¿Maltrato en el Pretorio?

(Mc 15, 16-20a; Mt 27 27-31a; Jn 19, 2-3)

 

Marcos, Mateo y Juan describen el escarnio de Jesús
por los soldados del gobernador romano en el Pretorio,
después o en medio del proceso presidido por Pilato.
Le  vistieron de púrpura,
le pusieron una caña como cetro en las manos
y una corona de espinas  –¿acanthus spinosa?- en la cabeza.
Y, mientras le golpeaban y escupían, arrodillándose ante él,
se burlaban parodiando el saludo romano  ¡Ave, César
con un ¡Salve, rey de los judíos!
Terminado el escarnio,
le pusieron su propia vestimenta.

La burla es verosímil.
Solían ser los soldados romanos, presentes por la Pascua en Jerusalén,
tropas auxiliares del Prefecto de Siria,
muchos de ellos antijudíos.
Puede tratarse aquí de un juego paródico habitual entre soldados,
de un conocido mimo teatral grecorromano,
o de una fiesta cruel, como era la de los Sacios
en torno a un preso, condenado a pena capital,
al cual se le trataba de rey,
para luego escupirle, torturarle y darle muerte.

¿O fue solo una réplica del escarnio judío anterior?
¿O bastó, por parte de los tres evangelistas,
evocar la figura del Siervo de Isaías?
Nosotros lo tuvimos por azotado,
herido de Dios y humillado.
Él ha sido herido por nuestras rebeldías,
molido por nuestras culpas. (…)
Fue oprimido y se humilló
y no abrió la boca.
Como un cordero al degüello era llevado
y como oveja que ante los que la trasquilan está muda…