Los lefebvrianos

Si hemos de ser tolerantes y aun liberales (generosos), como nos pavoneamos de serlo, tenemos que admitir que en una organización inmensa, como es la Iglesia católica, pueda haber extremos, de un género u otro, aunque no ultras, porque ultra significa más allá de toda regla de juego y de decencia. Por mucho que nos disguste y hasta nos avergüence su arcaica doctrina y sobre todo su torpe actitud y actuación, si los lefebvrianos se reconcilian con el resto de la Iglesia, el concilio Vaticano II y el papa, no podemos nosotros ser los ultras en esta ocasión. Ahora bien lo que ha dicho ese obispo lefebvriano, o ya ex lefebvriano, de cuyo nombre no me acuerdo, sobre el holacausto, los nazis y los judíos tiene que ser cuanto antes desautorizado seriamente por alguna alta autoridad de la Santa Sede (no digo sólo el papa). Porque, de lo contrario, ya algunos comienzan a reprochar al Vaticano e incluso al mismo pontífice un cierto relativismo, tantas veces denostado por Benedicto XVI. En este caso, sería tolerar, cuando no aceptar, una barbaridad dicha, sostenida y propagada, para…, o con tal de… Eso es el relativismo.