Los vencejos

 

                     Ahora que comienzo otra novela de Fernando Aramburu, veo que dejé de decir que… ya terminé Los vencejos. Cada día leía un capítulo y llegué a pensar que eran infinitos. Comencé a cansarme, pasados ya las morbos eróticos, de las tardes del protagonista y su perra. entretenido con su amigo del alma, Patachula, y con la ex amiga y su perro. Por fin, no se suicidó a pesar de haber planeado media vida para eso.

Es una  bien escrita novela de costumbres, en forma del diario un profesor escéptico, incrédulo, odiador del género humano, comenzando por sus padres, su mujer, sus suegros, su hijo, su hermano, sus colegas del Instituto…, y terminando, parcialmente, por sí mismo. A veces se las da de ilustrado y nos regala una serie de consejos u ocurrencias de lujo. Además, repartió todos sus libros por diferentes lugares de Madrid y tal vez tengamos alguno de ellos.

Con 200 páginas menos, la novela se leería mucho mejor.

Antipunitivismo

 

         Lo curioso está siendo que todo el mundo está hablando del proyecto de ley sobre Solo sí es sí, pero nadie habla del contenido, y, menos, del motivo último de la redacción  actual del mismo. En cambio, en el artículo que yo citaba ayer de Juan Luis Cebrián, la cosa queda clara: fue el antipunitivismo el que inspiró y guió a redactoros, redactoras y redactores del proyecto en cuestión. No iban a ser ellos, ellas y elles los nuevos inquisidoros, las nuevas inquisidoras, les nueves inquisodores de siempre, etc. No querían pasar a la historia como severos castigadores de delitos sexuales, a pesar de que las mujeres pudieran ser las primeras y más numerosas víctimas. Al fin y al cabo, alguien recordaría aquel viejo apotegma libertino de que los pecados de la carne no son pecado, y el nuevo más ilustrado de que una severa justicia penal es una justicia de pena. Todo muy dentro de una ética líquida entre anárquico-liberal y progresista de izquierda.

Pues ahí tenemos el resultado. Aunque no nos atrevamos a explicarlo.

Pedro Sánchez, visto por intelectuales «de izquierda»

 

            Tal vez el testimonio más crítico para con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y su Gobierno de coalición sea el manifiesto, prólogo de la manifestación del 21 de enero de este año en Madrid, firmado por muchos políticos y hombres públicos, independientes y de varios partidos, muchos de ellos miembros o ex miembros del PSOE, incluidos algunos ex ministros, así como por intelectuales de izquierda, como Azúa, Ovejero, Savater, Trapiello, Delkáder, Cebrián, César Antonio Molina, Varela, Auger, Sosa Wagner…

Otro intelectual de solvencia, aunque en zona más templada, una de las columnas de El Confidencial, como José Antonio Zarzalejos estampaba anteayer un calificativo aplicado al presidente, que se repite estos días con mucha frecuencia: el más narcisista e irresponsable de los presidentes de la Democracia.

Sólo hace cinco días, Juan Luis Cebrián, icono del diario gubernamental, que ha venido apoyando durante décadas a los Gobiernos socialistas, en un artículo de opinión, publicado en ese mismo diario, arremetía contra la responsabilidad y el empecinamiento de Sánchez en sostener la ley del Solo sí es sí, y le llamaba indirecta y mordazmente: petulante, desvergonzado  y  narcisista.

Pero el trabajo más razonado que conozco llega de aquel diputado socialista andaluz desde 1977 a 1993, ya entonces intelectual de pro, catedrático de filosofía y académico, Ramón Vargas Machuca, que en una entrevista que le hace El Confidencial del día 12 de este mes, repasa los errores de la socialdemocracia española y europea tras la caída del Muro de Berlín, y lamenta fuertemente las elecciones primarias, que él mismo alentó y aconsejó, y que llevan, según su amarga experiencia, al personalismo y al auge de la mercadotecnia. Fruto de tal error ve a Zapatero y sobre todo a Sánchez, prototipo de cesarismo, caudillismo, decisionismo y personalismo, caudillo de un partido errático, que ha sustituido los principios por los brujos demoscópicos.  General es su enmienda a la política del Gobierno actual, que ha llegado hasta romper las costuras del Estado de Derecho.

A su juicio, hace tiempo que debió haber surgido dentro del partido un decidido  ¡Basta ya!, que frenara esta decadencia y mutación que lo hacen irreconocible.

