La Cueva de los Hombres Verdes

 

                 Tenía desde hace años ilusión por ver la Cueva llamada de los Hombres Verdes, que, el año 1958, descubrieron los arqueólogos Maluquer, Fernández Medrano y  Banco Caro, y estudió posteriormente el primero de ellos. Fueron 35 esqueletos de seres humanos  -identificados 11 de varones y 4 de mujeres, la mayoría menores de 20 años y algunos menores de 5- los que encontraron en la cripta sepulcral, en que se convirtió con el paso del tiempo una antigua mina de cobre en la época del Bronce, dos mil años antes de Cristo. Los huesos encontrados pertenecen a tipos humanos mediterrráneos, alpinoides y hasta armenoides, no muy diferentes de otros hallados en cuevas de Asturias y Cantabria, lo que ha hecho pensar a ciertos arqueólogos en prospectores de metales llegados de muy lejos de nuestra geografía.

El color verduzco de los restos humanos, que podemos contemplar en el  Museo de Navarra, se debe a las sales de carbonato de cobre en las areniscas y limolitas de la cueva.

Camino de Olejua, su pueblo, me lleva  mi amigo Luis Landa por la carretera que parte desde Urbiola. Cerca del alto de Araneta, entre las peñas Ancha y Urtala, hay en el borde del monte dos piedras pintadas de verde y, apenas visible, un pequeño indicador de madera, con una flecha, que nos indica la dirección de nuestro objetivo No sabía yo que íbamos a subir hoy al monte y no llevo los palos de siempre. Me presta uno Luis, algo es algo, y con él en una mano, agarrándome a veces a mi compañero y de vez en cuando a la rama de algún chaparro, consigo remontar un sendero irregular, muy vertical y cada día más resbaladizo, que afortunadamente no dura demasiado rato. Y entre encinas, algunos pinos sueltos y chaparros abundantes, damos con la cueva de verdad: una covacha en forma de triángulo recto irregular, al fondo de un peñasco sobresaliente, de paredes rojizas, techo con lajas desnudas, con muchos cantos de piedra de varias formas, dispersos por el suelo polvoriento, arrimados a los dos muros, derecha e izquierda, y un agujero pequeño en el fondo occidental de la gruta, por donde se abriría seguramente la galería de la mina y donde se hallaría la posterior cripta sepulcral.

Así de  selvática y bosqueril, en medio del monte bajo encinoso, y en el fondo de un alto peñasco en la cima, aparece la Cueva de los Hombres Verdes. A la intemperie. Tal vez la intemperie y la dificultad de la subida la han salvado.

Mina y cripta sagrada. Si algo significa, ya desde los inicios de nuestro poblamiento, es que somos un «pueblo», una sociedad plural, diversa, multicultural -¡todos estos tópicos posmodernos!- … esta Cueva de los Hombres Verdes.