Es curioso que el único diputado constituyente que nos queda; quien fuera presidente de la Comisión constitucional, que votó, sin abrir la boca, la segunda versión del Estatuto catalán, ocurrencia de Maragall-Rodríguez Zapatero, luego parcialmente rechazado por el Tribunal Constitucional, se atreva ahora, desde la oposición, a blandir y defender nada menos que el artículo 155 de la Constitución, que sólo algún editorialista de El Mundo se había atrevido a sugerir. Sin llegar a tanto, es de agradecer que nos recuerde, cosa que no lo ha hecho Miguel Roca, que tanto CIU como PNV se pronunciaron entonces contra la autodeterminación, mientras ahora se decantan por la independencia o el Estado libre asociado, respectivamente. Guerra no tiene pelos en la lengua para decir que ambos han roto el cuerpo constituyente, no han respetado el pacto constitucional, ni son leales a lo que defendieron en 1978. Por otra parte, piensa que el Estado autonómico es federal y funciona como federal -no estoy de acuerdo con ello-, y tiene dudas de que una reforma federal satisfaga a los «nacionalistas catalanes». Pero ¿cómo va a satisfacer, si unos se declaran confederalistas y otros independentistas? Les satisface mucho menos que la fórmula actual. De ahí el error de partida de la reforma Rubalcaba, que, tarde o temprano, habrá que revisar seriamente, sobre todo cuando cuando sabemos que son los socialistas catalanes del PSC sus mayores impulsores, cuyo portavoz, Jaume Collboni, acaba de declarar que ellos no van a participar en las celebraciones de la Consitución en Cataluña, porque no quieren agitar las bajas pasiones.