Jesús de Nazaret y el divorcio

 

                    La preparación del último poema dominical me ha hecho conocer mejor los lugares del Nuevo Testamento donde se habla de Jesús y su condena del divorcio. El matrimonio entre los judíos y entre los pueblos del Próximo Oriente, frecuentemente polígamos, era una institución privada, y apenas hay textos que se refieran a él. En el capítulo 24 del Deuteronomio se habla del acta de divorcio escrito por el varón que toma una mujer que no halla gracia a sus ojos, porque descubre en  ella algo que le desgrada; después de despedirla, no podrá volver a tomarla, si se casa con otro varón y este muere o la repudia. El divorcio, en manos del varón, y solo de este, siguió siendo costumbre arraigada en la Palestina de Jesús. Ni Filón ni Josefo muestran reparo alguno en ello. De la secta de los esenios no tenemos certezas sobre este punto: solo sabemos que condenaron la poliginia.

Los testimonios sobre la relación de Jesús con el divorcio son varios. En la I carta a los corintios (años 55-56 d. C.), el apóstol Pablo de Tarso ordena, no él, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido –el Derecho romano permitía el divorcio a la mujer- y, en caso de separarse, que no vuelva a  casarse o que se reconcilie con su marido, y que el marido no se divorcie de su mujer. En el libro de dichos de Jesús, llamado Quelle (en alemán, la fuente), años 50-70, de la que beben Mateo y Lucas en sus respectivos textos, la postura de Jesús es clara y tajante: Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio, y todo el que se casa con un repudiada comete adulterio. El evangelista Marcos, que escribe para los gentiles hacia los años 70, construye una imaginada disputa -pero con fondo probablemente histórico- con un grupo de fariseos, que  preguntan a Jesús por la licitud del divorcio. El Maestro, saltándose la concesión de Moisés en Deuteronomio 24, por la dureza de corazón de su pueblo, se remonta y remite al libro del Génesis y a la una sola carne del varón y la mujer, creados por Dios, a lo que añade el famoso aforismo: Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre. Y luego en casa, repite a sus discípulos la misma doctrina sobre el repudio, aplicable esta vez a marido y mujer, puesto que el evangelio está destinado a ciudadanos romanos.

Si la enseñanza de Jesús sobre el divorcio fue casi escandalosa y dejó desconcertados a los mismos discípulos, no menos lo fue para los primeros convertidos del paganismo al cristianismo. Y lo cierto es que ya Pablo, en su carta citada considera lícitos, con su sola autoridad, el divorcio y la  separación de dos casados, uno cristiano y el otro no, cuando éste último quiere separarse (privilegio paulino). También. en la segunda generación tras la muerte de Jesús, el evangelista Mateo, que escribe hacia el año 85 d. C., incluye en sus textos la famosa cláusula de excepción: la fornicación (o adulterio)  como motivo legítimo de repudio del cónyuge culpable. Siglos más tarde, para dar salida a casos complejos como la poligamia o la distancia imposible entre esclavos, la Iglesia los resolvió con cierta laxitud (privilegio petrino), por no hablar de las diferentes causas de anulación del vínculo añadidas a la excepción del evangelista Mateo.

¿Cuál pudo ser el origen de una doctrina tan opuesta a la Ley, como la de Jesús ante el divorcio y los juramentos, y tan difícil de asumir, especialmente el primer extremo, por la humanidad en todos los tiempos? Los exégetas hodiernos aluden (véanse los últimos versos de mi reciente poema dominical) a la moral escatológica, a la vida haláquica (tradición judía) que Jesús, el nuevo Elías de los últimos tiempos, exige a los suyos en la nueva experiencia del Reino.

 

¿No a la guerra de Ucrania?

 

Es cierto que la Gala de los Goya ha sido una de las más templadas de los últimos tiempos, aunque, celebrada en Sevilla, nadie citó al presidente de la Junta de Andalucía, que asistió, junto a otros muchos políticos, como no podía ser menos.

Pero me extrañó sobre manera, que a los 20 años de aquella excesiva celebración de 2003, que fue casi un mitin de  ¡No a la guerra! (a la guerra de Aznar, que no envió al frente un solo hombre), no hubiera habido  esta vez una sola mención a la guerra, mejor, a la invasión de Ucrania por la Rusia de Putin.

