Bajo el ajedrez gris-oscuro de un cielo clásico, saltan levemente las lomas y las colinas de Basaburua Mayor, mientras pastan, silenciosa y obstinadamente, las yeguas y las vacas.
Estampa antañona, casi protohistórica, si no fuera por ese caserío, esa borda, y esas cuadrículas valladas del prado.
Si uno ha aprendido a callar por fuera y por dentro, oye pronto las bucólicas esquilas de un silencio verde y tradicional.
Y una música parecida a la del recitativo del oratorio de Haydn, La Creación, el día sexto:
Die Triften deckt, als wie gesät,
das wollenreiche, sanfte Schaf.
(Cubren los pastos, como sembradas,
las lanudas y mansas ovejas)