Qué cosa mejor que re-cordar, que re-vivir hoy, en horas de desmemoria, vacilaciones, cobardías y deslealtades, lo que vivieron, y no sólo dijeron, los diferentes padres y autores de nuestra Constitución, a la hora de escribrirla y de presentarla en sociedad. Tenía razón el conservador Fraga, cuando, tras una mirada retrospectiva, estimaba que un día les juzgaría la historia por el acierto o el fracaso en esta materia de la salvaguardia de la unidad nacional y la articulación efectiva de un sistema constructivo de autonomías, para hacer España, no deshacerla. Y el comunista catalán, Solé Tura, al ponderar que España no era una invención ni un artificio histórico, sino una realidad forjada por la historia; y que había que terminar con el eufemismo de designar eso con el nombre de Estado Español: España es una realidad multiforme, pero es una realidad. Y Roca, emocionado de encontrar, desde su nacionalismo, un nuevo sentido de la unidad de España, reconociendo la realidad plurinacional de la nación española, como punto final a viejas querellas internas. Atención: nación española, y no sólo Estado, único nombre que su partido iba a atribuir a España. El socialista Gregorio Peces Barba, que volvía a la vieja expresión de España como nación de naciones, entendía éstas como naciones-comunidades, lejos de pretender, como los independentistas de hoy, que nada cada nación sea un Estasdo independiente. Y, en fin, el mismísimo Arzallus, que anunciaria después la independencia de Euzkadi para el año 2004, hijo, al fin, de carlista guipuzcoano, llegaba decir en las Cortes: No hemos venido aqui a establecer -y que quede bien claro- un trampolín o una plataforma de más fácil secesión. Nosostros traemos aqui una misión muy concreta: limitarnos a reclamar una integración..