¿Tan insensibles nos hemos hecho en tan poco tiempo, siendo además una guerra mucho más cercana, una guerra europea, que tanta incidencia tiene en nuestras vidas? ¿En el cine no? ¿En las gentes del cine tampoco?

 

VI Domingo ordinario

 

Jesús y la Ley judía

(Mt 5, 17-37; 19, 1-9; Lc 12, 58-59; 16. 17-18; Mc 10, 1-12; 11, 25; I Co 7, 10-16)

 

Los primeros cristianos seleccionaron,
reformularon y, probablemente, eliminaron
dichos de Jesús sobre la Ley:
la norma, la  instrucción, la revelación de Dios a su pueblo.
Los cuatro evangelistas interpretan, según sus Iglesias,
las palabras de Jesús en cada uno de los casos
y escriben así sus catecismos.

Mateo no sienta aquí ninguna tesis ni cita el programa moral de Jesús,
y solo pone unos ejemplos. Pero ante todo
presenta al Maestro como fiel cumplidor de la Ley y los Profetas.
El no ha venido a abolir la Ley de Moisés, sino a darle cumplimiento,
a darle una forma nueva, permanente, y llevarla a plenitud.
No basta la letra, el rito, la costumbre,
sino el espíritu,
la raíz,
su primordial impulso,
su fin esencial.
Y Mateo contrapone la nueva justicia de Jesús
a la vieja tradición de escribas y fariseos.

No basta, por ejemplo, condenar el homicidio.
Reos también de tribunales son los que insultan, maltratan
y desprecian a sus prójimos. Y es inútil
toda ofrenda ante el altar, si se ha ofendido al hermano.

No basta condenar el adulterio.
Ya lo es desear la mujer del vecino. Y mejor fuera
 sacarse un ojo y cortarse una mano,
si el ojo y la mano nos llevan al vicio.

No basta tampoco repudiar a la mujer y darle el acta de divorcio.
Porque todo aquel que repudia a su mujer y se casa con otra
comete adulterio: la hace ser adúltera. 
Y todo aquel que se casa con un repudiada
comete igual adulterio.

Ni basta con no perjurar.
Porque no hay que jurar de ningún modo:
ni por la  tierra ni por el cielo,
ni siquiera por uno mismo.

Bastan el y el no, para no comprometer
la autoridad divina.

***

A la inmensa mayoría de judíos que oían a Jesús
el rechazo total del divorcio y de cualquier juramento
les parecía absurdo y del todo irrealizable.
No era la voz de un celoso  fariseo
ni la de un escriba versado en la Torá.
Era solo un un profeta carismático ambulante,
sedicente enviado por Dios al final de los tiempos.

Antes de que llegue el día de Yahvé, grande y terrible 
-rugía el profeta Malaquías-,
enviará Dios a Elías el profeta
para reconciliar los padres con los hijos y los hijos con los padres,
sin castigar la tierra con la destrucción definitiva.

Jesús era ese profeta,
exigente Maestro de la Ley,
de la moral definitiva,
y de la vida plena,
propia del reino de Dios en el tiempo final.

Últimos aforismos

 

Todas las personas que cuentan son contables, en la doble acepción de la palabra: también ellos pueden ser contados.

 

Una política en permanente estado electoral destruye la posibilidad de consensos entre los partidos en liza y propicia la confrontación entre los mismos, lo que da como resultado una agria polarización de la vida política.

 

Sin lavadoras, microondas y píldora anticonceptiva, ¿qué hubiera sido del feminismo en el siglo XX? Feminismo: tecnología + movimiento social.

Soros y otras hierbas

 

 

           Sostenedor de muchas causas privativas del izquierdismo internacional, el magnate húngaro-norteamericano donó millones de dólares a iniciativas de despenalización de drogas blandas en muchos Estados federados. La opinión de Soros en 2009 era que la marihuana es menos adictiva pero no apropiada para niños y estudiantes. Fue también financista de la Drug Policy Alliance, una organización que promueve la legalización del cannabis, con una cifra aproximada de 5 millones de dólares anuales  por parte de una de sus Fundaciones.

El  Proyecto sobre la muerte en América (1994-2003) fue otro de los proyectos de la Open Society Institute, de Soros, que buscaba comprender y transformar la cultura y la experiencia de la muerte y el duelo. En 1994  confesó haber ayudado a su madre, miembro de una organización de defensa del derecho a morir, a suicidarse, y en el mismo relato respaldó la ley de Muerte con dignidad del Estado de Oregón, financiando su publicidad.

