Los lazos amarillos del separatismo catalán han acabado por acogotar, cuando no ahorcar, judicial y políticamente, a ese payaso, a ese títere, que ocupa indigna e interinamente la presidencia de la Generalitat de Cataluña, de esa Cataluña que tantos amamos tanto, y que esperamos consiga pronto el Gobierno que le corresponde en el siglo XXI.