Por Milagro. La Dehesa de San Juan (y II)

 

                 Buscando, al salir del Casino, la mejor bajada hacia el Ebro, damos con la casa rural Miralrio, donde Pedro Sánchez fue huésped de Santos Cerdán, el año 2017, antes de mitinear juntos al día siguiente en la vecina Aldeanueva (La Rioja). A poco más de dos kilómetros, por debajo del polígono industrial y yendo hacia donde el Ebro traza un meandro semicircular, encontramos la célebre Dehesa de San Juan, que es mucho más antigua de lo que pensábamos.

Está levantada la valla que da entrada a la Dehesa, propiamente dicha, de 290 hectáreas y nos encontramos de inmediato con cuatro bloques de naves, en torno a las cuales se mueven algunas personas mayores con un algún niño, que pueden ser algunas de las doce personas que trabajan habitualmente en la finca. Luego veremos que en los cuatro bloques se incrustan los 120 boxes o cuadras para los caballos. Resulta que la Dehesa, antes de dehesa fue finca agrícola del monasterio de Iranzu en el término llamado entonces llamado Casanova, que pasó después a la Orden de los Hospitalarios de San Juan, en su encomienda de Villafranca, que contó con sus edificios habitacionales y laborales, así como con su iglesia correspondiente. La Orden del Hospital la poseyó durante 600 años hasta la Desamortización de Mendizabal, cuando, saliendo a subasta como bien nacional, la compró un inversor de Madrid y en 1847 Estanislao Sánchez y Puy, un abogado y ganadero rico de San Feliu de Guixols, que había sido alcalde de su ciudad en tiempos de Fernando VII, y que tras unos disturbios en 1835, cuando fue exclaustrado el monasterio local, se vino a vivir Tudela, donde tenía contactos empresariales. Su hijo Francisco, también abogado, y su nieto José, que siguió la tradición familiar, compraron también tierras colindantes con la dehesa.

Francisco Sánchez Asso Marco Rodrigo fue diputado conservador por Navarra en 1866 y alcalde de Tudela en 1891-1892 y 1899-1901. El nieto, José Sánchez-Marco, integrista, fue diputado por Azpeitia (1905-1907) y por Pamplona (1907-1911); miembro de la Asamblea de Primo de Rivera, y durante la República presidente del partido integrista hasta su unificación con el carlismo jaimista en 1932; cofundador presidente de la Coalición católico-fuerista; presidente de la Junta de Acción Católica; cofundador de la Asociación de Propietarios de Navarra… Él convirtió la dehesa en una colonia agrícola con 30 colonos residentes. De 1929 data la construcción por su amigo Víctor Eusa del palacete enyedrado de la finca, que vemos en las fotos, y que hoy solo podemos vislumbrar desde el portón principal cerrado. Hoy es una Casa Rural muy reconocida en el mundo turístico, en manos todavía de la familia Sánchez-Marco, con muchos hijos y muchos nietos.

No conozco, y tampoco he podido informarme en ninguna fuente, qué final tuvo aquella colonia agrícola del gran terrateniente navarro, sobre todo en Milagro. Lo único que he podido saber es que un famoso cuidador de yeguadas en Inglaterra e Irlanda, Felipe Hinojosa, y un director técnico de la misma especialidad, también en tierras británicas, que se habían hecho antes con el Hipódromo de Madrid, se hicieron después con la finca navarra, comprándola a los sucesores de Sánchez-Marco en 2006 y a otros 70 pequeños copropietarios.

Hoy los nuevos dueños cuidan de 180 caballos de pura raza inglesa, yeguas, potros y sementales, distribuidos en más de 60 prados, separados por empalizadas; con 30 hectáreas de pasto, donde vemos también pastar vacas barcinas y royas; ocho parideras, dos caminadores de caballos y dos picaderos cubiertos. La actual dehesa de Milagro es uno de los mejores surtidores de caballos de carreras no solo para los hipódromos de San Sebastián -donde actualmente se hacen las subastas anuales-, y Madrid, sino para toda Europa.

Qué silencio, qué belleza, qué armonía general, qué exquisito cuidado ecológico, pocas veces visto, Todo lo vamos viendo, poco a poco, asombrados, hasta llegar a pocos metros del río Ebro, separado por una densa fronda arbórea. El único empleado que vemos en acción  en uno de los casalicios laborales, nos anima a recorrer  el singular espacio y nos da algunas cifras del negocio. En la parte occidental de la dehesa vemos una enorme plantación de perales, en flor nívea. Junto a la entrada, vemos a la vuelta un revuelo de parejas jóvenes, tal vez de alguna excursión o, quien sabe, si amigos de los dueños o de los administradores.

Entre el Polígono Industrial El Olivo, la Huerta Solar de Acciona, y la Dehesa de San Juan, nos llevamos una imagen archimoderna  y archinueva del viejo Milagro: mirador sobre el río.