Los críticos de Soros le atribuyen una ingente cantidad de dólares en proyectos a favor de la eutanasia y el aborto en muchos países del mundo, especialmente en África y América del Sur.

Recientemente, en las redes sociales el mismo Soros hizo suya la declaración de su Fundación lamentando el fallo del Tribunal Supremo de USA, que dejó sin efecto el Roe v. Wade, al que calificó como un asalto contra las mujeres y la democracia global. En el mismo texto se celebra la reciente legislación despenalizadora de Argentina, Colombia y Méjico, y se dicen cosas como estas: Open Society está apoyando a organizaciones que defienden los derechos reproductivos, que están luchando en estos momentos. en una lucha sin precedentes en las comunidades a las que sirven. Ahora más que nunca debemos estar con ellas para rechazar intentos fuertes que busquen negar y quitar derechos establecidos hace mucho tiempo.

La misma Fundación reconoció haber invertido más de 128 millones de dólares para financiar iniciativas en el campo de la salud y los derechos humanos.

 

 

 

Soros y Ucrania

 

            Para el estudio de un libro en un punto muy concreto, donde se cita al multimillonario, financiero y filántropo George Soros, nacido en Hungría y nacionalizado en USA, uno de los hombres más controvertido del mundo, ando mirando citas, referencias, críticas, estudios, libros sobre el personaje, siempre citado en cualquier teoría de la conspiración. Entre miles y miles de páginas dedicadas al fundador de la Universidad Centroeuropea, con sede en Budapest y ahora en Viena, doctor honoris causa por la Universidad de Oxford y de Yale, entre otras, leo que el hombre más perseguido en su propia patria por el Gobierno de Viktor Orban, fue uno de los pocos hombres públicos que previó lo que, después de unos pocos años, iba a suceder en Ucrania.

Ya en marzo de 2014 reclamaba a la Unión Europea un Plan Marshall para Ucrania y en enero de 2015 lo concretaba en 50.000 millones para el rescate de ese país. En julio de ese mismo año declaró que la anexión de Crimea a la Rusia  de Putin era un desafío al orden mundial imperante y específicamente a la Unión Europea, precipitando un colapso financiero y político en el país invadido. En noviembre siguiente, Rusia prohibió las Open Society Foundations y el Open Society Institut, que Soros había fundado en la Federación Rusa a favor de la democracia, porque amenazaban los cimientos del sistema constitucional ruso. Estallada la guerra, la Fundación Soros, implantada en 60 países del mundo, anunció la creación de un fondo especial para recaudar fondos al servicio del Gobierno de Kiev. En mayo del año pasado se hicieron famosas sus palabras en el Foro Económico Mundial de Davos sobre la invasión de Ucrania por Putin, que puede haber sido el comienzo de la Tercera Guerra Mundial, y cuando añadió que derrotar a Putin es la mejor y quizás la única forma de preservar nuestra civilización.

Durante estos últimos meses Soros ha sido, por varias vías, uno de los donantes más generosos a favor del pueblo ucranio.

Raspados en cultura

 

       Concretamente en cultura del encuentro. Raspados nos juzga a los españoles el Informe España 2922, elaborado por la Cátedra Martín Patino de la Cultura del Encuentro, en la Universidad Pontificia de Comillas, según la última encuesta bianual, a la que se añaden algunos datos secundarios tomados de fuentes nacionales e internacionales.

La nota más baja la obtenemos a la hora de las prácticas: conductas solidarias, vínculos sociales, aceptación de la diversidad, compromiso con lo público, consumo responsable,  movilidad y honestidad. Donde peor nos va en variables como honradez (4´26); desarrollo sostenible (3´77); pobreza (2´67); compromiso con lo público (2´41) y conductas solidarias  (0´91). Y solo un sobresaliente en  relaciones intergeneracionales (9´03).

La variable que más incide en una cultura del encuentro es el nivel educativo, siempre pobre entre nosotros. La mayor diferencia no se da entre niveles de edad o entre población española y migrante, punto en el que estamos muy por encima de la media europea, sino en una realidad de género, ya que las mujeres generan mucha más cultura que los varones. Y, mientras las personas mayores suspenden en todo lo relacionado con la sostenibilidad y el reconocimiento de la diversidad, los jóvenes les llevan ventaja en esas dos dimensiones. Pero de poco sirve tal reconocimiento, si al mismo tiempo pervive la exclusión social en la sociedad.