Anteayer el buen Iñaki Gabilondo, el ilustre multicomunicador, se subía, en la sección de EP digital, literalmente a las parras de la ira, y hasta se encampanaba hasta las campanas de la indignación pública, porque, según repetía airado, mientras los independentistas catalanes estaban haciendo todo lo que querían y podían, los defensores de la unidad de España, es decir, de España, los patriotas españoles, no hacíamos absolutamente nada (con acentuación dramática). Y enfatizaba, con un pesimismo de última alarma, que Cataluña se va, se va definitivamente, siendo los jóvenes los más alejados de España, que no es para ellos más que una entidad administrativa, como puede ser la ONU o la OTAN (sic). Yo, sin querer entrar en competencia, pero con la Creu de Sant Jordi en el pecho, que me contiene en el comentario, quiero sólo preguntarle si en estos treinta últimos años, en su radio, en su periodico, en su televisión, se ha pre-ocupado alguna vez por lo que les enseñaban y por lo que aprendían en los centros educativos catalanes esos jóvenes, cuando eran alumnos de guarderías, escuelas infantiles, colegios, institutos y universidades… sobre España, sobre Europa, sobre Cataluña, su historias, sus hombres, sus relaciones… Y si alguna vez ha denunciado y condenado la avasalladora política, exasperadamente nacionalista y antiespañola, tantas veces, de partidos, periódicos, radios, televisiones, grupos, personas en Cataluña, además de denunciar y condenar a troche y moche actitudes y actuaciones de la derecha y la derechona en toda España. ¿Hubiera sido quizás una reacción demasiado españolista, demasiado facha, demasiado fuera de los cánones de la progresía andante? ¿Qué esperaba, pues, el ilustre comunicador? ¿Que todo aquello no diera fruto? ¿Acaso no lo está dando, y bien él lo sabe, en otras partes del Estado? Como diría el castizo: Ahora que lo ves ardiendo / lo quisieras apagar…