¿Nihilismo yihadista?

 

        En su libro Dostoïevski à Manhatan (2002), el recientemente fallecido André Glucksmann, filósofo francés y escritor abundante y exitoso, antiguo maoísta y desde 1975 látigo del comunismo y de cualquier totalitarismo, comparaba a los terroristas yihadistas con los terroristas rusos, descritos por el genial novelista, y les arrancaba cualquier máscara de religiosidad y de islamismo. Eran pura y llanamente nihilistas, no tenían ninguna fe  en el hombre y menos ningún amor, y sólo les movía la envidia, el odio y la venganza. En cualquiera caso, sea cierto o no su islamismo fanático, o su nihilismo extremo, la realidad de su envidia, su odio y su venganza son evidentes, como evidentes son sus horrendos crímenes, ahora en París, como antes en Londres, Bali, Madrid o Nueva York. A la Europa democrática le toca volver a aprender la amarga y terrible lección, y defenderse por todos los medios democráticos posibles, entre los que no están ni la ambigüedad falsamente progresista (que suele ser carencia de valores humanos y exceso de egoísmo y de cobardía), ni la culpable, por cómplice, tolerancia postmoderna.