La dualidad de Cristo queda patente en sus obras, divinas o humanas (operis distinctione), no en la diversidad de la persona (non varietate personae)., que es única.
Más que de su padre espiritual, Ambrosio, de quien recibió el bautismo, depende Agustín de Hipona (354-430) de su paisano, igualmente converso, Cayo Mario Victorino, o Mario Fabio Victorino, o Victorino Afer (el africano), nacido c. año 300. Gramático, retórico, filósofo, maestro de retórica en Roma, escribió varios libros de su especialidad antes de su convesión, anterior al año 361. El año 362, el edicto del emperador Juliano le obligó a abandonar su profesión. Se ha perdido la mayoría de su obra publicada tras su conversión. Se conservan, en cambio, varios tratados antiarrianos, varios comentarios a epístolas de San Pablo y tres himnos trinitarios. Victorino vio con claridad que el Logos asumió al hombre integral en cuerpo y alma, al logos del alma y al logos de la carne, y con ellos, en una visión cósmica, la totalidad de las almas y de los cuerpos de los hombres, para salvarlos a todos: No sólo asumió al hombre, sino que se hizo hombre, es una de sus expresiones afortunadas.