Me apena leer que, el último jueves, a la salida y entrada de la procesión del Corpus Christi de la catedral y en la catedral de Toledo, y también durante el trayecto, se dieran vivas al ejército, a la guardia civil y a España, y se gritase en contra de ciertas autoridades. La causa parece ser que la banda militar no interpretase el himno nacional, sustituida esta vez por la banda municipal, y que el piquete militar que acompañaba al Sacramento no rindiera honores militares y no llevara fusiles con bayoneta en el uniforme, y sí sólo sables. Días antes, el arzobispo de Toledo, poco sospechoso de heterodoxia religiosa y patriótica, ya había advertido sensatamente que la procesión del Corpus no es el himno nacional.
Cuerpo del Señor,
vivo en el recuerdo
del cuerpo y la sangre
del aquel Nazareno,
por justo y rebelde
clavado al madero.
Símbolo eficaz,
prenda y alimento,
pan de fortaleza
y vino de aliento.
Cuerpo del Señor
en medio del pueblo,
que amó hasta la muerte,
pastor y maestro:
pecadores públicos,
leprosos, posesos,
tristes meretrices,
lisiados y enfermos,
gente del montón,
muchos hombres buenos…
Cuerpo del Señor.
Sobran los excesos,
todos los alardes
costosos y hueros.
Sobran los fusiles
y los fusileros,
músicas marciales
y signos ajenos.
Sobran arrogancias,
faltan miramientos.
Cuerpo del Señor,
vivo y verdadero.
Cuerpo del Señor,
mínimo y discreto.
