Vamos esta vez desde Vitoria por la autopista de Mondragón, y nos sorprenden y acompañan durante varios tramos del viaje las conflorescencias de las acacias: amarillas vibrantes, amarillas doradas, blancas o cremosas. Desde el barrio de Iguria entramos en la villa junto a los viejos y renovados edificios de LINCE, la Industrial Cerrajera. Atravesamos la población siguiendo la continua señal de Arginetako Nekrolia, y en un periquete nos plantamos en el barrio alto de Zenita, uno de los catorce de Elorrio, y en el pequeño y solitario aparcamiento natural frente a la necrópolis, entre rozagantes prados de siega, y a unos metros de la ermita de San Adrián. Renovada en el siglo XV y varias veces desde entonces, tiene dos cuerpos de altura con un tejaroz medio que cubre un soportal corrido alrededor del edificio, con un pequeño hueco para la campana en el segundo nivel. Está cerrada a estas horas y por un pequeño agujero vemos confusamente el interior, con el bulto del santo en el altar mayor, varias estelas -dicen que 13, y cuatro discoideas- en derredor, y bancos a ambos lados del recinto. En el exterior, junto a la puerta de entrada, al oeste, hay un bonito empedrado de ruejo, del siglo XVII.
Justo a unos metros, al oeste del templo, que lo fue de un pequeño poblado medieval desaparecido, un cercado de lajas verticales guarda 24 sarcófagos (literalmente comederos o comedores de carne), de piedra caliza, caja y cubierta, para personas adultas, y 5 estelas discoideas también del mismo material, extraído de las canteras vizcaínas de Oiz. Parece que algunos de estos sarcófagos y algunas de estas estelas proceden de este cementerio medieval, entre los siglo IX y XI, pero un párroco del siglo XIX, del que no se nos da el nombre, fue recogiendo otros elementos de entre los lugares vecinos. La exposición, algo dañada por el tiempo, es impresionante y los grandes robles -algunos americanos- y grandes hayas que la rodean hacen, si no de cipreses fúnebres, al menos de custodios elegantes. Se conservan tres inscripciones en los sarcófagos, en rudo latín medieval. Uno de los difuntos se llamaba Momus, y murió el año 883, y otra llevaba el nombre de Paterna, sin año consignado.
Yantamos y sesteamos rodeados de margaritas, ranúnculos, tréboles y llantenes en flor, y bajamos a Elorrio central a tomar un café. Uno de los bares del Portal, junto al río, es un buen sitio. Luego recorremos la villa, una de las más hermosas de Vizcaya, con haber tantas. La imponente iglesia de Santa María, los numerosos palacios renacentistas, con sus escudos, portalones, galerías, logias, jardines…; sus comercios cuidados y originalmente anunciados
Pero, a la vez, la villa está sucia de pintadas políticas en piedra, muros caleados, pancartas de todo tipo en cualquier sitio, colgantes en lugares principales, con lemas desde Gora ETA hasta pidiendo la destrucción del Estado de Israel y la OTAN, o llamando a tomar la calle. La palabra borroka (lucha) está por todas partes, y la propaganda de BILDU, dueño del ayuntamiento, también.
La Herriko Plaza, o Plaza del Pueblo, junto al frontón y entre el consistorio, con lemas bíblicos en castellano inscritos en sus nobles muros, y la iglesia parroquial, es esta tarde el centro y sede del pueblo, con miles de personas de las 7.200 que lo habitan., de pie, sentadas en sillas o en el suelo. Es el tercer día de las fiestas populares de abril, y durante tres horas largas vemos reír, aplaudir y pasarlo en grande a todo tipo de público viendo las diferentes danzas de niños y niñas, danzaris profesionales. grupos de jubilados, mujeres de toda edad, mujeres andaluzas vestidas de negro y zapateando, grupo folklórico de Bolivia… Todo música, tradicional y contemporánea. Todo color, todo alegría. Cuando nos vamos, la plaza, la calle del Río y el Portal son una fiesta.
Si de integración se trata, he aquí un ejemplo.