Ocurrencias electorales (II)

 

     Del ¡Váyase, Sr. González! de Aznar, pasamos a echar (del Gobierno) al mismo Aznar, y después a R. Zapatero, a Rajoy, y ahora a Sánchez. ¡Echar! Se echa una cáscara, la basura, un trapo, una piedra, un papel… En fin, un objeto. Se echa, se arroja, se tira. Pero no a una persona. En el mejor de los casos, sacarle de la Moncloa. Sacar es también verbo de objetos: se saca una silla, unos zapatos, un paquete. O el agua de los bajos, cuando hay una inundación. Pero no a las personas, a no ser en términos amables y cariñosos: sacar a una persona enferma o débil de paseo… Pero lo que nos suena y nos gusta más es sacar a una persona a trompicones o a palos.

Pues éstos fueron los dos verbos más utilizados de los adversarios/enemigos de Rajoy y éstos son los verbos más empleados  por los adversarios/enemigos de Sánchez. A todas horas. En todos los lugares. Lo que prueba la degradación de nuestra vida política, reducida a echar y sacar a unos y meter (aunque esto no se diga) a los contrarios. La degradación por lo tanto del vocabulario, que no sólo acompaña o expresa, sino que crea la realidad. La degradación de la cultura política. La degradación de la mentalidad, del pensamiento, de la visión del mundo.