Vengo de la presentación del libro, tan necesario, Relatos de plomo, I (1960-1986), encargado por el Gobieno navarro para recoger la historia de las 42 víctimas de ETA en Navarra, coordinado por el buen periodista y amigo Javier Marrodán, y escrito también por varios periodistas y estudiantes de la universidad de Navarra. Ha sido un acto redondo en un salón del Baluarte rebosante de gente. La presentación del coordinador, el conmovedor relato, aplaudidísimo, de tres víctimas de la matanza y de los estragos llevados a cabo por los independentistas terroristas vascos, y hasta la sección musical posterior. Pero me he quedado con la pregunta, que me abrasa los labios del corazòn casi siempre, y que nunca o casi nunca se contesta en publico: ¿Por qué los mató ETA? Y ¿por qué a ellos? Bien están el qué, el cómo, el cuándo y el dónde, pero sin porqué no hay relato verdaderio. La presidente del Gobierno, en su alocución inicial, ha dicho por dos vece que ETA quiso imponernos un régimen totalitario, lo que es una obviedad, pero ese era, en todo caso, un propósito necesario pero adjetivo de su primera y principal finalidad, siendo el segundo ese Gobierno totalitario, formado por ETA, en un Euskadi independiente y euskaldún. Pero no el motivo primero, y, menos, formal de su cruel historia. Entiendo, por otra parte, la buena voluntad de dos padres víctimas que nos han contado el relato que han hecho a sus hijos, al llegar la edad de la discreción, sobre lo que les acaeció a los abuelos: unos malotes, en un caso, y unas personas, que se tomaron la justicia por su mano, en el otro, acabaron con ellos… No sé si eso es lo mejor, ahora, para los niños. Es posible. Con tal de que depués la versión sea mucho más real…- No salimos, pues, de lo politicamente correcto (es decir, cobarde). Por lo visto, fuera de las palabras sagradas (es decir, de madera), democracia, libertad, sistema democrático… no hay más espacio para la verdad. Y esto, entre los mejores, y en los mejores momentos… Si se tratara de Euskadi, Cataluña o cualquier otra causa, no habría tales pudores, tales reservas, tales contenciones. Y esto es precisamente el mayor mal político que aqueja a la España de hoy.