Ocurrencias electorales (VI)

 

       ¿Pretendió Ciudadanos, en su primera etapa socialdemócrata, sustituir al Partido de los Socialistas Catalanes (PSC-PSC/PSOE)? No me extrañaría, dada la inconsistencia y la deslealtad  a las más elementales premisas de constitucionalidad y de hispanidad de tal partido. Lo cierto es que, una vez reconvertido en partido liberal, Ciudadanos ha querido no sólo constituir un partido bisagra o menor, a la manera de algunos partidos liberales europeos, sino sustituir al partido conservador (en parte liberal-conservador, en el espíritu de Cánovas) que es en toda España el Partido Popular. En parte lo ha conseguido, con el traspaso de miilones de votos desde el PP, urgiéndole y apretándole sobre todo desde una mayor claridad y hasta extremosidad en la llamada política territorial (es decir, política autonómica), y, al mismo tiempo, política nacional, así como en en el ámbito de la moral individual y comunitaria.

A ese fin ha dedicado toda su fuerza y entusiasmo. Y de ahí su vigor y su pertinacia en la oposición al Partido Socialista Obrero Español, queriendo ahora incluso dirigir la oposición al poder socialista, aun contando con menos diputados que el PP y con mucha menor estructura municipal y regional que el mismo, al menos hasta ahora, en todo el País. Creyendo haber superado la contienda con el partido de Casado, hoy en horas muy bajas, lo que ahora intenta es iniciar la contienda mano a mano con el PSOE para poder superarlo un día y alcanzar el poder en toda España y conseguir así la remodelación del mapa constitucional español.

Siendo este su objetivo más que manifiesto, Ciudadanos parece haber olvidado aquel su propósito, tantas veces coreado, de impedir a toda costa que lo partidos nacionalistas/independentistas, y no sólo catalanes, condicionasen y hasta determinasen el Gobierno de la Nación.   En estos dos últimos años no tuvo capacidad de hacerlo, a menos de compartir poder con PODEMOS. Y ahora que podría, después de todo lo dicho antes, se siente atado de pies y  manos, por sus repetidas declaraciones, para llevarlo a cabo.

¿No hubiera podido el partido de Albert Rivera crecer y robustecerse por ambos lados dejando abierta la posibilidad de cogobernar con el PSOE, o al menos de apoyarlo desde fuera, cerrando toda posibilidad de influencia a los partidos sepàratistas, en vez de crecer y robustecerse sólo a costa del PP? ¿Hubiera sido eso compatible con su Gobierno de coalición con el PP en Andalucía y el pacto electoral en Navarra? Su política en la Comunidad Foral podía  tener sentido por la misma razón de la colaboración con el Gobierno nacional, aunque más difícil de explicar fuera el co-gobierno en Andalucía.

Pero cualquier contradicción entre el co-gobierno de las Comunidades Autónomas y una relación abierta con el Gobierno socialista de España, debiera considerarse menor, al subordinarse las peripecias comunes de poderes locales al interés supremo de la Nación.