La gira africana del papa comenzó por Argelia, un país inmenso -cosa y desierto-, antigua colonia francesa, y hasta territorio francés un tiempo, hasta su independencia lograda tras una sangrienta guerra civil entre la misma población franco-argelina. Era la primera vez que lo visitaba un papa.
Sin duda el que fuera patria de San Agustín, fundador de los agustinos, a los que pertenece Robert Prevost, tuvo mucho que ver para elegir el país de la visita, que estuvo toda ella plena de simbolismo en cada una de las etapas. Comenzando por el recibimiento por el rector de la Gran Mezquita de Argel, la más grande y famosa de África tras la del Cairo, donde el pontífice católico resumió la doctrina ecuménica del catolicismo actual, puesta en práctica por todos los papas predecesores.
El mismo espíritu ecuménico se manifestó en el discurso de Prevost ante 5000 personas en el Memorial de los Mártires (por la independencia del país), teniendo como ejes doctrinales la convivencia armoniosa y la dignidad humana.
La ofrenda floral en la basílica de Nuestra Señora de África fue una especie de homenaje a la comunidad católica en Argelia, muy reducida, entre el 0´1 y el 2%, según qué fuentes; entre 17.000 y 100.000 (50.000 protestantes). Si atendemos algunas de ellas, más de 300.000 serían los convertidos del Islam. De todos modos, no es fácil convertirse allí a otra religión que no sea la oficial. Y hasta informarse de ello es difícil. Muy presentes están también los mártires católicos durante la década negra de los noventa, años la guerra civil: el obispo de Orán, los Siete mártires de la Trapa de Tibhirine, y hasta de dos agustinas españolas…, aunque en este viaje, por motivos obvios, no quiso resaltarse todo eso en primer lugar.
Pero la más esperada y simbólica en el viaje fue la estación del papa en Annaba (la antigua Hipona Regia, donde fue obispo San Agustín, nacido en la vecina Tagaste y profesor en Milán). Un papa, agustino además, la visitaba por vez primera. Y allí, sobre la colina donde se asienta la basílica de San Agustín, el papa Prevost plantó un olivo en recuerdo del árbol que plantó el santo en memoria de su padre.